ALFONSO ORANTES


Guatemala, 1898-El Salvador, 1985


RUEGO

Iluminaste mi existencia
llenando el arca vacía de mi corazón.

Me abrieron tus ojos las puertas de lo eterno
y el secreto de la vida me lo dijo tu boca.

No vayas a dejarme abandonado
en medio de la dicha.

HALLAZGO

Ella se puso ante mis ojos.
Fué uno de esos días
que iba cantando en mi la vida
una canción de adolescencia.

Ambos temblábamos como niños
ciegos por un deslumbramiento.

En nuestras bocas las sonrisas
fueron mensajes de esperanza.
En nuestros ojos las miradas
iluminaron como fiesta.

Sus ojos me hablaron de cosas eternas,
Su boca me hizo conocer el sabor de la vida.

BARRUNTO DE MI MUERTE
A Paco Figueroa

Errante, sin moverme, en mi desierto
le hallé sin encontrarle. Su presencia
es el propio trasunto de la ausencia
envuelta en las verdades de lo incierto.

Pasa quedando. Cierra y deja abierto.
Es el solo poder de la impotencia
y su existir, la pura inexistencia
en la perpetuidad de lo ya muerto.


Vino en mi sin buscarme, y sin tenerle,
la llevo en mí visible y escondida
y estoy viéndole siempre aunque sin verle

que en este mi infortunio está mi suerte:
pues llevando mi muerte entre mi vida,
es inmortal la vida de mi muerte.

San Salvador. 1942


LUIS DE LIÓN



San Juan del Obispo, Sacatepéquez- Guatemala, 1939- 1984

EL POEMA Y EL POETA

Tú me pides
un poema
y yo te digo:
amor,
si tú lo eres.
Cada parte tuya
es una estrofa
y todo el conjunto,
poesía.

Para escribirte
habría que volver
a la poesía clásica,
habría que volver
gimnastas a los versos.
Escribirte
en verso libre
no es correcto
y yo no puedo
escribir 
a la manera clásica.

Mejor déjame
entonces plagiarte
con mis besos,
déjame sentir
toda la resonancia
de la estrofa,
pues de todos modos,
amor,
si tú eres el poema,
yo soy el poeta.

EL ENFERMO

Si tus labios en verdad fueran de azúcar
y no solamente dulces,
hace años que habría muerto...

¡Tú sabes que yo soy diabético!

LA LLUVIA

Así me gusta tu pelo,
tendido y húmedo
como una lluvia.

Ah,
qué infinidad de delgados ríos
se derraman sobre tu espalda,
qué inagotable fuente,
qué cielo el que se deshila.

Si tu pelo no fuera negro,
si fuera transparente
como esta gota,
diría que el día de hoy
principió el invierno
y correría descalzo
hasta empaparme
y vigilaría el momento
en que estallara la primera flor
e insurgiera la primera hierba.

Si tu pelo no fuera negro,
sería la primera cabellera
de este invierno.

LOS CREADORES

Los hombres sentimos envidia de los dioses:
ellos están en el cielo y nosotros, en la tierra,
ellos vuelan sin necesidad de alas
y nosotros tenemos que hacerlo sobre aviones,
ellos hacen los milagros y nosotros tenemos que adorarlos.

Pero cuando tú y yo formamos la figura de un pájaro
volando sobre nuestro propio cielo
-alas son nuestros brazos-
y tu vientre se llena de la más perfecta creación,
son los dioses los que sienten envidia de los hombres.

ACERCA DE LA TERNURA

Si no hubiera conocido tu piel,
si tus ángeles y sus pájaros
-morenos, desde luego-
no hubieran sido acariciados por mí,
si no hubiera tocado la ternura
de sus cantos y sus arpas
y la seda de sus plumas,
seguramente,
mi mano,
esta mano
tendría la dureza
de una piedra.

POEMA A MI BARRILETE

(...) 
hasta que un día,
de una hoja de periódico
pude construir una paloma-barrilete
que volaba,
que metía su poquito en el cielo
para aplacar su sed
y seguir volando,
y se volvió mío todo el infinito,
y me sentí dueño
de todos los arco iris,
mi alegría
se volvió un carrizo de hilo
largo, largo,
y pude enviar a mis hermanos
que vivían en las nubes,
según decía, llorosa, mi madre,
todos los telegramas
que quería.




