ROSARIO ORREGO DE URIBE


Copiapó-Chile, 1930-Iquique, 1879


ASÍ QUIERO MORIR 

¡Quién pudiera morir como esa nube
que miro evaporarse suavemente!
Blanca y aérea al firmamento sube
en las ligeras alas del ambiente.


¡Quién pudiera morir como esa estrella,

eclipsarse no más unos momentos,
y volver a brillar, feliz como ella,
en otros azulados firmamentos!


¡Quién pudiera ser rayo de la aurora
y, al declinar la tarde, confundirse
en medio del crepúsculo que dora
la moribunda luz al despedirse!



¡Quién pudiera ser flor y al marchitarse,
el cálice doblar sin agonía,
y aún pálida e inerte al deshojarse
derramar en las auras la ambrosía!



Más yo no soy ni flor, ni nube errante,
ni un astro de esos mundos destellados…
¡Yo tengo un corazón, un alma amante,
que han de ser a pedazos arrancados!

Por eso quiero ser átomo leve,
aliento perfumado de la brisa,
para burlar el sufrimiento aleve
y morir exhalando una sonrisa.


Que en tu seno no más, Naturaleza,
la muerte es un desmayo voluptuoso,
un cambio de expresión y de belleza;
y nada se hunde en eternal reposo.


POEMA PARA SU HIJO LUIS

"Ayer mecía tu inocente cuna
y te arrullaba plácida y feliz;
hoy te mece una nave, y la fortuna
de mí te arranca, idolatrado Luis.
Paréceme ayer, Luisito mío,
Juntas tus manos, te enseñaba a orar,
Hoy sobre la ropa de un navío,
Niño dominas el airado mar.
Ayer tus juegos, tu gentil viveza,
La dicha hicieron del paterno hogar;
Hoy de los quince el garbo y gentileza
Te dan el nombre la arrogante faz.
El uniforme del marino austero
Te ha despojado de tu blusa dril,
Y la espada, la insignia del guerrero,
Realza ti persona aún infantil.
Eres ya un hombre. En tu tostada frente
¡Cómo alboreando el patriotismo esta!
Ya brilla en tu pupila el fuego ardiente
del jefe osado, del marino audaz…
sigue ingratuelo, la brillante estrella
que al bravío guía al campo del honor;
mas mira la honra de la patria en ella…
¡que yo a solas oraré por vos!"



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