AUGUSTO CASOLA


Asunción-Paraguay, 1944

SILENCIO Y AUSENCIA

Eres el silencio de la ausencia

quebrado el sello
de secretos
que arpegian en el llanto
su cantar de desencuentros.

Allí riela el plenilunio umbrío
su bullicio mudo
de niños en juegos inocentes
y amantes furtivos en busca
de penumbras cómplices.

Cosas viejas todas ellas
y sin embargo
vigentes al día siguiente
de haberte vuelto silencio,
y ausencia y dolor y cuna de penas.


UN SITIO LEJANO Y SIN RECUERDO

Quiero visitar un sitio ajeno
donde no puedan ya alcanzarme
los recuerdos;
un solar sin risas ni tristezas,
de sombras silentes en abrazo,
de paz calmosa
y de olvido.

Lo imagino vergel de nada
en su extática hermosura
de silencios pleno y atardecida aurora,
tiempo extraviado, tímidas penumbras
luces adensadas en hondo aliento
apaciguadas.

Entonces me susurra una voz queda:
el sitio existe, ese es mi reino,
mío solo y soy yo la Muerte,
su señora.


HE APRENDIDO

He aprendido a estar solo 
Como se puede estar, entre la gente 
De repetir las calles y el asfalto 
De las hojas que giran tras de mí 
De tanto repetir el viento norte 
su llanto entre las ramas de los árboles 

He aprendido a estar solo 

Sigue 
el mundo lleno y yo entre sus sombras 
con mi sombra 
yo, y las hojas y el asfalto 

Tanto he aprendido a estar solo 
que casi no estoy solo 

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