AUGUSTO SANTELICES


Vichuquén-Chile, 1907 - 1980


LA BOTELLA

Oh, Señora, oh, Botella
del corazón ardido de soles y de estrellas.
Salud de los enfermos, compañía del viudo,
de los tristes, sonrisa, y del huérfano, hermano,
pan del hambriento , abrigo del desnudo,
sol en invierno, sombra en el verano,
faro en el desamparo, lámpara de fiestas,
a tu pie se doblegan las testas más enhiestas.
Con tu gorra dorada, tus sellos, tus cordones,
eres como una fiesta de condecoraciones,
eres un mariscal que ganó en cien batallas
una gloria de cintas, de cruces y medallas,
y al saltar el tapón tu derroche de espumas
tiene todo el prestigio de un penacho de plumas.
Oh, licor de los astros, milagroso rocío,
lágrima de los dioses que se alargó en un río,
cuando miro entre sueños las filas de botellas
me parece una ronda de núbiles doncellas:
las de los vinos blancos, como princesas rubias;
las de los vinos tintos, como esclavas de Nubia.
Oh, Señora, oh, Botella,
los caminos del mundo se alumbran con tu estrella,
lámpara de Aladino,
79en tu fuego se funden lo humano y lo divino,
barco de la Fortuna,
en tu equipaje iremos un día hasta la luna.
Y era un país divino
donde el agua, la sangre y la savia es el vino,
donde el mar y los ríos, los lagos y las fuentes
son plenos de aguardiente;
donde en los campos solos, besando las estrellas,
se yerguen alamedas de pálidas botellas.
Donde las dulces niñas
antes de pedir novio pedían una viña;
en donde las señoras se daban grandes farras
a la sombra ideal de las hojas de parra;
donde el sultán tenía once mil odaliscas
que por falta de whisky se iban poniendo bizcas.
País celeste de la dicha,
donde llovía chicha;
donde era el mar de vino
y yo sobre un tonel era marino.
País en donde el agua
nunca la conocieron ni las guaguas,
y en donde hasta la sopa
la servían en copa.
Donde era cosa llana
apagar los incendios con una damajuana;
donde, en lugar del casco,
los heroicos bomberos se ponían un frasco.
Donde admiten los Bancos
depósitos en tinto, sobregiros en blanco;
donde soy tesorero de un centro peregrino
donde todas las cuotas se cancelan en vino.
Y donde el jardinero, sólo por darse tono,
riega las flores con "Anís del mono"

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