GUSTAVO RICCIO

"Para empezar a ser bueno es necesario sentir como si fueran de uno las penas de los otros."
Gustavo Riccio
Buenos Aires-Argentina, 1900-1927

CÓMO SE HIZO ESTE LIBRO 

La vida 
es una sucesión de pequeñeces; 
aquilatar el precio de lo ínfimo 
eso es cosa del Arte. 

En este libro 
se han detenido los instantes 
y las cosas minúsculas, 
y se han hecho poemas: 
como por esos mundos 
se han detenido los guijarros 
y se han formado las montañas 

ORACIÓN DEL POETA DE CIUDAD 

Madre Naturaleza: yo quisiera gozarte 
sobre el césped sedoso como el dulce Virgilio: 
¡Ah, cómo fueran dulces mis versos en el campo, 
limpios y naturales como los campesinos! 

Madre Naturaleza: yo entre pámpanos verdes 
y entre flores y frutos me haría pastorcillo, 
y a mis versos humildes no colgara metáforas, 
dijes que civilizan los arrebatos líricos. 

Pero aquí en Buenos Aires, madre Naturaleza, 
yo que te quiero tanto, yo te adoro lo mismo: 
te adoro en los tres metros de cielo que a mi patio 
bajan en un cuadrado desde el séptimo piso; 
y te adoro en los árboles que orillan las veredas 
y en las lindas mujeres que turban mis sentidos... 

VERSOS A LA CALLE RIVADAVIA 

En octosílabos de esos 
que se cantan con guitarra, 
voy a decir el elogio 
de la calle Rivadavia. 
A ella le debo el sol 
que se me pega en la cara, 
el sol que ya no es de todos 
y que Dios a todos manda. 

Calle de amplitud campestre 
y larga, larga, muy larga, 
donde el viento, potro suelto, 
se arroja como en la pampa. 
Eres el cauce de un río 
por donde, locas, se lanzan 
a conquistar el centavo 
estas gentes apuradas. 
No eres calle de negocios, 
calle de la democracia, 
que a partir de Plaza Flores 
sueñas y te haces romántica. 
Y resucitan los tiempos 
del amor en las ventanas, 
el cuchillo en la cintura, 
la canción y la guitarra. 
En los primero de Mayo 
llamean por tus calzadas 
banderas rojas que gritan 
sus protestas sin palabras. 
Y, encendidas de canciones 
y enjoyadas de esperanzas, 
pasan creando el futuro 
muchedumbres proletarias. 

Hace veinte años que vivo 
en la calle Rivadavia. 
¡Si habré salido a la puerta 
a que el sol me dé en la cara! 

Yo no conozco otro patio 
que esta vereda tan ancha, 
donde jugué cuando pibe 
con los chicos de la cuadra. 
Y arrimado a este arbolito, 
sentí las primeras ráfagas 
de inquietud que me traían 
las mujeres que pasaban... 
Sobre estas mismas baldosas 
dejé caer la mirada 
cuando a entoldarse de angustia 
mi pobre pecho empezaba. 
Todo: ensueños y proyectos, 
alegrías y esperanzas, 
me los mataron los autos 
de la calle Rivadavia... 

PEQUEÑA TRAGEDIA URBANA 

La pantalonera se murió en la calle. 
Pasó el automóvil de un rico magnate, 
con tacos de goma, silencioso... Nadie 
lo oyó que llegaba. Gritos. Pitos. Sangre. 
La pantalonera se murió en la calle. 
Como al otro día del taller faltase, 
tuvo un cartelito la puerta de calle 
con estas palabras: “Hay una vacante”. 

A UN BUZÓN DE UN BARRIO CÉNTRICO 

Viejo amigo Buzón, petizo y ñato, 
me inspiras compasión 
clavado en la pared. ¡Lugar ingrato 
para tu ministerio de Buzón!

Me imagino el dolor y la tortura 
de nutrirte con cartas comerciales, 
catálogos, facturas, memoriales... 
¡Qué opinarás de la literatura! 

Buzón hermano: Yo en verdad te digo 
que tengo el más cristiano y puro móvil: 
cuando venga el cartero en automóvil 
y te meta la llave en el ombligo 
y te cambie el estómago de trapo; 
le gritaré: Cartero, ¡por favor!: 
¡lléveselo al suburbio, que su boca de sapo 
no conoce las mieles de las cartas de amor!... 

I — LA LLUVIA SUGESTIVA 

Del vidrio para afuera 
la lluvia está cayendo. 
Ella y yo la miramos 
del vidrio para adentro. 

La lluvia se deshace 
sobre el gris pavimento 
y despeina a los árboles, 
desnudos bajo el cielo. 

Sin pensar, pensativos 
nos estamos poniendo; 
el agua de la lluvia 
nos hunde en el silencio. 

—¿En qué piensas?... —En nada. 
¿Y tú?... —Si yo no pienso... 
(El agua de la lluvia 
lava los pensamientos). 

Mamá junto a nosotros, 
nos contempla sonriendo. 
Y pensará: “¡Este hijo! 
Si querrá darle un beso...” 

Madre que me conoces 
apasionado y tierno, 
tu pensamiento casto 
me ha encendido un deseo. 

Ella lo ha comprendido, 
me ha mirado sonriendo, 
y, bajando la vista, 
jadearon sus pechos... 

de Un poeta en la ciudad

Gustavo Angel Riccio nació en el año 1900 muere a los 26 años en 1927,  fue el único poeta del grupo literario Boedo y el más joven. Formaban este grupo:  Alvaro Yunque, Elias Castenuovo, Roberto Arlt, Roberto Mariani, César Tiempo, entre otros, quienes captaron las "Ideas y Criticas" de Rafael Barret junto con los ideales socialistas y anarquistas de la época.
Fue poeta, periodista, narrador, traductor y por sobre todas las cosas fue un hombre bueno. Así se lo recuerda. Dejó una "Antología de Versos para Niños" orientandolos hacia la bondad.
Dueño de una considerable erudición, contaba entre sus amigos con la simpatía de Enrique y Raúl Gonzalez Tuñon, Nicolás Olivari, Leónidas Barletta, y el editor Antonio Zamora.
Amó la literatura, la música y la poesía.Beethoven lo extasiaba y a Evaristo Carriego adoraba.                 
Lubrano Zas, su único biógrafo,  le dedicó un hermoso libro que lo revalorizó en el mundo de la poesía, impidiendo que caiga en el más absoluto olvido, mostrando en sus cartas a Teófilo Olmos, a Ernesto Morales, a Aristóbulo Echegaray y a su mecenas , mentor y maestro Alvaro Yunque, su ternura, su amor, y su dolor.
Gustavo nos enseñó que ser poeta no era solamente hacer versos lindos como mariposas, sino que era una fórmula donde el amor, la bondad y la belleza pueden transformar la vida en algo más precioso.
La bondad fue para este poeta, algo así como la síntesis de la perfección humana. 

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