VICTORINO ABENTE Y LAGO

Mugia, La Coruña-España, 1846-Asunción-Paraguay, 1935

LA YERBA MATE
LEYENDA



Al pie de la cordillera

Del fragoroso Amambay,

Qué forma entre el Paraguay

Y el Brasil, alta barrera,

Hubo una tribu guerrera

De famosa valentía,
Que a las otras se imponía
Por su arrojo y su valor,
Siendo también superior
En belleza y gallardía.

Era cacique el osado,
Temido Canindeyú
Que en todo el Mbaracayú
Fue querido y respetado,
Cuando el poder afamado
Del constante jesuita
Con abnegación bendita
Se alzaba en estas regiones,
Para enseñar las lecciones
de la bondad infinita.

Tres misioneros, un día,
Llenos de fe se reunieron,
Y convertir decidieron
La remota toldería,
Teniendo sólo por guía
Su evangélico destino,
Emprendieron el camino
Con el anhelo constante,
De ver un día triunfante
Su propósito divino.

Después de un penoso viaje,
Miserias y sacrificios,
Sin hallar siquiera indicios
De la población salvaje,
Al sorprendente paraje
Llegaron, donde con suma
Violencia, en olas de espuma,
Salta el Paraná, bramando
Turbulento, levantando
Nubes de irisante espuma.

Ante aquel cuadro imponente
Absortos se detuvieron,
Y largo tiempo estuvieron
En actitud reverente,
Viendo aquel caudal ingente
Que con pavoroso estruendo
Se precipita cayendo
Rápido, de salto en salto
Entre rocas de basalto,
Perpetuamente rugiendo.

Y cuando más sorprendidos
Miraban tanta grandeza
Oyeron con extrañeza
Fuertes y agudos silbidos;
Después, como aparecidos
Entre las rocas, se alzaron
Varios indios y avanzaron
Con ademanes guerreros
Hacia los tres misioneros
Que humildes los esperaron.

Con varonil gallardía,
Delante de todos ellos,
Una, de largos cabellos,
India, arrogante venía,
Oráculo y alegría
De aquella tribu guerrera;
Era Guairá, la primera
Entre todas las del valle,
Guairá, la de esbelto talle,
La de hermosa cabellera.

Al ver la humilde postura
De los pobres religiosos,
Los salvajes belicosos
Depusieron su bravura,
Y al mostrarle su figura
En la cruz, del redentor,
Con religioso dolor
Compasivos la miraron
Y en sus almas penetraron
Chispas del divino amor.

Guairá, de aquellos al ver
El estado lastimoso,
Con empeño cariñoso
Les dio un líquido a beber;
Poco después, con placer
su efecto restaurador
Notaron, gozo y vigor
En sus ánimos sintieron,
Y a milagro atribuyeron
La virtud de aquel licor.

Cuando con aquel brebaje
Quedaron azas repuestos
De su fatiga, y dispuestos
Para seguir el viaje,
La hermosa y gentil salvaje,
Delante de ellos marchaba
Con dirección a la taba,
Donde la tribu tenía
su principal toldería,
Y el cacique se encontraba.

Llegaron; la cruz triunfó,
Y cuando dieron la vuelta,
Guairá, cristiana y resuelta
Con ellos también marchó,
Y después les enseñó
A preparar la bebida
Que vigoraba la vida,
Bebida que adquirió fama
Y hoy yerba mate se llama,
Cada vez más requerida.

Publicado en el libro titulado "Rugidos del León",
editado por Zamphiropolos en 1966.


SILOGISMOS

En amores hay dolores
Pues en amar hay pesar,
Y si hay pesar en amar
Son dolores mis amores.

Si sufriendo, estoy queriendo,
Pues quiero, por ser sincero,
Es bien probado, que quiero
Querer estando sufriendo.

Muchos, al amor, gozar
Llaman, porque bien no aman,
Los que bien aman, no llaman,
Dulce gozar, al amor.

La pasión a la razón
Mata, cuando se está amando,
No se puede gozar, cuando
Luchan razón y pasión.

Si hay dolores en amores,
Queriendo se está sufriendo,
Es así que estoy queriendo,
Luego, yo quiero dolores.

FUENTES DE LA VIDA

De la amorosa unión son incitantes
Los pareados cónicos primores
Que la mujer ostenta, fascinantes
Embelesos que atizan los amores.

Venustidad gemínea que conmueve
El corazón del hombre empedernido,
Nectario suculento donde bebe
El niño su licor apetecido.

Forma cuya magnífica turgencia
Fascina con halago peregrino,
Y demuestra a los hombres la potencia
Del poder amoroso femenino.

Mágicas redondeces cuyo encanto
Enardece las llamas del deseo,
Y al hombre más pacífico y más santo
Trastorna con amante devaneo.

