KOSTAS PAPAGEORGIOU


Atenas, Grecia 1945

MIS EDADES
 


Sentadas, en silencio
y con pena de mi
calladas me miran, mis edades,
lamiendo cada una su trapo sucio
sumido en los hedores de sus años.

Como me miran silenciosas,
pero en sus ojos hay hambre
porque ya pasó la hora
y es tiempo de engullir las tinieblas
que han crecido debajo del frío.

Ven, amarga edad de aquel niño enfermo,
funesta edad de alocado muchacho
huérfano que vaga por calles yermas.

ESTUDIO DE SUEÑO

Produzco un sueño a mi medida:
tomo agua y la doblo
la corto como sábana de agua
y volviendo a mi sueño
la doblo como agua que fuera sábana.

Invento un sueño y tejo el agua
y abro mi sueño como una sábana suave
así las orillas de sus pliegues sean de vidrio
espumoso que se rompe en una ola
que asfixia y no refresca.

SE SENTARON SEPARADOS

Separados
sentaron
a las vírgenes
y a los muertos.

El padre no vería sus orgías
los dedos del sudor del deseo
las uñas que rompían las nalgas
debajo de un blanco mantel
que manchaba, de repente
y a escondidas,
invisible vuelo de pájaros,
pero y sobretodo
para que nadie oyera los gritos
que salían
nítidos
desde su vergüenza.

FUEGO EN LA SELVA

Antes de hacerse árbol
gritó fuego.
Los muebles son mansos animales
que espían al hombre
y le conocen desde su opaco
y reluciente brillo
mientras atraen hacia si
los ritmos de sus miembros
y las imágenes de su cuerpo
y con ellas alimentan sus entrañas de madera.
Los muebles se enfurecen cuando pasa el tiempo,
se despiertan en las noches y rechinan y ladran como perros,
espían al hombre con astucia desde sus ojos de cerradura
y gritan pidiendo fuego,
quieren, desde sus maderas de memoria volver a ser árboles
que duerman verde desde siempre.
Cuando despiertas
sacudes, entonces, tu cabellera de leñador.

ME MUDO SIEMPRE

Siempre me mudo a la misma parte
los vecinos me conocen
pero no me saludan
Sobre montículos,
por las tardes, antes de la noche,
mis vecinos se bendicen,
en especial los varones
muy serios, enterrados en el suelo
hasta la mitad del cuerpo,
fumando en silencio
como muertos de hace mucho tiempo
con su seca piel
rompiéndose a la luz del día
etérea y entera
como las ampollas de sus pensamientos.

http://www.arquitrave.com/archivo_revista/enlace3junio04.htm
http://fernando-sabido-sanchez.blogspot.com/search/label/GRECIA?updated-max=2011-04-10T11%3A05%3A00%2B02%3A00&max-results=20&start=87&by-date=false


NIKOS KASANTZAKIS


Candía-Grecia, 1885 - Friburgo-Alemania, 1957

LA ODISEA


Oh, Sol, Gran Señor del Oriente, oh fez dorado de mi espíritu,
Agrádame llevarte atravesado; jugar contigo quiero,

para alegrar nuestras almas mientras yo viva y tú vivas.
Buena es esta tierra: nos agrada. Como la crespa vid,
flota en el aire azul, ¡oh, Dios!, y en el vendaval se mece,
picoteada por los vientos y las aves del viento.
Picoteémosla también nosotros para mitigar el ardor de nuestra mente.

Mientras bulle el mosto áspero de la crujiente vid
que trituro en el vasto lagar que entre mis sienes existe,
yérguese el día y el espíritu se llena de sonrisas.
Alas crió la tierra y céfiros para acunar el alma:
¿ y Ananke – la de los ojos negros – se embriagó y el canto ha comenzado?
Sobre mi ser, el cielo ardiendo; debajo de él, mi vientre
Como gaviota que en la fresca-espuma-de-la-mar-retoza…

(Traducción de Miguel Castillo)


 — 

TITOS PATRIKIOS


Atenas-Grecia, 1928


DOS PERSONAS

Si alguna vez viste en medio de la calle
a dos personas que llevaban esposadas
no es imposible que una de ellas haya sido yo
que me volvía a desterrar.

