SANTIAGO DIMAS ARANDA


Villarrica-Paraguay, 1924



SOMBRAS EN LLAMA


Ven; quiero ver si sientes

el palpitar doliente

de esta secreta hora.
Arboles, césped verde
y un cielo azul. Tu nombre
sonoridad extraña.
En lontananza hay sombras;
detrás, el porvenir…

El mundo, mar ambiguo
que nos ahoga en llantos,
constelará tu vida
de nocturnal congoja,
cuando la tarde llore,
cuando estés sola tú.

Hermosa es la ribera,
donde descansa el sueño.
No pensamos ser dueños
del porvenir. No hay luz.
Tus ojos se abismaron
en mi abismo nocturno;
dos cruces en el mundo;
dos jornadas: Tú y yo. 

(De: Romualdo Alarcón Martínez,
El parnaso guaireño, 1987)


INDIO VIEJO


"Aún hablo del indio
porque el dolor pasado es el dolor de hoy."
Manuel del Cabral

Ya no tu gallardía de vinchas y penachos.
Apenas una sombra cargada de silencio.
Cabellera pardusca, una selva de arrugas
y unos ojos tragados por el hambre.

Sentado allí,
mas no a la vera del carril selvático
y sí, en la vereda de la mendicidad.
Desde hace cinco siglos han venido
despojándote del alma y la esperanza,
matando tus arroyos, tus bosques y tus pájaros,
arrancándote el hábitat, para que el latifundio
imponga en esta tierra su negocio de látigos.

Pero tú no reaccionas,
no manejas la ira vengadora del blanco
ni el gesto mendicante del paria de ciudad.
Sentado allí, sonríes.
Sobre la acera de tu orfandad perpetua,
tu sonrisa es imagen de tristeza ancestral.

Tenías un espacio verde y concreto,
florestas que enraizaban los fueros de tu historia.
Pero el tiempo, el mismo que trajo carabelas,
trajo después talentos con motosierras
y armó a las leyes con metralletas.

Te talaron la voz de tu alegría
y la esbeltez antigua de tu estirpe.
Y te has quedado allí, en la vereda
con tu sombra, tus huesos, tu sonrisa,
espectador del lujo y la fanfarria
y de una suerte de piedad que arroja
dos monedas para el indio viejo
y así mitiga su conciencia impía.

Te miramos y vamos caminando.
¿A quién le importa que hayas sido el único
habitante leal de esta tierra que amamos?

(De: Revista "Debate".
julio-agosto de 1994)


PÁGINA BREVE

Haber nacido en sombras y perseguir una estrella.
Abatir la tiniebla tras la luz que buscamos.
Vivir con quienes nos odian porque no nos comprenden
y a quienes comprendemos y a quienes amamos...

Solitaria existencia entre la multitud.
¿Eres tú,
juventud?
Eres página breve, más final que comienzo.
Eres brisa que dura sólo un soplo y se va.

Multitud ciega y sorda,
¿para quién mi cantar?
¿Vale más mi silencio que mi verdad?

Quién pudiera ser ave
sin maldad,
sin bondad
y en las calles del pueblo
simplemente cantar.

Quién pudiera ser árbol
sin hablar, sin andar
y en la choza más pobre
ser la lumbre
o el pan.

1948 


UN AMOR QUE DESTRUÍ CUANDO NIÑO

Era una alondra
y era otra alondra.
Era la amada
y era el amante.
El tálamo nupcial era un ramaje
donde dos vidas al amor cantaban.

Y los días pasaban.
Ternura y cadencias la fronda mecían.
Yo, un niño, jugaba,
reía, soñaba,
miraba, admiraba tamaña ventura,
altar do Natura
plasmara dos almas
dos dichas con alas
colmando la tibia floresta de arrullos
y de melodías.

Llegada la aurora,
yo estaba en la fronda
donde disfrutaba de agreste caricia.
¡Qué lejos estaban de mí las malicias!
Ingenuos los ojos de la infancia mía,
ingenua la dulce y aromada umbría
que en tierno connubio bendecía la vida.

Feliz primavera.
Felices las flores.
Feliz la alquería.
Yo sólo era un niño, candor y alegría,
pájaro entre pájaros,
florecilla humilde
que entre la arboleda simplemente crece.

Mas, ¡ay, la aventura!
¡La oscura aventura!
¡El ingenio cruel!
Un día malsano
me armé de una honda,
y al nido encantado
macabra pedrada
le arrojé feroz.

Cayó un cuerpecito temblando
y yo,
festejando mi increíble hazaña,
me lancé gritando por aquel sendero
que minutos antes
estaba tan lleno de cantos,
tan lleno de cantos.

Y volví a la tarde.
Visité la fronda.
Visité aquel nido donde hermosa vida
yo mismo aplastara con mano asesina.
Mas, he aquí el asombro:
ya muerta la amada,
un contrito amante cubría a los hijos.
Llamaba, llamaba, llamaba y lloraba...
Verídica lágrima que el pecho calaba
mojaba aquel nido.

Caí de rodillas.
Nublaron mis ojos.
Mis dedos crispados hirieron mi rostro.
Lloré amargamente,
con ese dolor tan puro y profundo
que sólo conocen los niños,
¡oh, Dios!

Corrí por el prado,
por aquel sendero
ahora tan lleno, tan lleno de llanto.
¡Corría espantado de mi propio horror!

1948


MENSAJE

Ya era tarde y partieron mis palomas enfermas
Era invierno en la tierra
No asomaba una flor
Pero a mis pies sangraban pétalos de mi alma
y en mi mente
tu nombre
sin querer floreció.

