MAXWELL BODENHEIM


Hermanville, Misisipi (Estados Unidos), 1892-Nueva York, 1954


EL POETA, A SU AMOR

Vieja iglesia de plata en una selva
es mi amor por ti.
Los árboles de en torno
son palabras que me he robado de tu corazón.
Y una antigua campana de plata, que es tu última sonrisa,
cuelga en la cumbre de mi iglesia.
Repica sólo cuando tú vas por la selva
y te paras a su lado.
Y ya no necesita dar repiques,
porque tu voz hace sus veces.

UN ÁRBOL EN LA FALDA DE UNA COLINA

Como santo soñoliento, enmohecido de lluvia,
te retobas, y tu voz,
en la que el viento no toma parte,
es como nubes de música fundiéndose entre sí.
Un buhonero ebrio con encajes de olor es el viento
mañanero.
Te trae ciudades con bufandas doradas,
cuyas voces son torbellinos de campanas cargadas de
verano;
y doncellas cuyos corazones son príncipes galopando.
Y tú elevas tus ramas hasta el cielo,
con un susurro que lleva la sonrisa que tú no puedes dibujar.

LA MUERTE

Caminaré sendero abajo.
Me volveré y sentiré sobre mis pies
los besos de la muerte como aromada lluvia.
Porque la muerte es una esclava negra con pajaritos de
plata
pendientes de una nocturna corona en su cabeza.
Me dirá con su voz como joyas
echadas en una bolsa de satín
cómo me sigue de puntillas camino abajo
su corazón hecho un oscuro remolino de deseos de mí.
Me rozará en seguida con sus manos,
y yo he de ser uno de aquellos pajaritos de plata dormidos
entre las frías ondas de su pelo cuando se aleja de
puntillas.

SOLDADOS

La sonrisa de una cara es como altiva sirena
flotando muerta en una pequeña poza pálido-sucia.
Los labios de uno están torcidos
en un jeroglífico de silencio.
La cara de otro es como un brillante sapo.

Otra cara confronta una pregunta
que se le clava como súbitas garras.
A su lado está una cara como un espejo
en que un niño tieso cuelga...

Soldados muertos en una agonizante luna nueva,
cuyas caras formulan una frase gravemente burlona.

Traducción: José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal



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