SALVADOR REYES CERECEDA

 Chile, 1899-1970

NOCTURNO


Más crecida que mi voluntad,
noche, derivas por tu río de estrellas.
Recién desembarcados de ti,
me cercan rostros innombrables.
Noche, comedora de vidas y de cantos,
tu manada de ojos voraces aúlla en el miedo.
Cuando te pliegas, hoja manuscrita de muerte,
la palabra juventud se desliza
lo mismo que un pez entre los días.
Mi corazón se encuentra abandonado
desde un tiempo sin tiempo
y para entrar a ti
yo sólo tengo este corazón con su pobre lágrima
y su iluminación desconocida.
A tu playa de sombra todo viene a morir
y yo, tal vez, no soy sino un muerto entre tus muertos.
Mis ojos se cansaron de seguir perfiles que tú robas;
al amor tú lo hiciste pesado
con tu espera inmutable y tu continua presencia,
con tu greda azul donde se amasan estrellas y tumbas
Tú sola persistes, noche. En tu gran casa de milagro
el sueño cuelga sus lámparas alucinantes.
Esfinge de orejas puntudas y lengua golosa,
tendida sobre las mujeres, lames el secreto de su cuerpo.
Y nada das en cambio.
Tu corriente de astros ahonda el cauce de mi soledad.
Tu aliento es el ritmo del mar. Embriaga mi alma,
y al fin cierras mi vida con tu cruz como un sello perfecto.

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