Una tarde cualquiera
de dolor y de sombras
acallaron mis males
la esperanza nació
y lancé por los aires mis palomas enfermas
mensajeras de amor.

Tenues versos con alas que murieron de sombras
Eran pobres palomas mensajeras
Perdón
Una tarde partieron esperanzas a cuestas
y en los picos
sangrando
te llevaron mi amor.

1948


EL RELOJ DEL NOSOCOMIO

A Sor María Hilda Osuna

Un inconmovible corazón de bronce
late en la penumbra
dividiendo quejas y tribulaciones
en compases leves,
y oculto, insondable,
realiza su rítmica resta,
llevándose insomnios y ensueños
y noches y auroras.

Suspira el silencio. Las cosas adquieren
lúgubre cadencia.
Sobre cada lecho se ha quedado quieta
la voz del dolor.
Dormida, digita la mano del tiempo
su infalible ciencia,
mientras va cumpliéndose sin prisa ni pausa
la ley superior.

Se alza el latido cual salmo tedioso
con afán eterno.
Ya lento, irritante, ya intenso,
se pierde y regresa.
Y sigue la resta implacable en la noche
del gris nosocomio,
para adormecerse cuando ciertos ruidos
anuncian el alba.

En tanto, barbota «las cinco»
el anciano sereno de bronce,
con voz de dolencias, de tedio, de ausencias,
con una voz ronca,
y sigue un tic-tac, tic-tac, tic-tac decadente
y escúchase entonces
confundirse el ritmo porque en la penumbra
transita una monja.

1948


JUVENTUD

Había ya un pedazo de trueno en mi garganta.
En mi cuerpo pequeño,
bajo mi propia sombra,
se agolparon los sueños con sus voces heridas
y pensé que era un hombre
y dejé de ser pájaro.

Luego,
oscuras dolencias tatuaron mi cuerpo,
en mi aurora cantaron doloridas alondras
y fui canto volando
y fui pluma en el viento.

Y pensé que era pájaro
y dejé de ser hombre.

Hombre o pájaro,
entonces,
ave enferma en el alba.
Hombre o pájaro,
entonces, bebí sed de distancias.

Juventud no quedaba.
No quedaban ya cantos.
Sólo truenos y truenos
y una luz de relámpagos.

1950


EL ROSAL

Cuando miré a tus ojos
era tan bello el día,
que olvidé mis heridas
y te invité a soñar.
Y te entregué una rosa
con mi amor, con mi vida;
tú la plantaste, amada,
para tu propio mal.

Eran bellos tus ojos
como el mejor poema.
Tus pupilas herían
como hiere el rosal.
Yo bebí de tus manos
la fragancia primera
sin pensar que lo hacía
para tu propio mal.

Y han llegado las sombras.
La quimera se acaba.
En el huerto del alma
sólo queda el rosal.
Lo plantaste, no en vano.
Floreció de por fuerza,
mas no pudo ser tuyo,
no podrá ser jamás. 

Sin embargo, comprende,
no se ha muerto el encanto
de la flor encarnada,
del perfume fatal.
Yo soñaba una dicha
y aún la sigo soñando.
Sólo tú la has logrado
para tu propio mal.

1950


AÚN SOY YO

A Perla

Era entonces la carne retozando
Aún no había crecido la razón
Era fauno pastando en los rosales
de tus años floridos. Era yo

De que el fuego de tu alma no haya visto
De que sólo en tu cuerpo haya visto amor
De que tu voz quemara mis sentidos
fuimos culpables los dos

La conciencia no nace en el desierto
Tiene vida, es fuerza, es dolor
Es materia lumínea que ha crecido
quemando poco a poco el corazón

Que hoy festeje tu voz con mi silencio
Que a tu belleza prefiera tu razón
sólo es que fauno de tristeza ha muerto
quedé yo solo... pero aún soy yo.

1951


A UN ATARDECER QUE FUE

Y fue la tarde aquella como se van las flores,
como las mariposas lánguidamente van.
Y como la distancia que agranda corazones,
a través de los tiempos, aquella tarde hermosa
más hermosa será.

Oasis de mi vida, juventud de mis sueños,
florecida esperanza, tarde primaveral...
Te cubrirán las sombras con implacable empeño,
pero la dulce herida, roja flor que tú abrieras,
siempre abierta estará.

La vestías de gualda, de sol y de floresta.
Estabas en sus ojos, en su aliento, en su voz.
Eras la madreselva, flor del alma desierta,
el cantar que en su pecho -dulce alondra sedienta-
esa tarde anidó.

Vístela de recuerdos, tardecita de oro,
hoy que todo ha cambiado, hoy que el sueño acabó.
Vístela de fragancias, primavera que añoro,
y que en tardes hermosas, más hermosas quimeras
le recuerden mi amor.

1953


RECUERDO EN GRIS MENOR

A Chiquita

Una lluvia de estrellas.
Era noche de fiesta.
Yo bebía mis ansias
mientras soñabas tú.
Tu recuerdo me trae
vago rumor de orquestas
como sueño llegado
de un lejano Stambult.

Te busqué en los sendales
de mis noches insomnes
y en las huérfanas tardes
de mi invierno interior.
Guardadora de ausencias,
eres cáliz de esperas.
Sólo aquí, dentro el pecho
te proclamo «mi amor».

Yo seré el marinero
que a bogar te enseñara,
que en tus labios prendiera
su fanal de pasión.
Te traerán mis endechas
la caricia esperada.
Desde playas lejanas
no sabrás mi dolor.

Y en las alas del viento,
mi fugaz mensajera,
la bohemia gaviota
de mi mar de ilusión
cruzará raudamente
tu secreta pradera
y sabrás que estoy vivo
y que es tuyo mi amor.

1954

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