Y esa mañana tenía como tú
tantos sueños
sobre el trabajo que encontraría,
sobre un paseo en la calle y bajo las luces,
sobre un poco de sol...
Y a él
que de pronto los barrotes lo ataron a su cuerpo
también él tenía grabados sus sueños
en su duro rostro.
(Se lo llevaron en la madrugada a las 6 de lado de su mujer.)

Cuando veas en la calle a dos personas
con esposas
no creas nada más
no creas nada menos.

Dos personas
Como tú.

LOS EJECUTARON

Los ejecutaron en la plaza central
los ejecutaron en la cantera con su grave eco
frente a cafés en ruinas y monumentos,
y corrieron mujeres enloquecidas al encuentro de las ropas ensangrentadas,
los ejecutaron en la tapia de los basureros
entre vidrios filosos y latas,
los ejecutaron en la calle, en el umbral de sus casas,
en el campo de tiro de miles de cuarteles,
en la muda soledad de espesos campos cultivados,
los ejecutaban todos los días en vuestras manos,
en vuestra voz, en el forro de vuestra ropa nueva

Y vosotros, ¿los habéis olvidado?

Versiones de Francisco Torres Córdova

MILTOS SAKTOURIS


Atenas-Grecia, 1919 - 2005 



A LA FIERA

No te vayas fiera
fiera de los dientes de acero
te haré una caja de madera
te regalaré un jarro
y te regalaré una lanza
y también más sangre para tus juegos

Te llevaré a otros puertos
que veas los barcos comerse sus anclas
quebrar en la mitad su arboladura
y sus banderas de pronto pintarse de negro

Te he de traer de vuelta a la misma niña
que tiemble atada en las noches oscuras
te he de traer de vuelta el mismo balcón roto
y el mismo cielo perruno
que mantenía la lluvia encerrada en el pozo

Te he de traer de vuelta a los mismos soldados
al que hace ya tres años se esfumara
con su agujero abierto bajo el ojo
y a aquél que llamaba de noche a las puertas
con mano cercenada

Te he de traer de vuelta la manzana podrida

No te vayas fiera
fiera de los dientes de acero

(de Cara a la pared, 1952)

EL CARNAVAL

Lejos en otro mundo fue ese Carnaval
caminaba el burrito por las calles vacías
donde nadie respiraba
cada tanto subían niños muertos al cielo
a ratos bajaban a buscar olvidadas cometas
nevaba una guerra vidriosa de papel
sacando sangre a los corazones
una mujer arrodillada
entornaba los ojos cual muerta
sólo pasaban soldados en fila un-dos
un-dos con dentaduras congeladas

Al anochecer salió la luna
carnavalesca
llena de odio
atáronla y la tiraron a la mar
acuchillada

Lejos en otro mundo fue ese Carnaval

UNOS PEDAZOS PELIGROSOS

Unos pedazos peligrosos
caos
es esto el alma mía
que ha desgarrado con sus dientes

algunos les dan vueltas sobre tablas
los exhíben
los venden
los compran

yo no quiero venderlos

la gente
los mira
pregunta sobre ellos
algunos se ríen
otros pasan de largo

yo no quiero venderlos

LOS ESTIGMATOS

Un ternero sangrante
impide el paso
al cielo
estando acostumbrados
no les molesta ya
lo único que piden
es una buena cera y
barata manzanilla
estando acostumbrados
a las flores de hierro
que alumbran su sueño
a las moscas de hierro
cuyo zumbido
les hincha los ojos
estando acostumbrados
lo único que piden
es una buena cera y
barata manzanilla
y un ternero sangrante
que impida el paso
al cielo

(de El paseo, 1960)

