CARLOS DE LA PÚA


La Plata-Argentina, 1898 - 1950

BARRIO ONCE

Para vos, Barrio Once, este verso emotivo
con un cacho grandote de cielo de rayuela.
Yo soy aquel muchacho, el fulback de Sportivo
Glorias a Jorge Newbery, que alborotó la escuela.

Yo soy aquel que al rango no erraba culadera,
que hizo formidables proezas de billarda.
Rompedor de faroles con mi vieja gomera,
tuve dos enemigos: los botones y el guarda.
Y, los bolsillos bolsas de bochones y miga,
 llené toda la calle de repes y de chante.
¡Mi bolita lechera!... ¿Dónde andarás, amiga?
¡Y aquella mil colores, cachusa y atorrante!

Se fueron con el viejo pepino corralero,
 el terror de los trompos, mi trovero baqueano.
Partía las cascarrias con su púa de acero
y a las chicas del barrio les zumbaba en la mano.

 Se fueron con los cinco carozos de damasco
 de mi ainenti querido... ¡Payanita primera!
Si te habremos jugado con el grone y el vasco
y con Casimba, el hijo de la bicicletera.
  
Barrio mío, donde garabatié con tiza
 robada del colegio: ¡Yo la quiero a Adelita!
¡Abajo el Cachirulo! ¡Boicot al Pataliza!
El que le lee esto es un... Toto afila con Lita.
  
Barrio mío, donde quedara abandonado
 el simbólico tejo diezañero y querido,
hoy -que en esta quiniela del vivir voy sobrado-
tu recuerdo me abuena como un verso sentido.

Tu recuerdo es el gol que me da la victoria...
 Porque he jugado mucho, miro claro la vida...
Barrio mío, en tus calles, está toda mi historia.
Es una piedra-libre y una gata-parida.

PUENTE ALSINA

Puente Alsina,
 sos como un tajo en la jeta de la ciudad.
En tus organitos se añejan los tangos
y te comés la cana por capacidad, 
como los guapos.

Viejo Puente
 donde se engrupen el dolor y el amor
con aguardiente.

 Boliche del Mostrador,
 donde nunca ha tomado un delator
ni un alcagüete. 

 Puente Alsina, 
 sos el cuadro bravo de la ciudad
y, aunque en tus esquinas se destiñe el piropo,
en tus chatas cadeneras todavía llevás
el nombre de la grela que te quiso un poco.
  
Academia del fango,
 colegio del reaje,
donde tus hombres aprendieron a multiplicar el coraje
y tus minas a deletrear el tango.

 Puente Alsina,
 de la uña cachusa
a fuerza de probar el filo de los puñales,
para la chiruzada de tus barriales
cantó ya la lechuza.


BAJO BELGRANO

Barrio de timba fuerte y acomodo,
 pasional de guitarras altiyeras,
yo he volcado el codo
de todas tus esquinas
con una potranca rea, Josefina,
que hoy se inscribe en los hándicaps de fondo.

Bajo Belgrano, sos un monte crioyo
 tayado entre las patas de los pingos.
Creyente y jugador, palmás el royo,
rezando y taureando
en la misa burrera del domingo.

 Y antes que porteño sos crioyo viejo
 y barajás veinte palabras en inglés
-pursang, race, horse, pedigreé-,
salpicadas de aracas y canejos.

 Patios de stud
 curados de valsecitos viejos
y de tangos del sud
que vienen tirando la bronca desde lejos.

Portones
 con ramos de morochas
a punto de dulzura.
Yo sé de una... ¡me cacho!,
prepotente y diquera,
que lleva la mirada de todos los machos
en la cintura,
como un revuelo de moscas bosteras.

Bajo Belgrano
 patria del portón,
sos un barrio
querendón.

 Y regalás a las pibas estuleras,
 que se pasan bordando los mandiles
para el crack que después resulta un cuco,
el ramito de flores oriyeras
que crece en la maceta de tus trucos.


LOS BUEYES
  
Vinieron de Italia, tenían veinte años,
con un bagayito por toda fortuna
y, sin aliviadas, entre desengaños,
llegaron a viejos sin ventaja alguna.

Mas nunca a sus labios los abrió el reproche.
 Siempre consecuentes, siempre laburando,
pasaron los días, pasaban las noches
el viejo en la fragua, la vieja lavando.

Vinieron los hijos. ¡Todos malandrinos!
 Vinieron las hijas. ¡Todas engrupidas!
Ellos son borrachos, chorros, asesinos,
y ellas, las mujeres, están en la vida.

Y los pobres viejos, siempre trabajando,
 nunca para el yugo se encontraron flojos;
pero a veces, sola, cuando está lavando,
a la vieja el llanto le quema los ojos.

LANGALAY

Vivió sacándole punta al coraje.
 Prepotente y cabrero,
le gustaba clasificar los puntos del reaje,
y a los que no sabían guapear
les ponía cero.
Conocía el santo y seña del cuchiyo,
usaba taco alto
y escupía por el colmiyo.
Del cogote, como un escapulario,
le colgaba un prontuario
de avería.
(Al barrio de Las Ranas
hizo temblar con sus macanas.)
Hoy el progreso lo empujó para Villa Madero.
Una mina con cancha le sacó las virutas de cabrero
y el amor al hijo lo hizo amainar.
Sólo conserva de recuerdo un suncho
grabado en la tarimba de un plenario
con estas ocho letras bravas:
Langalay.

Carlos de la Púa, cuyo nombre original fue Carlos Raúl Muñoz y Pérez fue un poeta y periodista argentino, también conocido como el Malevo Muñoz. Publicó dos libros, uno de narrativa, totalmente perdido que se llamó "El sapo violeta" y otro de poesía llamado La crencha engrasada, y fue uno de los máximos exponentes del lunfardo. Amigo de Gardel, de Raúl González Tuñón (a quien llamaba el otro poeta suburbano) y de otros intelectuales y artistas de la época como Nicolás OlivariJorge Luis BorgesEnrique González TuñónAníbal TroiloRoberto ArltEnrique Cadícamo, frecuentaba los más bajos fondos del Buenos Aires de entonces. Se basaba en estibadores portuarios, obreros de todos los oficios, delincuentes, prostitutas, personajes de la noche, que luego pasaban a sus versos en el lenguaje natural de ese mundo marginal. Sus poemas están escritos en lunfardo
Fue enterrado en el Cementerio de la Recoleta, donde Cátulo Castillo lo despidió con las siguientes
palabras: Este personaje fabuloso en nuestra admiración se fue por una absurda escotilla hurtándose a sí mismo, privando a la ciudad de un porteño convicto y confeso de la poesía lunfardesca.


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