ALBERTO RUBIO BIESCO


Chile, 1928-2002


MUCHACHA CONTRA-SOL


Muchacha contra-sol, solar, dominadora.
Cielo propio tus ojos, rayos rubios tus brazos.
Lejano el sol de invierno te niega débilmente.
Batalladora rubia, brillando aquí en la tierra.
Sonrisa-resplandor, luz que ya es puro vuelo.
Vas vistiendo los árboles con luz propia y cercana.
Cabellos: mancha rubia de ese sol que eres tú:
sol brillante y terrestre, dominando en invierno.
Hasta la luz te alzas, luchadora del aire.
En tu puro sol rubio al fin te alcanzas propia.
Alegre luchadora, amarilla terrestre.
Amarillo de invierno, brillas el sol lejano.
Lo combates amante , brillando aquí en la tierra.
Sonrisa-resplandor que en el vuelo te alcanzas.

SANDIAL

Por un hondo camino me aproximo a la historia
que en la honda sandía me sangra frescamente.
Es como hacer alegre calado en la memoria
recordar a mi madre sandía hundidamente.

Y me hundo profuso en la roja sandía,
y a mi madre me encuentro, filial en el regazo,
sentada en el profundo y maduro mediodía:
¡todos en senos sandiales el verano le abrazo!

Bajo el cielo de paja que eleva el rancho de ella,
en aquella sandía la humedad se madura:
ahora siento la tierra húmedamente bella,
ese calor que ha abierto la sandía en frescura

Allá donde camino la memoria me cala,
le pregunto a mi madre cómo se llama ahora,
y entonces desconozco toda la fresca sala,
y escucho que el ramaje rumorea a deshora.

Yo le hago un calado a mi entero verano,
y es caminar por él, y húmedamente tierra
encontrarme a mi madre en el rancho lejano
madurada en frescura que, sandía, ¡se cierra!


en Ocio, Diario de Poesía Santiago de Chile. julio de 1994.Año1 Nº1

LA ABUELA

Se puso tan mañosa al alba fría,
la cerrada de puertas, la absoluta de espaldas,
cosiéndose un pañuelo que nadie conocía.
Se bajó bien los párpados. Con infinita llave
los cerró para siempre. Unos negros marinos
vinieron a embarcarla en una negra nave.
Y la nave, de mástiles de espermas y de velas
de coronas moradas de flores, era el barco
que lleva a extraños puertos a las hondas abuelas.
No hizo caso a nadie: ni a la hija mayor,
ni a su eterno rosario: tan mañosa se puso,
tan abuela recóndita metióse en su labor.
Ni el oleaje de rostros, ni la llántea resaca
pueden ahora atraer su nave hasta esta costa:
¡ni nadie de su extraño pañuelo ahora la saca!

INMÓVIL

Fatiga despuntar un par de pasos:
basta el impulso como heroico avance.
Deslumbra agotador el solar trance
de perseguir las albas, los ocasos.
¿Correré siendo sol por campos rasos,
rayos mis piernas de frugal alcance,
si sangro sombra en vesperal percance,
rotos sanguíneos y solares vasos?
Dios mismo se cansó cuando encendía
su universo, del mundo, que no cesa
de cansarme como a Él lo cansaria
con su fulgor de chispa en cielo presa,
viva en el tiempo enorme todavía,
pronta en el infinito a ser pavesa.

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