 —

HÉCTOR KAKNAVATOS



El Pireo-Grecia, 1920


NUEVA PUNTUACIÓN DE LA LEYENDA
SOBRE LOS RINCONES DE LA URBE




El Pireo-Grecia, 1920

NUEVA PUNTUACIÓN DE LA LEYENDA
SOBRE LOS RINCONES DE LA URBE


Desde que mi pregunta

oblicua se incrustó en los riñones de la urbe,
desde que se hizo pedazos el mar
cual ánfora de barro
desde que comenzaron a decaer tus gestos
tu voz a disolverse como niebla en la ventana
los colores a emigrar y sólo el agua
cual cortina a amar nuestros ojos...
eh!... desde entonces seguí aquel machetazo repentino
por debajo de tu frente, brillando mortífero
como conspiración de mercenarios.
Damasco, pensé, Damasco
Mas ¿cómo se hizo de pronto cuesco listo para pro crear?

En mi pecho un bosque meciéndose se hinchaba
suplicaba una axila ardiente
lejos de los ojos del profano
para bañarse en petróleo
en ofrenda a la Virgen de Tinos
en mercadería abandonada en la aduana
en el “ay” de un apuñalado
mas no pudiendo eludir lo inevitable
volver a ser mi pregunta otra vez
al sesgo clavada ahí en los riñones de la urbe.

Con este aro un niño de ocho años jugaba a la rueda
yendo hacia arriba por el camino de la mina;
así es que no hemos de morir.
Recomienzo así desde tu última palabra.
Recojo tus cabellos derramados por todos los rincones de la tierra.
De la última lluvia/ sólo cuatro pedazos me faltan.

Voy a recomponerlo todo con paciencia.
Encontré al azar algunas páginas
aquí y allá de tu pecho
Muchachas pequeñas pintaron sobre ellas
extraños peces dorados.
Un jirón de tu mejilla, trozo de tormenta
de los alambres colgaba a punto de caer de un momento a otro.
Lo cogí también loco de alegría
hice la primera tentativa de recomponerlo
pero de nuevo hete mi pregunta, torcida lámina,
allí clavada al sesgo en los riñones de la urbe
Qué es esto otra vez Dios mío?

Cuánto tiempo pasó hasta encontrar un pequeño pedazo
de tu petrificado pensamiento en el cementerio de elefantes?
Luego apretados los tres dedos otra vez
como en la ceniza dentro de una injuria
en el idioma de los latinos, nos santiguamos.
A su espalda marcado el año del escalofrío
la tarde de los Verdes, de los Vénetos
el bullicio del Hipódromo, el alboroto.
Y salvo el resquicio de un telefonazo nervioso
como en el termómetro.
Muchos días voy a alimentarme de tu última palabra.
Después comeré mi pensamiento a media asta.
Después que suceda lo que quiera.
Tus tres dedos huyeron asustados:
uno hacia el norte otro al mediterráneo
y el tercero se entregó al Asia Menor.
Mas la injuria fiel de os Vénetos quedó a mi lado.
He aquí entonces: tu pecho un pez dorado
en un libro de letras gordas para doncellitas.
La tormenta que se tuerce, que se hace tu mejilla,
abro la ventana con estruendo, tu voz semidesnuda
que se lanza corriendo a la calle
hacia las quebradas de Zalongo.
Detente, por Dios!
Detente que quiero dispararte, apuntarte al medio de la frente!

De tus pedazos sólo me falta la ultima lluvia,
no alcanzo.
Del petróleo, de la paralizada mercancía,
del promontorio de Tinos, del ”ay” del acuchillado
vuelve a emerger otra vez el bosque de pinos. Se horroriza y yo respiro.
Una compañía con los fusiles bajo el brazo,
la mar pedazos como el ánfora tras la reliquia
por mi pregunta la urbe muere.

