JOSEP CARNER


Barcelona-España, 1884 - Bruselas, 1970



A LA HORA DEL CREPÚSCULO

Es tarde, no me tientan los caminos.
Y en el jardín cerrado, yo os sabía,
caídos, pisoteados en la niebla,
¡oh flores, hojas, días!
Mis pasos se vuelven furtivos
como un indeciso extraño.
Suspiran espectros de dalias
en medio de sombras llorando.
Flota lejos un son de campanas
que une los vivos a cadáveres.
Se esparce la noche invencible,
mar de islas que son soledades.
Y me llaman la luz en la mesa
y algún pensamiento que vuela,
la vieja silla malparada
y una hoja de papel descontenta.


A HORA FOSCANT


És tard, els camins ja no em tempten.-

I us sé, del verger dins el clos,
caiguts, trepitjats en la boira,
oh dies, oh fulles, oh flors!
Mes passes es tornen furtives
com d’un indecís estranger.
Sospiren espectres de dàlies
enmig del foscam ploraner.
Al lluny neda un so de campanes
que uneix els vivents als caiguts.
S’escampa la nit invencible,
mar d’illes que són solituds.
I em criden el llum a la taula
i algun voleiant pensament,
la vella cadira malmesa
i un full de paper malcontent.


NOCTURNO INVERNAL


Sobre los angulares tejados, los tejados

puntiagudos, brillantes, que están todos nevados
ríe la luna, en medio de estrellas fulgurantes
que tiritan de frío, sin bufanda y sin guantes.
Torres y chimeneas, todo está blanco, liso.
Débil, un violín suena en un quinto piso.
La luna vuelve, oyéndolo, los ojos, admirada.
Lleva un gato el compás con la patita alzada.
El preludio á los niños burgueses no desvela,
y al dormirse murmuran : — Mañana no hay escuela.


ANOCHECER


En una vieja plaza silenciosa

donde duermen acacias enfermizas —
en un lado la iglesia, con sus tristes
santos de piedra, y en el otro lado
la casa de la villa — el sastre mora.
Los sesenta cumplió. Viste de negro.
Lleva gafas y cose. Sobre un lecho
de violetas y rosas el sol muere.
Brillan estrellas en el cielo ; brillan
los gusanos de luz á ras de tierra
y las verdes pupilas de los gatos.
Dulce melancolía se difunde.
Saliendo de la escuela, con el agua
de la fuente salpícanse los chicos.
El sastre no levanta la cabeza
para extasiarse en el morir del día.
Todo es viejo y cansancio le produce.
Cose. Cuando levante la cabeza
sólo será para enhebrar la aguja.



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