RAMÓN ACEÑA DURÁN


Antigua Guatemala, 1895 - 1945

DÉCIMAS DE VERDE Y VIEJO
(fragmento de la obra póstuma Itinerario, (Tierras floridas) 1917- 1937 – 1943, con el prólogo de César Brañas. Editorial Universitaria. 1964. Págs. 531 y 532)

(1) Helena estatua en saudades
forjada de mármol tibio,
navegando en un anfibio
de goma y de veleidades;
ondulantes suavidades
abandonas con incuria
al agua que, en dulce furia
vuelta piscina de mieles,
gritando está a Praxiteles
para tallarte en lujuria.


(2) Casta Susana, en tus dejos
inspiras palabras tiernas
por la gracia de tus piernas
a los niños y a los viejos.
¿Quién tuviera catalejos
o pudiera hacer acopio
del tele, hasta el microscopio,
para cazar la esperanza
de un sueño que no se alcanza
ni con veinte kilos de opio?

(3) No conturbes a Neptuno
ni a los tritones, ni el fino
pie agites en submarino
maremoto inoportuno,
que, puede haber más alguno
de la síntesis amante
que calmando la anhelante
expectativa de las turbas,
te vuelque en total de curvas
redonda luna radiante.

(4)Tal eclipse retuviera
en trance los corazones
y a tu vista tiburones
voraces de amor hubiera.
Ya que por mirarte entera
cual bañista de vitrinas
donde exhiben mallas finas,
viejos de barbas talmúdicas
adivinanzas impúdicas
tienen, por lo que adivinas.

(5) Sigue brava estatua loca
de humedecidos caireles
sobre tu monstruo, en las mieles
de esta piscina que evoca
un agua-dulce en tu boca
y un agua-fuerte al sediento…
Y bogando con buen viento
no más pruebes ser Helena,
mostrando la Y griega plena
tumbada de sotavento. (1939)


ROMELIA ALARCÓN FOLGAR


Cobán-Guatemala, 1900-1970

GUATEMALA

Nadie te hiera amor, nadie te toque
ni el dardo envenenado ni la espina
ni la espada furtiva se aproxime
a lastimar la luz de tu epidermis,
nadie con ojos fieros se te acerque
nadie te toque amor, nadie te toque
si no es para besarte,
y que estallen en tus predios,
con la ternura de sus flores nuevas
y en el silencio de tu faz nocturna
y de tu faz silvestre
con el viento de aurora conmovidas
tu tráfico de alondras sorprendidas.

Nadie te hiera amor, nadie te nombre
con los labios blasfemos porque eres
el sabio acontecer de tus mayores;
el resumen traslúcido de ayeres
que ha dejado plasmada la armonía
en todos los contornos y parajes
que relucen al sol tu geografía
única en el planeta y amorosa
desde la más humilde florecilla.
Dioses mayas regresen y te amen,
fecunden tus entrañas maternales
y una raza de héroes te salve.

Nadie te toque amor, nadie te mire
si no es para volcarse en alabanzas
con júbilo de luces y con frutos
maduros de tu tierra y ramilletes
de las flores del alba.
Hincarse reverente y cuidadoso
poniéndote un dosel de hojas y pájaros
para que tu camines conmovida.

Nadie te toque amor, nadie te nombre
si no es para adorarte.
Voceríos aclamen tu hermosura
y el tacto de tu suelo ennoblecido;
tu cesto de jardines olorosos
en el verde espiral de tu cintura.

EPÍSTOLA IRREVERENTE A JESUCRISTO (I)

Cristo,
bájate ya de tu cruz y lávate las manos,
lava tus rodillas y tu costado,
peina tus cabellos,
calza tus sandalias
y confunde tus pasos
con todos los pasos que te buscan
por la cordilleras y el mar;
por las comarcas;
por el aire,
por las alambradas de los caminos.

Tú solucionas cualquier cosa,
para ti todo es fácil
y entonces
¿qué esperas?
¿Por qué no bajas de tu cruz ahora mismo?
Sin parábolas, con balas
y sueltos arrecifes vengativos
en las manos...

Y se llenen los pueblos de hombres liberados
y sol de mediodía,
huertos, palomas y rosas
de corolas intactas
y clarines anuncien
pacíficas mañanas.

