FERNANDO BINVIGNAT


Coquimbo, Chile, 1903 - 1977


LA OLA


La ola de otra ola paralela,
rueda enhebrando su hialino encaje;
y el fugaz azahar de su ramaje
es un eterno juego de acuarela.

Y entre la flor inmarchitable riela
una canción de celestial linaje,
una canción de proa en el soñar del viaje,
canción de remos de dorada estela.

Abre la playa su bruñido lecho
de la luciente arena agradecida,
como quien a la muerte se abre el pecho.

Y huye la ola por la tarde herida
cual la ventisca de un jazmín deshecho,
como el pañuelo de la despedida.

LA MUERTE DE LA PALOMA

Una paloma se murió, ¡Dios mio!
Como una rosa yace sobre el prado.
Por ella el día amaneció nublado
y está llorando de dolor y frío.

Tiene el coral del corazón vacío.
La vena de su arrullo se ha secado
y en su plumaje de fulgor nevado
el cielo se desangra de rocío.

La hierba se le ofrece en verde cuna
para que duerma su quietud de luna
y el jazminero le dará su aroma,

a fin de que hecha flor en Dios despierte
y se olvide del trance de su muerte,
de su temprana muerte de paloma.

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