DIEGO BARROS ORTIZ


Viena-Alemania, 1908-Chile, 1990


ROMANCE DEL CAPITAN Y LAS ESTRELLAS

Anda a arrear, Capitán, las estrellas
que está amaneciendo.
Ya pasó la furia de los vientos
y hay que ir a rodear.
El rebaño tirita de frío
metido en la noche.
¡Partid, Capitán!
Trae el día los lobos del alba,
y están por llegar.
El rebaño de estrellas peligra,
botado al azar.
¿Qué será con las noches oscuras
si no lo defiendes,
audaz Capitán?
Una noche, pastor de los cielos,
no fuiste a volar.
Esa noche aullaron los vientos
su soledad.
Yo no sé con qué anclas fondearon
tu loca inquietud,
que esa vez se ha quedado la noche,
sin lumbre ni azul.
81Anda a arrear, Capitán, las estrellas
que está amaneciendo.
¡Partid, Capitán!
Coge el blanco cayado de nubes
y la flauta de viento y cristal
y conduce al rebaño celeste
por las anchas praderas del mar.


DESPEDIDA

(Canción)



Déjame, madre, déjame que vaya;

me llaman desde lejos los caminos
y hay para mí dos alas en la playa
que esperan mi inquietud de peregrino.




Déjame, madre, ir, tal vez un día

regrese, como ayer cantando siempre
para borrar tu pena, que es la mía
y este enorme cansancio de mi frente.




Déjame, madre, ir, y si no vuelvo

será porque mi senda se ha perdido
a la otra, más grande, luminosa y distante
donde vagan las almas de los seres perdidos.




Entonces, recordad los pobres versos

que yo escribí y que sentiste tanto.
Se detendrán mis alas en el viento
y empaparé mis alas en tu llanto.

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