FLORENCIO VARELA


Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, (Argentina) 1807 - Montevideo, Uruguay, 1848

LA CONCORDIA 

Dch late un corpo sul di membri amie!, 
Fate un capo che gl! altri iudxizzi e frene. 

(Gi-nisalcmme lilerata.) 

¡ Ay ! proteje, Señor, tu hermosa hechura ! 
Por tí este pueblo sacudiera el yugo 

De servidumbre dura; 
Y, en tu inmensa bondad, al fin te plugo 
 Darle nueva existencia, 
Y llamarle a gozar de independencia. 

No abandones jamas la tierna planta 
Al furor de los vientos, cuando apenas 
 Lozana se levanta. 
Libra á tu pueblo, ¡ oh Dios ! de las escenas 

De discordia inhumana, 
Que destruyen la tierra americana. 
 Si en merecida pena a sus delitos, 
Impuso tu justicia á otras naciones 

Los males infinitos 
Que traen las fraternales disensiones, 
 El pueblo del Oriente, 
Como recién nacido, es inocente. 

Sálvale, por piedad: no se marchiten 
Jamas sus esperanzas deliciosas; 
 Sin fin en él habiten 
La concordia y la paz, hijas dichosas 

De la virtud, consuelo 
Al hombre justo, dado por el cielo. 
 A su sombra benéfica florecen 
 Las ciencias y las artes bienhechoras; 

Los pueblos se engrandecen, 
Llenos de vida; y leyes protectoras 
La perfección alcanzan 

Y moderada libertad afianzan. 
 La concordia es la fuente más fecunda 
De los bienes que gozan los humanos; 

Y como el sol inunda 
 Con su fulgor las cumbres y los llanos, 
 lilla con su influencia 
A todo sabe dar nueva existencia. 

Al verla se despeñan al abismo 
 La ambición prepotente, la ignorancia, 
 El ciego fanatismo, 
La sacrílega y ruda intolerancia, 
 Y todos los errores 
 Que las pasiones traen con sus furores. 

Ella fué la que un dia dio renombré 
A mi patria: por ella el universo 
Veneraba su nombre, 
 Y la historia veraz y el rico verso 

En página divina 
Honraron la República Argentina. 
 El cielo la robó tanta ventura. 
Llanto y respeto á su fatal estrella; 
 Y el que, con lengua impura, 
Se atreva mancillar su faina bella, 

Y su desgracia insulte, 
En el profundo averno se sepulte. 
 Sus malos evitad, hijos de Oriente, 
De la concordia al delicioso abrazo 
 Volad alegremente: 
Él os estreche con perpetuo lazo, 

Ahogando en vuestra orilla 
De la anarquía la letal semilla. 

La madre entonces besará tranquila 
Al hijo de su amor, sin que la muerte 
 De la rebelde fila 
Se lo arrebate en flor, y á dura suerte 
 Su ancianidad condene, 
 Y de amargura y de dolor la llene. 

Ni temerá el colono que inclemente 
El soldado feroz sus mieses tale, 
 Dejando solamente 
La negra huella que el furor señale; 
 Y de pueblos cubiertos 
Los campos se verán que hoy son desiertos. 

Mis votos oye, ; oh Dios omnipotente ! 
 Y una familia sola reunida 
 Forma en el rico Oriente, 
Que á leyes paternales sometida, 
 La peligrosa rienda 
Nunca usurpar con crímenes pretenda. 

Ampara tú su juventud dichosa, 
 Y hostias de paz adornen tus altares; 
 Con mano bondadosa 
Vierte sobre ella dones á millares 
 De la gloria y ventura. 
¡ Ay ! protege, Señor, tu hermosa hechura !



Florencio Varela  fue un escritorperiodistapolítico y educador argentino. En su juventud fue poeta, se le atribuyen varias composiciones y una obra dramática. Se desempeñó como diplomático a favor de los intereses unitarios en el exilio luchando contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas. En  París se entrevistó con José de San Martín, a quién le atribuyó en su diario de viaje fuertes sentimientos antirrosistas, que sin embargo contrastan vivamente con lo expresado por el mismo San Martín, quien felicito a Rosas por la defensa del territorio nacional durante la Guerra del Paraná en los episodios de La Vuelta de Obligado. Con la entrega de su sable sello su apoyo a Juan Manuel de Rosas.

De regreso a Montevideo, Varela fue asesinado, recibiendo una puñalada por la espalda, en el momento de llegar a su casa. Fue su asesino Andrés Cabrera quien años más tarde fue juzgado y declaró haber sido enviado por el ejército sitiador. La muerte de Varela fue un duelo para los unitarios entre quienes se vivió como una calamidad política. No todos sus familiares retornaron a la Argentina después del fin de la Guerra Grande en 1852, su hermano Jacobo permaneció en Uruguay y fue el padre de José Pedro Varela, el reformador de la escuela uruguaya.


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