JEAN ROYÈRE



Aix-en-Provence-Francia, 1871-1956

OCTOBRE, FINE BRUNE…

Octubre-niebla fina con dorado temblor
De lejanas pupilas-fragilidad de otoño,
Gálibo de Tanagra que aún se acuerda, a pesar
De las horas anónimas y los días monótonos,
No quemarás en una cámara mortuoria,
De la tumba y del llar amante melancólico,
Sobre el ocaso en vela, sobre el alma dormida
Más de treinta y un granos de tu incienso azuloso,
Sin que el hosco recuerdo del Estío difunto
Que hunde tus sienes mates y tus ardientes ojos,
En el corazón, denso de este acre olor, nos grabe
Buen augurio, otros tantos estigmas espantosos.

TRENO

Tú, la que pides, mira la Alameda de frente
De oro, cinta de luz! Aquí está. Sonriente
Quisiste estar, tratando de ver cuánto más bello
Que el de Shakespeare, ¡oh Dios!, el fondo aquel sería.
La glorieta, allí está: ¿podré ver todavía
Bajo el techo de hojas, su imperio , estremecido,
Al busto, por los años y el moho verdecido,
Del fauno al que, por juego, nombre de Viernes diste?
Tus manos de alba en él levemente apoyadas
A las apariciones en las frondas ahogadas.
Negué la piedra, uniéndola contigo, suavidad
Y hermana de las ninfas, por la cuita, deidad
Que en lo más alto puesta reías a aquel mármol
Como si el verso mío te transmutara en árbol
Para nimbar, desnuda, tu carne al sol radiante!
Que dejando a Casandra por soñar con María,
Supe, purificado de toda idolatría,
Espléndida esculpierte en ritmo semejante
A la ingenuidad del mundo.
Simboliza,
Pues, que si el bosque ya no me ofrece, a mi paso,
Más que un rojizo otoño, presagio del ocaso,
La ficción por lo menos de la tumba eterniza
Por ti: tus brazos claros, el oro virginal
Por corona pusieron en la sien estival.


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