Cristo,
baja ya de tu cruz
donde millares de hombres contigo
están crucificaos:
lava tus manos y sus manos,
tus rodillas y sus rodillas,
tu costado y el costado de ellos;
lava tu frente y la frente de ellos
coronada de espinas.

Que no prosiga tu martirio inmóvil:
muestra tu ira,
baja ya de cruz,
mézclate con los hombres que te aman.

IV EPÍSTOLA IRREVERENTE A JESUCRISTO

Jesucristo:
Hoy no te quiero niño
dormido en un pesebre entre la paja.
Hoy no te quiero necesitado
del calor de la mula y el buey
aunque te ame infante,
y ponga mis caudales de joyas en tu cuna.

Hoy te quiero tribuno,
hoy pido tu palabra de relámpagos,
hoy te quiero humanista
con tu vestido cívico
hoy te quiero abogado en las salas de audiencia
en los juzgados, en las cárceles,
hoy te quiero en las cátedras,
hoy te preciso médico
en las aldeas y en los valles,
hoy te quiero poeta,
escribiendo poemas de ternura
para los niños desvalidos.

Hoy no te quiero Dios,
no te quiero invisible
y que te oren con los ojos en lo alto;
hoy te quiero oloroso con las yerbas del campo,
auscultando con el oído atento
sobre el surco
el proceso de todas las semillas.

Hoy te quiero que te hablen de hombre a hombre,
caminando en las calles
como cualquier obrero, como cualquier vecino
con tu portafolio bajo el brazo.

Hoy te quiero accesible para todos,
para el que ama su ídolo de piedra
o su becerro de oro.

Hoy te quiero artesano
fabricando zapatos para niños
y que te abunden
como el pan y los peces.
Y quiero que repitas cada día
ese milagro, si no puedes hacerlo de otro modo
en este tiempo de astronautas
que pretenden husmear en tus dominios.

Hoy quiero tu Sermón de la Montaña
como rocío azul en todos los oídos.

Y para terminar, Jesucristo,
te suplico
que pongas diariamente sin faltar,
algunas monedas en todos los bolsillos proletarios
-sin olvidar los míos por supuesto-
y verás qué alegría en los mercados.



RAÚL LEIVA


Ciudad de Guatemala, 1916-Ciudad de México, 1974



No estás vencida, no: de pronto naces
como una rama verde, altiva y pura

en la arboleda de los pueblos: haces
retroceder a la canalla oscura.

No estás vencida, no: dormida yaces
mientras la acción del pueblo nuestro jura
despertarte del sueño: ya en sus bases
la torrentada popular lo augura.

No estás vencida, no: tu voz se escucha
y los tambores soñarán rugientes,
se elevará tu nombre de ala en ala.

No estás vencida, no: creciente lucha
iniciará la marcha: libres fuentes
rescatarán tu tierra, Guatemala.

JOSÉ BATRES MONTÚFAR


Pcia. San Salvador, 1809-Guatemala, 1844

YO PIENSO EN TI


Yo pienso en ti, tú vives en mi mente 
sola, fija, sin tregua, a toda hora, 
aunque tal vez el rostro indiferente 
no deje reflejar sobre mi frente 
la llama que en silencio me devora.
En mi lobrega y yerta fantasía 
brilla tu imagen apacible y pura, 
como el rayo de luz que el sol envía 
a traves de una boveda sombria 
al roto mármol de una sepultura.
Callado, inerte, en estupor profundo, 
mi corazón se embarga y se enajena 
y allá en su centro vibra moribundo 
cuando entre el vano estrépito del mundo 
la melodía de tu nombre suena.
Sin lucha, sin afán y sin lamento, 
sin agitarme en ciego frenesí, 
sin proferir un solo, un leve acento, 
las largas horas de la noche cuento 
¡y pienso en ti! 

SUICIDIO

Llegó en fin a este presido
inserta en El Semanario
(periódico literario)
la contienda del suicidio.
Para matar el fastidio,
por no decir otra cosa,
saco mi Musa quejosa
de vivir arrinconada,
cómo quién saca su espada
para ver si está roñosa.

A todos hablar prometo
sin ofender a ninguno,
que a todos, uno por uno,
los estimo y los respeto.

A decidir no me meto
quién es quién tiene razón;
sólo diré mi opinión
con modestia o sin modestia
que suele causar molestia
afectar moderación.

