MANUEL BLANCO CUARTÍN






Santiago de Chile, 1822-1890


AL BORDE DEL SILENCIO


¡Sombra querida! que doquiera arrastro

mis vacilantes pasos, vas conmigo;
sombra que fuiste de mi vida el astro
que, aun apagado, con amor persigo.

¡visión celeste! ¡sombra idolatrada!,
permite a mi laúd este lamento,
voz interior de lágrimas cuajada,
grito desgarrador del sentimiento.

Si no lanzara este afligido canto,
mi corazón de pena estallaría;
ni, ¿para qué sirviera la poesía,
que es todo amor, y música del llanto?

Una a una recorro mi memoria,
las fases de mi mísera existencia,
y en todas ellas eres tú mi gloria,
mi luz, mi numen, mi vital esencia.

Cuando apenas contaba yo veinte años,
y era yo presa de feroz tortura,
de precoces, horribles desengaños,
de irreparable y negra desventura,

quiso Dios colocarte en mi camino;
y cual viajero que sediento vaga
y se encuentra un arroyo cristalino,
así te hallé yo a ti, divina maga.

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