JUAN ANTONIO VASCO


San Telmo, Buenos Aires (Argentina), 1924-1984

EN LA CASA DE POSTAS


A Enrique Molina



El pájaro que se quita sus plumas de hierro

para marcar los rostros de las muchachas con un
signo que reluce más allá de los días que
habitamos
esa comedia timidez hecha con restos de faros
marinos
con el alambre del desprecio rizado en menudos
ornamentos
esa presencia de hombre partido en dos
todo junto pulverizado guardado en un puño desde
una noche hasta la otra
bajo la humedad de los besos cuyo sutil vapor
invade las alcobas
una inagotable corriente de caricias
tu presencia exasperada hasta las lágrimas
entre los bambúes que oscilan en el viento
tu presencia exasperada de niño con un ojo saltado
rodando en el polvo como la esmeralda vomitada
por un ajusticiado
Eres el agua negra donde toda blasfemia alcanza
la transparencia del deseo

EPITAFIO DE UN LIMPIO

Quiero dejar escrito
pintado en la pared
todo el bien que me han hecho
los ríos de agua fría
el mar caliente
el sol desnudo
las ciudades con olor a ceniza

Mis amigos
con una bengala en cada mano
para mi
carpintero de la nostalgia
mudo de padre y madre
me daban la bienvenida
y mis mujeres
la vida
en Londres bajo la lluvia
en Caracas bajo el sol

Puedo llorar a mares
me voy porque me voy
no porque quiera
la pasarela del Samborombón
ya no se pasa
y la esquina rosada de Barinas
ya no se cruza
el avión ya no toca en Grano de Oro
el ferry no fondea en Palmarejo
la chalana no amarra en Soledad

Me voy
me llevo todo

Me voy limpio
hablando en español con mi boca de
tierra.

PROHIBIDO PASAR

No se puede pasar por aquí no hay puerta no hay llave
no hay más que la roca y la baba y no hay nada que
hacer
Y no hay más que signos y símbolos y cercos y ceros y
caries y cáscaras y cofres y corchos y curias y
culpas y no hay nada que hacer
no nada que engendre ni para ni ruja ni ría ni mate
ni ordeñe ni trepe a los árboles ni escupa en el
río ni cuelgue el teléfono ni limpie la baba de
no hay nada que hacer
ni los barcos ardiendo de música ni los gallardetes
del sexo ni el jabó de los parques ni la televisión
de la jungla ni la nuca de pelo ni nalgas ni
vértebras ni dos mil millones de cepillos de dientes
no hay nada que hacer
No se puede pasar por aquí ni desnudo ni negro ni occiso
ni arcángel ni a tiros ni fantasma ni enfermo ni
un jueves ni a gatas ni ahora ni nunca ni nadie ni
hay nada que hacer
No nada ni el cuerpo maniatado hasta los ojos podrá
sacar de los bolsillos una gota de sangre para el
peaje ni el alma enredada en sus tripas encuentra
la cédula ni el espíritu con su ojo enrojecido de
luz ni la familia se moverá un centímetro de su
retrato de las Bodas de Oro de la Edad de Oro de
nada de la conquista del espacio para nada de la
civilización occidental para nada de la Producción en
Masa de NO HAY NADA QUE HACER.

PARRANDA Y FUNERAL (fragmento)

Al albañil, al repartidor, al tractorista de Chiriquí,
a la maestra de Aracataca, de Cuzcatlán, de Quilalí,
a los que plantan el henequén, el algodón, el ajonjolí,
al esquilador de Coyaique, al que vende su sangre en Haití,
a los limeños de abajo ‘el puente, a los cariocas favelados, a los villeros de Sarandí,
al trovador de Mayagüez, al pueta de Conchalí,
a los que comen de la olla popular en mi barrio de San Telmo, porque el hambre
ya está aquí.
A los mexicanos que cantan la mañanitas,
a los venezolanos que cantan gavilán pío pío,
a los argentinos que cantan salí lucero salí,
al domador de Tacuarembó, ao pixeiro de Guraparí,
al labriego de Atitlán, al chococué de Ybytymí,
al que ordeña unas cabritas, ñéngere madrugador
las vaquitas son ajenas cantan sus penas, hacen cuajada, queso de tambo, queso llanero, queso de mano, quesillo ‘i cabra, queso ‘e perita y catupirí.
A la dulcera de Vélez, al boyerito de Cebollatí,
al coiguá de Hernandarías, al pastuzo de Pasto,
al cabecita negra de Quimilí,
al que anda por los caseríos, echa mano donde sea,
bebe la caña que hay mientras hay, ésta es
la vida mía velay, chupar y macharse por ahí.

