ANDRÉS CEPEDA


Coronel Brandsen, Buenos Aires-Argentina,1879 -1910


EL ALMOHADÓN

Vals


Una mano despiadada

tal vez con maldad profunda

vino a romper a la funda
de mi querido almohadón.
Me causó tanta tristeza
al contemplar la rotura
que se llena de amargura
mi sensible corazón.

Me entristezco porque en ella

acaricié dulcemente
yo con cariño ferviente
un semblante juvenil,
en ella aspiré el ambiente
de su boca tan preciosa
perfumada cual la rosa
de una mañana de abril.



En esa funda querida

donde se han marcado flores
alcancé de sus amores
el fruto que ambicioné;
allí reclinó la frente
ella como un tierno niño
y yo con dulce cariño
en los labios la besé.



En ella pude extasiarme

contemplándola dormida
a la mujer que en la vida
supo endulzar mi dolor
escuchando al despertar
de sus labios purpurinos
como de un ave los trinos
bellas palabras de amor.


Pobre funda tú que fuiste

de mi amor la confidente
vino esa mano inclemente
tu tejido a desgarrar,
mas como eres insensible
y nada sabes mentir
así te dejas herir
sin una queja exhalar.


Tú perdonarla no puedes

a la mano que te ha herido
porque eres débil tejido
y no tienes corazón,
mas yo que tengo un alma
donde no existen rencores
sufro por ti los dolores
y por ti doy el perdón.


LOS PENSAMIENTOS

Canción

Sobre el lecho de agonía

cayó como flor tronchada,
por el viento deshojada
y su frescura perdió,
y cual exhala el perfume
del cáliz el lirio hermoso
de su pecho primoroso
su alma angelical voló.

Recuerdo que al exhalar

serena el último aliento
con suave y triste acento
a su lado me llevó;
su bello rostro cubrió
la palidez de la muerte
y con mano casi inerte
dos pensamientos me dio.



Y me dijo: Dulce amigo

solo en el mundo te dejo
del valle triste me alejo
para no verte jamás
hasta que llegue el instante
de oír de Dios los acentos,
conserva estos pensamientos
¡Y no me olvides jamás!



Ese pensamiento mustio

donde la muerte en el lecho
lo conservo yo en mi pecho
como sacro talismán;
porque se halla impregnado
del espíritu visible
de un alma pura y sensible
que calma mi triste afán.

Yo venero con el alma

la religión de la muerte
y en tu sepultura inerte
llanto y flores derramé;
y entre manojos de flores
llanto dejé allí a millares
y entre blancos azahares
pensamientos coloqué.

Yo venero aquel sepulturero

de la cándida María
mis ojos vieron un día
dos pensamientos brotar
el huracán tan violento,
que deshojó un pensamiento
para uno solo quedar.


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