GLORIA FUERTES


Madrid-España,1917 – 1998



CUANDO EL AMOR NO DICE LA ÚNICA PALABRA

Cuando algo nuestro intacto

Se funde y me confunde,

-somos uno en dos partes

Que sufren por su cuenta-,
Desesperadamente algo nuestro se busca
Sin ayuda de nada algo nuestro encuentra.

La unión se realiza,
La ausencia no atormenta,
El dolor se desmaya,
El silencio se expresa,
-cuando el amor no dice
La única palabra
Está escrito el poema-.

Alto y profundo es esto que nos une,
Esto que nos devora y que nos crea;
Ya se puede vivir
Teniendo el alma
Cogida por el alma
Del que esperas;

Pena es tener tan sólo una vida
-sólo una vida es poco
Para esto
De querer sin recompensa-.

CRISTALES DE TU AUSENCIA

Cristales de tu ausencia acribillan mi voz,
Que se esparce en la noche
Por el glacial desierto de mi alcoba.
-Yo quisiera ser ángel y soy loba—
Yo quisiera ser luminosamente tuya
Y soy obscuramente mía.

(De.. Que estás en la tierra)

EN LA AUSENCIA

Estar así y apenas saber nada,
Ignorar cómo sigue la tormenta.
Es lo más parecido a quemarse los brazos,
A no poder parar,
Ahogarse en vilo.
Angustioso embarazo, ¡nueve días! Y no poder
Parar una mirada.

La ausencia mata mucho más que el cáncer
Las cartas se suicidan y no llegan.
Los cuchillos del tiempo cortan cirios,
Te pincha el esperar como una bala.
Se me posa un fantasma en la mejilla
Y miro al calendario como loca.
De nada vale nada. Es un toro.
¡he dicho que la ausencia es un toro
Que te enhebra, y que te va dejando sin saliva!
Llorando en voz alta como una sombra,
Me dirijo a la sombra de la Ausencia,
La desafío, quiero destruirla,
Tengo que devorarla, si no muero.

La Ausencia es una tierra de espinos,
Espinas y serpientes, caracolas
Con arañas gigantes, con ortigas,
La Ausencia es mar de cieno, precipicio,
Es pozo y alacrán, volcán y rayo.
No es buena para nada, te destruye.
Conmigo no vale. Es una ola,
Nado contra corriente, ¡pero nado!
La Ausencia te separa, te reparte,
Te parte por mitad, y te lo quita...
Te lleva al otro ser a la montaña
Y te deja en el valle desmayado.
En la Ausencia se quiere más al otro,
¡pero también se duda y se estremece!,
El esqueleto suena a “no me acuerdo,
¿cómo era su rostro, Dios, cómo era?”.
Se vive sin vivir, flotando siempre,
De su voz sin querer se olvida uno
Y por la noche no nos hace sueño
La Ausencia es parecido a estar colgando
De una viga de pan, de un avispero.
¡La Ausencia no la quiero! ¡No me vale!

Ausencia, grito en flor y llama viva,
Enfermedad mayor de los amantes,
Epidemia de cínifes y grajos,
Muerte que se nos mete y no nos mata.
Cuelgan cartas del lomo que iluminan,
La cueva de la Ausencia está infectada;
¡que se rompe la vena de la tarde!
¡Que ya sangra la noche su tristeza!
¡Que te punzan los ganchos de las horas!
¡Que te queman las brasas de las brisas!
Que la gente es odiosa y es veneno
Todo lo que no sea su mirada.
Su presencia en la ausencia la evocamos,
La soledad se mete por las uñas,
Un diablo rojo baila de contento
Mientras dos en silencio se deslágriman.

Antología de Poesía Amorosa Contemporánea 
Recopilación de Carmen Conde 

Editorial Bruguera, Barcelona, 1969

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