Por último diré, que los más bellos
Adornos son de la mujer querida,
Y todos hemos recibido en ellos
El primer alimento de la vida.
Areguá, 1926

Publicado en El Liberal, del 2 de Febrero de 1914

LA MUJER

Cuando en el TODO ingente, de lobreguez cubierto,
Sin forma la materia vagaba en confusión,
Y sobre las tinieblas del hondo desconcierto
Movíase el omnímodo espíritu de Dios;
Con un designio excelso de su saber profundo.
Al contemplar aquella confusa inmensidad,
Vio que era necesaria la formación de un mundo
Que fuese de su gloria maravilloso altar,
De aquel abismo, entonces, surgió fecunda y bella,
Con el sublime FIAT, la enorme creación,
Y como en antro oscuro, fulgor de una centella
La luz en el espacio de súbito brilló.
Y para que con gozo y admiración le nombre,
Y sus preceptos santos procure obedecer,
A semejanza suya, formó de barro al hombre
Y dióle por morada los campos del Edén.

Su obra después contempló
Con divina complacencia,
Y su excelsa inteligencia
Que algo faltaba notó.
Todo era hermoso y fecundo,
Lleno de santa armonía,
Y, no obstante, parecía
Que estaba muy triste el mundo.

Entonces en la idea del ser omnipotente,
Apareció una imagen, corona del Edén;
"Que sea" dijo, y luego bellísima, sonriente,
Para animar al mundo, formó a la mujer.

Asunción, Octubre de 1879

LA SIBILA PARAGUAYA

En solitaria ruina
donde el recuerdo se encierra
de aquella cruenta guerra
que tanto al dolor inclina,
se oyó una voz peregrina
que con dulcísimo acento,
mezcla de triste lamento
y de profético canto,
gozo infundía y quebranto
en un mismo sentimiento:

-"No llores más, Patria mía,
levanta la noble frente
y mira el sol refulgente
de un nuevo y hermoso día.
La densa nube sombría
que un tiempo extendió su velo
de muerte sobre tu suelo
se va fugaz disipando
espacio libre dejando
al resplandor de tu cielo.

Los hechos de alta memoria
que tu gran valor aclama,
los eterniza la fama
en los fastos de la Historia.
Tuya es ¡oh Patria! la gloria
de aquella lucha tremenda
cuando en desigual contienda
el más sublime heroísmo
en aras del patriotismo
te dio su mejor ofrenda.

De luto y sangre cubierto
quedó tu inmenso cariño;
lloró sin padres el niño,
el hogar se vio desierto.
Entonces el hado incierto,
viéndote postrada, inerte,
al azar puso tu suerte
y te anubló de tal modo
que en torno tuyo fue todo
envuelto en sombras de muerte.

Y mientras todo lo acalla
el peso de tanta pena,
dice una voz que resuena
en los campos de batalla:
-Aquí estuvo la muralla
de Curupayty famoso,
donde mostró poderoso
su ardimiento el paraguayo
y envió la gloria un rayo
de su cetro esplendoroso.

Allí Humaitá renombrado
muestra su ruina altiva
como un espectro que aviva
el sufrimiento pasado
Allí el valiente soldado,
de pie sobre la trinchera,
entre la metralla fiera
de su valor hizo alarde,
cayendo muerto más tarde
envuelto con su bandera.

Acullá de Tuyutí
la lucha sangrienta fue,
allí la de Tuyucué,
más allá la de Tayí,
lugar donde al frenesí
alzóse el bélico ardor,
cuando en un leño el valor,
con fiera arrogancia ignota,
abordó la férrea flota
del ejército invasor.

En fin, la lucha fue tanta
que no hay pedazo de tierra
donde la sangrienta guerra
no haya posado su planta,
y encendió la llama santa
del patrio amor tal vehemencia
que en la heroica resistencia,
antes que verla rendida,
se sacrificó la vida
por la sacra independencia.

-Así la fama pregona
con su trompa resonante
tu augusto nombre radiante
volando de zona a zona,
y te ciñe una corona
la diosa de la Victoria
para que diga la Historia
que la paraguaya tierra,
si ha sucumbido en la guerra,
se ha levantado en la gloria.

No llores más, Patria mía,
enjuga el llanto, no llores,
y mira los resplandores
de un nuevo y hermoso día.
La Paz que en grata armonía
alegra y anima el mundo,
sobre tu suelo fecundo
extiende su inmenso manto
y torna en alegre canto
tu sentimiento profundo.

Patria donde soberana
la Naturaleza quiso
colocar el paraíso
de la tierra americana,
voluptuosa sultana
que corona su cabeza
con la tropical belleza
entre dos gigantes ríos,
flores y bosques sombríos,
durmiendo está su grandeza;

Tierra que protege y mima
la providente Natura
con la pompa y galanura
del más benéfico clima,
y en donde el amor se anima
con tiernísima ansiedad
mimado por la beldad,
las virtudes y placeres
que le brindan sus mujeres
de incomparable bondad;

Yo que tu bien vaticino,
en lo futuro te veo
más grande que mi deseo
en el cerro del Destino,
y por radiante camino
marchas ovante y segura
al celo de la ventura
que en el porvenir se expande,
ventura grande, tan grande
como lo fue tu amargura".

Así dijo entre la sombra
de la ruina en que se asila
la paraguaya sibila
que las patrias glorias nombra.
Por la solitaria alfombra
de la arboleda sombría,
como lejana armonía
el eco se fue perdiendo,
dulcemente repitiendo
¡No llores más, Patria mía!

(1885)
(De: Raúl Amaral, Antología.
El romanticismo paraguayo, 1985)

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