BORIS CALDERON

 San Bernardo-Chile, 1934-62

AQUELLA NOCHE


Aquella noche
no eras la misma, de las alas
verdes.
Tu podredumbre tocaba el fondo de mis ojos
envolviéndome en círculos letales.
Descarnadas aves volteaban junto a mí.
La inexperta, la negra, me invitaba al festín,
tocando mis hombros con sus alas de topacio.
¡Oh! ¡Su piel de vidrio
caminando sobre los huesos vacíos!
Yo estaba deshecho;
una piedra azul en mi garganta.
La frente cubierta de ceniza,
transfigurado por la huida.
¡Cómo despertar! ¡Oh, dioses de espanto!
¡Cómo despertar!
Una luna de asfalto caía a pedazos
sobre los flancos viscosos,
Me atisbaba
a través de los ojos del monstruo.
Mis huellas se hundían
al fondo de los planetas.
¡Huye! ¡Huye! Ululaba riendo,
la soledad empequeñece el espacio.
219Vamos al hermoso patíbulo
asediado de orquídeas
tendrás una muralla para tus ojos
y un pantano para que goces con tu amada.
Os daré dos arañas para vuestros dedos.
Eres el elegido, sígueme, sígueme.
Tardamos, lobo triste
mañana es el gran festín.
¡Oh!, lobo lejano, sígueme,
que la novia espera, con su sexo de tumba.

LA LUZ ESTÁ ROTA BAJO MI PIEL

A la sombra de los astros,
bajo los grandes leprosarios del invierno,
Me has esperado siempre
Desde que eres cruz de ébano.
Desorbitado de fantasmas, enloquecido,
Vago por túneles de cristal hacia los acantilados,
Te busco, para disolverme en tí como la música del
vicio
Quiero encontrarte gimiendo,
Antes que precipites el alba en la oquedad de mis fauces;
¿Dudas todavía ser flor de los abismos?
Pienso que seguirás siendo de ébano
Como cuando Dios convulso aulló: ¡Hágase la luz!
Debes ignorar que tras el horizonte
Hay una catástrofe de columnas y planetas enloquecidos,
Y que aún dista la selva de nelumbios.
¡Ay! amada, ¡Isla de Anémonas, Joya de Espanto!
¡Arroja sobre el océano tus cánticos de oro!
¡Desgarra mi corazón en el crepúsculo!
Toca tus ojos con el azufre de mis alas negras
Y verás revolcarse la tragedia del opio.
Allí, desesperados frente a la eternidad,
Solos frente a los mares de amatista,
Cuando se hunda el ocaso como una nave de espanto.
Pálidos y en silencio, enterraremos la belleza.

NO SONIDO DEL DELIRIO FANTASMA


Hacia dónde huimos, arrancándonos las carnes?
Acosados de tinieblas. Perseguidos.
¿Hacia dónde? Gris del ángel.
En el Más Allá tras el llanto de las hienas,
Con un junco de oro entre sus manos descarnadas
Dios sacude y abre para siempre
La eternidad de nuestros ataúdes.
¡Cómo te amo!
¡Cómo un tumulto de moscas afiebradas
Encienden mi delirio!
Más, ¡oh! Bellas esclavas de la noche,
¿Por qué habéis adornado mi frente lacerada
Con guirnaldas de serpiente?
¿Porqué, malditas?
La noche en ella se ha posado verde
Y me muerde su color sin límite,
Me enloquece su color caído,
Su verde devorado por la muerte.
Mientras, alejada, todo cambia, todo muere,
Tu diadema de crótalos,
Tus cristales enlodados y tu llanto.
Todo ha muerto, Deshojada, todo ha verde
Y caído para siempre en el sonido.

* De "El Canto de las Bocas Muertas", 1955 – Exaltación del Suicidio
http://derokha.blogspot.com/2009/07/poemas-de-boris-calderon.html

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