EUGENIO MAJUL


Buenos Aires-Argentina, 1921



ALGUIEN

Tango, 1956



¿De sal?... ¿de miel?... ¿de qué?
mi boca se impregnó,
tentada por tus besos.
¿De sal?... ¿de miel?... ¡no sé!,
lo nuestro se quebró,
¡fetiche, al fin, de yeso!
Duele pensar que Dios nos llamará,
que el tiempo se nos va... ¡cortón, igual que un rezo!
¡Amar... sufrir... rodar;
no hallar el buen amor
y hastiarse de esperar!

La calle me dio tu vida,
¡pasabas sola y herida!...
¡No sé por qué te amé... no sé por qué!;
acaso, porque en alguien busqué encontrarme...
¡En alguien... que me quisiera!
¡En alguien... que me creyera!
¡Hubo una esquina, tú pasabas con tu mal;
te quise y fue mi amor... fatal!

Ya ves, recién... tú y yo
rasgamos ese tul
tan triste como vano.
Ya ves, recién voló
la mariposa azul
del sueño más cercano.
Fue torpe y cruel la juventud tirar,
y en el ocaso ya, buscar dos blancas manos.
¡Vivir... soñar... sentir
el barro a nuestros pies,
y en él los pies hundir!

CON LAS MANOS VACÍAS
Tango

Hoy me siento triste, torpe y raro,
abrumado por tu ausencia
que es, al fin, llaga y calvario,
junto al abismo de mi pena, duele todo;
no te olvido ni un instante,
¡sangra el alba y aún te nombro!
Ya no tengo amigos y me encierro
para hablar, solo en mi cuarto,
con mi almohada y con mis versos.

Con las manos vacías
y en un llanto de muerte
que sabe mi angustia, me voy de la vida.
Con las manos vacías
de las tuyas, ausentes,
postrado a mis ansias, mi fe se hace astillas...
Y la lluvia golpea otra vez
—como tú, suavemente... hasta ayer—
en mi ventana... triste porque estás lejos
de mi vida y de mi acento,
de mi munto torvo y cruel.
¡Con las manos vacías
de las manos de Dios,
duelen más las heridas
que tu amor encendió!

Quién serás ahora por tu rumbo,
por el vuelo despiadado
que forjó tu pobre mundo.
En el ocaso más oscuro y más sangriento
mi cabeza blanca llora
las mil nieves de su invierno.
Todo me fue adverso tras tus rosas
y si tuve algún halago
fue en tu adiós... espina y sombra.

CADA PALABRA TUYA
Tango 1958

No he de decir tu nombre en este tango
aunque sangren mis labios con tu nombre
y todo me reproche que al callarlo
ignores que te quiero más que entonces.
He vuelto al parque hoy con mis tristezas,
siempre el amor aquí... la vida sigue,
setiembre regresó en las flores nuevas
y no en tu dulce voz inconfundible.

Cada palabra tuya, cada gesto;
cada palabra tuya vibra aún,
aquéllas que dejabas con tus besos
cuando aquí, en este banco, era lo nuestro
un río de proyectos y de luz.
Cada palabra tuya era la vida,
era la lluvia cierta de tu amor:
ya entrecierro los ojos para oírlas
y verte una vez más aunque enseguida
te pierdas en las brumas de otro adiós.

La soledad del parque se acentúa,
es muy tarde y está cambiando el tiempo,
recojo una ramita y con la punta
dibujo tu perfil junto a un cantero.
Lo borra ya la lluvia en un instante,
un cielo gris ahonda mi nostalgia:
no queda nadie aquí, no queda nadie,
tampoco hay nadie, al fin, allá en mi casa.

UNICA
Tango 

¡Única tú,
en mi existencia al fin,
golpeada por mil vientos!
¡Única tú,
porque supiste ser
canción y rosa y beso!

¡Única tú,
por tu resignación,
por tu honda fe en mi amor y en mí!
Porque no sé olvidar
que en el instante gris
me amaste más y más.

¡Única tú,
pequeña y tibia hoy,
graciosa y tibia siempre!
Dulce rumor,
con aires de la flor,
que a mi me gusta más.

¡Única tú,
aquí en mi corazón,
que sólo en ti logró la sed calmar!
¡Única tú,
aquí en mi corazón
y para siempre o más!

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