SERGIO BADILLA CASTILLO


Valparaíso- Chile, 1947


PLENILUNIO


La cabellera le cae con donaire hasta los hombros desnudos 
tierna 
la combadura de su torso en mi torso 
la aviparda que vuela entre los pinos cercanos desconoce territorios 
de enredaderas y de piedras 
zumba hasta el dominio de la almohada un abejorro que se pierde 
entre las mieses 
mis manos reconocen el relieve terso de tu carne 
la redondez trasera 
en ese atolondrado abalanzarse a la trinchera enemiga 
sin ánimo de victoria 
Esa húmeda profundidad de doncella inmaculada disciplina al besamanos 
para otra arremetida seminaria 
semidormido semidiós lleno de tu fragancia te susurraré contento 
mía la mujer que no era mía 
con su erguida dorsalidad tu aún soñoliente cuerpo 
se refrenda se contigua en mi calma 
fruitiva mía 
hermosa mía 
te escuché gemir de madrugada

DISCURSO DE INICIADO

Mis pupilas atrapan con dificultad la profanía del tiempo 
la fugacidad de un destello que revela la exactitud de la vida 
la palabrería inmediata del vocablo inacabado 
Una sombra más ocupa la extensión desconocida de este viejo laberinto 
Hay cercanía cerebral con los objetos 
una impresión tactable 
tangible con desnudez de dedos prontos 
un sentimiento de universalidad dactilar lleno de ditirambos y goces 
una genética caducidad en una ciudad perversa 
al borde de un barranco que deslinda con la más pronta muerte 
Pierdo la voz ante la náusea repentina 
accedo como cofrade al ara que me será prohibida en los años 
La hermosura nupcial ya fue consumada hasta la sangre misma, en ella 
que más se pudo colegir en tanto exceso 
en su insistencia de procrear a la luz remitente de unos pocos candelabros 
en lumbre mezquina contra lumbre encendida de belleza 
Las palabras me espasman indecisas el aliento 
me perlan la intimidad de humores en la certitud del cuerpo 
Mis pupilas se revelan ante la escasa lumbrería 
la fúgida apariencia de un resplandor equívoco 
amengua aún más la sensación de vida 
Los recuerdos se aglutinan 
amontonan la torpeza vivida 
como una vieja lumia callejera que no tiene lugar donde yacer
La historia se repite con escasez de lágrimas 
La quietud de los parientes es ritual agónico 
hace que se sienta como sopla el viento afuera en la escollera 
Los maeses no vendrán por el camino de arcilla, contendrán sus 
rogativas sectarias en las inmediaciones del templo 
súplica tras súplica hasta sellar de secreto los decires 
El mandil tendrá colores y emblemas de albañiles 
el Oriente se abrirá diáfano entre las altas cumbres 
Las duelas de las cubas dejarán goterar el vino dulce 
tal vez un último ágape seguirá insomne la fiesta 
un postrero escanciar de copas fraternales 
ni escápula quebrada al iniciado abrazo 
ni adustez de sueño largo ni rigidez de condenado 
Se ha cumplido el plazo de esta austera residencia

CAREZZA

Llega por fin la noche 
la castidad es errática para especímenes en vías de extinción como tú 
y yo Claudia 
criaturas celestes de Santiago 
serafines alados de la capital 
de un país en ruina 
El daguerrotipo nutre la oscura sepia con la aminorada luz que entra 
de la calle 
la escena en la penumbra se trasgrede en una tosca urbanidad 
El torrente fluye germinal debajo de la piel 
palpita 
se deshonesta 
se contamina 
tensa la espera detrás de la mirada intensa 
Urge entonces la musculatura 
se yergue 
para perpetuar el linaje del animal en celo 
la carne se impudicia 
se demencia en la calma 
se antigua la razonada caricia mi obcecada doncella, el arte de 
amar es el arte final de un frugífero vientre 
un mérito frugal de descendientes que van y vienen 
un despertar cualquiera ante un púdico 
día de verano

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