Tú, tú eras mi pregunta.
Que en dos cortaba el profundo poniente
y parecía que exhalaban en el fondo de la herida
las entrañas de noviembre
nada más hube encontrado.
Nada más
ya que te agotaste para que no secaran nuestros huesos
no se rompan y el mercurio espeso de derrame.
Me quedé otra vez para recomponerlo todo.
Traté a duras penas de formar tu cara
pero siempre lo mismo, otra vez lo mismo: mi pregunta
clavada ahí al sesgo en los riñones de la urbe.


¿Y qué ocurre ahora?
¿si otra vez aún? si tratase recogiendo
pedazo a pedazo el ánfora rota
de rehacer el mar?
si agarrara de entre los dientes del perro
el hueso sacro de mi madre?
Si amarrara de nuevo los vagones
si los trenes otra vez silbaran
manchando la almohada del muchacho que ahora duerme
y sus párpados florecen?
Cristo mío,... por fin empezaba la gangrena.

Pero si tan fácil no he de resignarme.
Quedan todavía mis tropiezos con las cananas cruzadas.
Quemaré hasta mi último cartucho
mientras sube por mis huesos el mercurio.

(Traducción: Pedro Ignacio Vicuña)

VOZ MÍA, RAZA DE ALTOS HORNOS

Primero: te quieren sin riesgo alguno y que olvides;
y, después, buena amiga con ellos,
tierna,
prometida,
los villanos.

Voz mía, raza de altos hornos por el costado
abierto del gato montés, de la pendiente
de las nueve cuerdas del vergajo
y el sol como serpiente en el alambre.
No lo olvides; escúpeles.

Que esperen a que te apague con agua
o según las recetas de las antiguos helenosirios,
que esperen los villanos.

(1967)

TU SEMBLANTE CUANDO PREGUNTAS

Recuerda: mi cuchillo se ejercita
continuamente en lo justo.
Preguntas por la hendidura en la pared
que hace gotear al silencioso.
Preguntas por la salida, por tu hendidura.
Tu semblante cuando preguntas es isla del abismo.
¿Cómo se arrastra con su herida por los matorrales
y deja tras de sí su sangre como huellas?

Lo que rechina en el silencio
es tu sendero
que ahora, solo, se va y se va.

(1967)

MI PROPIA RAZA CON LO INALCANZABLE

El fanfarrón se ha cansado; de acuerdo.
El deslumbramiento predominó, de la palabra,
hasta la deformación;
otra vez de acuerdo.
Sin que nada que ver ya, afortunadamente, con los burgueses
entra en decadencia; correcto.
Dicen en tono bajo de confesión:
perdón.
Entonces, ¿quién no debe escuchar ahora?
No interrumpas. Entonces, dijimos en tono bajo
que hablasen de la herida profunda,
si debes hablar de ella de la forma que sea,
aunque sea abismo,
aunque sea más inefable que la oscuridad.
Bah...

Pero que mi propia raza con lo inalcanzable
combata noche y día,
¿con lo inalcanzable?
Y ¿qué suba una pendiente?
¿Incluso el paraje ascendente del cráneo?
¿Incluso?
¿Qué se escuchará en tono bajo?
Entonces, ¿quién no debe escuchar ahora?

Dejo que, eso nos faltaba,
se escuche, por darle las gracias,
al excelentísimo canalla.

(1968)

EXCEPTO LAS CIGARRAS

Ni siquiera por lo que te encantaba,
la canela de la tierra tostada,
y que últimamente se secaba con las cigarras
al terminar agosto.
No preguntas por eso
ni por nada.

Al responder cualquiera de forma diferente al sentido,
ha quedado devastada también esta orilla.
Y quizás por eso seas el guijarro
que mi pena encontró cuando había luz de luna
en el sendero
y sólo se escuchaba el corazón de la araña
dentro de la tierra.
Después, se escindió y se abrió.
Su sonrisa era un hongo
que llegaba hasta el extremo del cielo.
Abajo, el espanto apresurado ahogó a los seres orgánicos
por orden de Herodes Antipas.
Excepto las cigarras que se resistían
Al caer en la puerta de agosto.

(1968)



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