ATANASIO FET



Novoselki, población cercana a Mtsensk, (Rusia), 1820-Moscú, 1892. 

AQUÍ ESTOY...


Aquí estoy para contarte
que ya se levanta el sol
y que su luz ardorosa
pone en las hojas temblor; 
que ya se despierta el bosque
 —cada rama se despierta—
 y ansiosos de primavera
 los pájaros ya se inquietan;
 contarte que hoy, como ayer,
 la misma pasión me llena
 y que mi alma, como siempre,
 para servirte se apresta;
 contarte que en todas partes
 hay un soplo de alegría,
 y aunque no sé qué contar,
 hay canto en el alma mía.

MURMULLO...

 Murmullo. Tímido aliento.
 Gorjeos de ruiseñor.
 Plata cuajada en rizos
 el dormido hontanar.
 Nocturnas luces, sombras nocturnas,
 sombras sin fin.

 Mil transiciones inusitadas
 en los encantos del rostro amado.
 Allá, en aquellas nubes humosas,
 primeras tintas púrpura y ámbar.
 ¡Besos y lágrimas: amanecer!...

 EN VANO

En vano:
 dondequiera miro fracasos encuentro.
 Me duele en el alma mentir a toda hora.
 Mientras te sonrío, lloro en mis adentros,
 en vano.

 La cita...

 Rompe aquella copa: hallarás la esperanza
 que va prolongando, acentuando el dolor.
 En la vida triste, una triste ilusión:
 la cita.

 ¡La separación!

 ¡Qué tormentos tiene que soportar el alma!
 A menudo basta la alusión del dolor.
 Aquí estoy perdido, sin poder comprender
 la separación.

TENGO AQUÍ EN EL ALMA...

 Tengo aquí en el alma, ya vieja y gastada,
 un templo sagrado en eterna clausura,
 donde guardo todo lo que mi destino
 me supo brindar de alegría y ventura.

 Está para el mundo vedado el sendero
 que lleva hacia aquel inviolado retiro,
 y preferiría cortarme la lengua
 antes que franquear el secreto camino.

 Explícame, ¿cómo desde el primer día,
 —día que tan lejos está para mí—
 tan insinuante, tan clara y segura,
 has podido tú penetrar hasta allí?

LLEGÓ LA PRIMAVERA


 ¡Cómo respira el pecho pleno y fresco -
 nadie podría explicarlo con palabras!
 ¡Cómo al mediodía, los arroyos ruidosos,
 saltan de los barrancos hacia la espuma!

 Una canción tiembla y se derrite en el aire.
 En la gleba verdece el centeno -
 y una delicada voz repite:
 "¡Aún sobrevivirás otra primavera!"

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