IDA TALAVERA DE FRACHHIA



Asunción-Paraguay, 1913-1993



PADRE NUESTRO


¡Padre nuestro que estás en los cielos!

De rodillas te imploro piedad

por aquellos que marchan gimiendo

bajo el peso de negra orfandad.



Padre nuestro que ves los errores
de los ricos y pobres mendigos,
cuyas almas sin fe tambalean
como secas espigas de trigos.

¡No desoigas mi humilde plegaria!
Tus rebaños están perseguidos
por la loca jauría sangrienta.

¡Mira el caos terrible del mundo!
¡No nos dejes sin luz y perdidos
en su abismo temible y profundo!


INJUSTICIA Y OLVIDO

Labriego de mi tierra, quebracho de la selva,
llora sobre su pecho la guitarra aborigen
como si cada una de sus vibrantes cuerdas
estuviesen ligadas para siempre a su origen.

Ruda expresión humana, angustia sin remedio,
humilde proyección hacia un mañana incierto...
Se desangra su vida copiosa y lentamente
y lo agobia la sed de su propio desierto.

Raíz de llama viva quemándose en la noche
del tiempo, abierto como un grito absoluto
al dolor de vivir que nada justifica
ni compensa. Pasado presente y futuro
amalgamado en un sólo destino,
¡injusticia y olvido!

A DESPECHO DE TODO

Me burlo de mi burda
miserable materia,
de mis pies engrillados:
para mí no hay distancias,
ni camino inhollado...
En mi barca de ensueño
desde niña he viajado.
Tengo alas, son fuertes,
transparentes y blancas.
No me abaten tormentas
m negros huracanes...
¡Ya nada me amedrenta!

Mi espíritu incansable,
errabundo viajero,
ya conoce de todos
los puertos de la vida.
Sabe de lo inefable,
de lo grande y sublime;
ha, apoyado sus sienes
sobre rocas aisladas...
Y en la playa desierta
de los mares brumosos
ha encallado su barca
para soñar a solas.
Y con besos extraños
de dulzura indecible,
lo han besado las olas.

En las noches de estrellas
ha jugado a escondite
con las nubes viajeras.
Es amigo de todas
las aves de la tierra.
El espacio infinito
ha cruzado mil veces
con las alas tendidas,
desplegadas al viento.
Y los astros besaron
Sus pupilas absortas.
Me burlo del éxtasis
horrible de mi vida,
y a despecho de todo,
de lo triste y obscuro,
de todo lo perverso
que germina en el mundo,
me dibujo en mis versos
y me pierdo cantando
en el éter sonoro
como el eco lejano,
sutilísimo y vago,
de campanas de oro...

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