ADOLFO MONTIEL BALLESTEROS


Paysandú- Uruguay, 1888 - Montevideo, 1971


EL MATE


(CUENTO)



Nosotros también tuvimos nuestro Adán criollo, a quien Dios, de una costilla le formó una Eva que le presentó como compañera.

Luego de la china (es la mujer del gaucho, nada que ver con la nacionalidad de los descendientes de Mao) le trajo el pingo (es el caballo criollo), para la lidia del trabajo y de la diversión, del paseo o de las carreras.

El pingo no se presta, como la guitarra, que también le regaló, para endulzar los pesares, para ensayar estilos, tristes y vidalitas, donde volcar la poesía de su alma.
Más adelante, para defenderlo de la intemperie, le construyó el rancho, en cuyos horcones se colgaría una rústica cama y en cuyo fogón se asaría el churrasco para alimentarse.
Después le trajo el perro vigilante, y la alondra matinal de la calandria autóctona para, en la aurora, despertarlo con su música desde la enramada.
Y el hombre con todos esos tesoros aún parecía no estar contento y Dios le preguntó: -¿Qué te falta?
Y el paisano le contestó, filosofando: -Todo pasa, tata Dios, menos el dolor…Mi mujer se puede ir con otro; habrá momentos en los cuales no tendré ganas de cantar; cuando sea viejo no montaré el pingo; el hijo hará rancho aparte; se puede alzar el perro; caerse la casa… Y a mí no me restaría un compañero. Un compañero para contarle despacio las penas, las tristezas de la vida; que me haga sentir su caliente mano de varón y que sea callado y fiel… Entonces Dios le regaló el mate amargo.

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