Muchos siglos van corridos
desde que hay suicidados
amantes menospreciados
y jugadores perdidos.

Tantos sabios distinguidos
han tratado del esplín
y del suicidio, que al fin
disputar está demás.
sobre si es nefas o fas
(que yo también sé Latín)

Tengo por mal argumento
para quitar la vida
el citar algún suicida
de valor o de talento.
Por uno se encuentra ciento
de la más ilustre fama
que terminaron su drama
enfermos, asesinados,
borrachos, apaleados
en la horca y en la cama.

Lector, si fuera a exponerte
tantos ejemplos diversos
llegaría haciendo versos
a la hora de mi muerte.
Citaré algunos y advierte
que no quiero fastidiarte;
va leyendo hasta cansarte,
y así que estés muy cansado
descansa, lector amado,
no vayas a suicidarte.

MARÍA

Esa que veis, gentil como la aurora,
ninfa graciosa del rosado velo,
tierno destello del azul del cielo,
exalación del Céfiro y de Flora;
esa deidad que entre los hombres mora
como flor transplantada de otro suelo
como avecilla que cortó su vuelo
y en nido extraño por su nido llora;
más serena que el iris de la alianza,
más plácida que el rayo de la luna,
más fresca que la gota del rocío,
más suave que el placer de la esperanza,
más dulce que el reir de la fortuna,
es la beldad que adora el pecho mío.

ROMANCE

Es un joven desgraciado
cómo una rosa marchita,
frescura y color le quita
el sol que la ha marchitado.

Apenas la sombra queda
de la forma que perdió:
Ya el olor se disipó,
no hay quién volverselo pueda.

Huye de todo consuelo,
que el infeliz no le tiene:
Ni esperanza le mantiene,
éste grato don del cielo.

En su profundo estupor
y desesperada calma,
ya no lisonjea su alma
ni la gloria ni el honor.

Cómo un volcán abrazado
su adolescencia pasará,
¡cuán violento palpitará
su corazón arrojado!

Hoy para él todo está muerto
que el corazón arrogante
cayó frío en un instante
y de tristeza cubierto.

Otro hombre jamás ha habido
que algún bien no haya gozado;
más él siempre desgraciado
y nunca dichoso ha sido.

La esperanza ni una vez
vino a alimentarle un rato;
no tendrá un recuerdo grato
con qué aliviar su vejez.

Mírale, tierna doncella,
mira aquella alma postrada;
que enciende una tu mirada
la vida que aún resta en ella.

Para la piedad naciste,
tu misión es la ternura;
no seas con él tan dura;
velo: casi ya no existe.

Más ¿rehúsas doncella hermosa,
dar fin a tan cruel tormento?
¿No te mueve ni un momento
su desdicha lastimosa?

Ya su mal está calmado
¡Oh muerte! ¡Oh nada desierta!
abre, eternidad, tu puerta
para que entre un desgraciado


FLAVIO HERRERA



Guatemala, 1895 - 1968

EL BESO

Se iluminó la estancia de una venusta gracia
cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa,
mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia
cortándole a la vida su más intacta rosa.
¿Qué jugo, di, qué jugo el corazón invoca
tiene como tus labios tan íntimos dulzores?
Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores
las mieles trasegadas al panal de tu boca?
¡Oh, beso! con la gloria de tu emoción celeste
comunión de alma y boca, brasa y diafanidad
abriste en el más puro de los espasmos: Este,
a nuestro barro efímero rutas de eternidad.
Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nunca ahíto,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos de un beso el infinito.

AHORA

Y como voy chupando
Los jugos de la sierra
Me siento sano, púgil,
Sencillo y tan potente
Que a veces me dan ganas
De echarme por la sierra
Para poblar sus faldas
Con solo mi simiente.

(El Ala de la Montaña.27)

EL LAGO

Entre rústico estuche de montañas
Como una gema duerme la laguna
Y pule su cristal en donde baña
Su clorosis romántica la luna

Cerca del tul que el céfiro enmaraña
Hunde su red un pescador. Es una 
Colosal y nerviosa telaraña
Donde truncan los peces su fortuna.

A veces por la húmeda ribera
Pasa ondulando un tren como serpiente
Que a sumergirse en las aguas fuera…

Vibra una imploración en un silbido;
Un brazo de granito tiene un puente
Y pasa el tren sobre el cristal partido.