http://nuestrospoetas.telam.com.ar/?p=469


Juan Antonio Vasco nace en noviembre de 1924 en la ciudad de Buenos Aires, donde vive los años de su infancia. En su adolescencia escribe poesía ajustándose a las normas clásicas. Frecuenta a  Baldomero Fernández Moreno en Chascomús, considerándolo su primer maestro.
En 1941 se recibe de Maestro Rural y conoce a  Carlos Latorre, con quien compartirá luego la experiencia surrealista.
Alrededor de 1944 trabaja y estudia Letras, y comienza a publicar sus  poemas: El Ojo de la Cerradura y Cuatro Poemas con Rosas.
Cerca de 1950, Vasco incursiona en la escritura automática. En 1954 publica Cambio de Horario, que ya desde el título indica el cambio de orientación en su poesía. Ese mismo año emigra a Venezuela, donde comienza vendiendo sombreros, para trabajar luego como publicista. Sin embargo, no deja de escribir.
En Venezuela, por la impronta de la geografía del lugar y sus habitantes, su estilo surrealista se aleja del francés para acercarse a su identidad americana.
En 1958 en Venezuela conoce al grupo de la revista Sardio, y luego se une al movimiento surrealista, el Techo de la Ballena.
El libro Destino Común se publica en 1959.
En 1964 Juan Antonio Vasco se reencuentra con Clara Fernández Moreno, a quien conociera en su adolescencia. Se casan en Venezuela. Vasco viaja frecuentemente por motivos laborales de la Empresa McCann Erickson, donde ocupó varios cargos directivos.
En este período tiene dos hijas, Carmen y Clara. Continúa escribiendo y traduciendo poesía. En 1968, la familia vuelve definitivamente a Buenos Aires.
Ya se le habían manifestado a Vasco los primeros síntomas de la esclerosis múltiple.
A medida que la enfermedad avanza, nuestro poeta continúa incansablemente su trabajo. Al punto de que cuando ya no solamente no puede caminar sino tampoco mover los brazos ni las manos, dicta sus palabras a un grabador, mediante un palito que maneja con la boca para apretar las teclas o dar vuelta las páginas de los libros, habiendo contado  siempre con la ayuda de su familia, y la de personas que oficiaron como secretarias.
Además de los poemas publicados en 1982 en Pasen a Ver, y las traducciones (de Cecco Angiolieri, Gottfried Benn, E.E. Cummings), Vasco escribió  un libro de cuentos para niños, Historias del Reino de Pí, publicado en 1976, y el libro El Monigote y Otros Relatos, 1981. También trabaja incesantemente en su largo poema Parranda y Funeral, con un estilo diferente al surrealista, pero conservando una alta sensibilidad por la justicia (o injusticia) social. Luego de muchos años de elaboración y correcciones, es publicado póstumamente por algunas revistas y luego en el libro Parranda y Funeral, en 1992, bajo el cuidado del poeta venezolano Juan Calzadilla, incluyendo aforismos y  poemas inéditos.
El último libro que se publica en vida, en 1984, es Conversación con la Esfinge, estudio sobre la poesía de Octavio Armand.
Apenas cumplidos los sesenta años, Juan Antonio Vasco muere en noviembre de 1984, habiéndose mantenido activo hasta muy pocos meses antes de su fallecimiento.

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