THÉO VARLET



Francia, 1878-1938

SICILIA

El alba,
Dulzor agudo en el perfil calabrio,
Despeja en su vehemente despertar
Los fantasmas furtivos de los vanos insomnios;
Allá en el horizonte del evacuado mar
La luna abdica en nocturnos jirones,
Y en las crestas del horizonte
Nada en el glauco azur un cono de cinabrio.

¡Entusiasmos al aire, mañana empavesada!
Destellos de epopeya triunfal,
La luz del día con su esplendorosa llama
Proclama
El claro advenimiento de un ignorado génesis,
Y montes esculpidos en sueños de coral,
En el cielo ultramar, desnudo heroicamente,
Ved,
Gloria del meteoro inaugural,
Bajo el Etna candente, monstruoso, a Sicilia!

¡Mirad!
La breve apoteosis
De pétalos divinos se vierte en la ciudad,
Por el golfo se desparrama,
Con senda de rosa todo el surco decora
-¡y rebosa de sol el cráter de la aurora!

¡Salve, voluptuosa deidad, salve, Sicilia!
Hacia tus encumbrados montes de vejas rojas
Salta mi corazón aventurero, bárbaro…
Mas la suave mañana que la gracia satura,
Hinche y deslíe inmensamente
El alma soñadora de idilios inmortales
Que aspiraba en lejanas mañanas virginales
Aromas de azahar sobre la mar de púrpura.

GROEDE

Una mañana graciosa de tulipanes floridos.

Hora cálida.
El sol, voluptuosamente primaveral, brilla sobre
Las llanuras de Zelanda;
Y los diques, en los prados rumiantes,
Inclinan sus frescos álamos en azules lontananzas.

En la sala fresca y limpia del café,
Viejo reloj de caoba del tiempo mide la marcha;
Cuatro notables, sentados,
Comentan con gravedad las gacetas en voz alta,
Contando meditabundos
En los bordes de las copas del schiedam las lentas lágrimas,
Mientras un perrazo rojo, sobre sus cuartos traseros,
Dormita al sol blanco sobre la tarima enarenada.

La plaza, por los azules transparentes,
Muy tranquila y solitaria.
En la esquina de la iglesia,
Bajo los altos castaños de hojas inmovilizadas,
El pacífico chirrido de la bomba comunal;
Cubos con flejes de cobre va llenando una muchacha.

El cielo, torpe y sereno,
Lleno de pájaros, canta;
Las once en el campanario van sonando, y se dispersan,
Pausadas, sobre los pólders rumiantes de Zelanda.

(E. D.-C.)
La poesía francesa moderna. Antología ordenada y anotada por Enrique Díez Canedo y Fernando Fortún, Madrid, Renacimiento, 1913


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