GLADYS CASTELVECCHI


Rocha-Uruguay, 1922-Montevideo, 2008


ACERCA DE


Son lugares comunes que

el lenguaje adquiere hábitos

toma los hábitos

se desprende de los hábitos se deshabita
y co-hábita, siempre,
en especial donde se cruza
de golpe
lo habitual
con lo anidado por pájaros de antaño
que vienen a revolar hogaño.

Allí persisten emplazamientos escondidos
que estallan, arden, parlanchinean
cuando saltan el simulacro
taimado del olvido.

Curiosamente
hay hechos de paciencia pura:
aguardan a que la distracción se aturda de sí misma
y regrese a torear la vigilia
en el campo de ellas,
los fieles cómplices emplazados de presente
los de voz tartamuda
los que nunca en la vida se escabullen
vaya a saber por qué.

Hasta aquí las noticias
-las fidedignas, claro-
acerca / de:

CORRALONES

Pasó la hora perversa de la siesta,
el aire anda más suelto,
la tarde por las cuatro de la tarde
y en el umbral de ladrillos de mi casa
yo espero,
como todos los días.
Desde el centro, desde el lado de la plaza,
sacándole a la vereda con sus tacos
macizos y empinados
un apurado sonsonete de ecos,
ya viene,
como si hubiera para ella
nada más que adelante, Piedra en el cruce

En la esquina del barrio casi a orillas del pueblo,
la piedra blanca (larga como de un metro,
alta como de medio)
era la plaza de los chiquilines;
bienhumorada, noticiosa, noticiera,
íntima,
pechuga de gallina ponedora su curva delantera,
la noche no tenía poderes sobre ella.

La piedra blanca recibía con igual amistad
la lluvia
o los chorritos del niño o del cachorro;
sin discusión la piedra blanca la mejor vecina:
¿cómo podría amanecer sin ella?
Con una piedra chica y dura
cosquillas y risitas le arrancaban
en chisperío los varones, así, como a una niña.

A veces -otras veces-
la piedra blanca veía desfilar gestiones de misterio,
disimulos al desgarbo de la muerte:
carruajes pavonados, caballos lentos
-penachos y jaeces - circunspecto el cochero,
más solemne que todo su sombrero
altamente retinto.

Pero jamás la piedra blanca mencionó a los niños
Arracimados en su lomo boquiabiertos,
más que noticias adecuadas para niños.

Se entiende, entonces,
que antes de ajustar los haberes
o débitos del día
el sol la consultara.


LA PIEDRA BLANCA

Pensada calmamente
-ya un palmo por encima del hallazgo o la búsqueda-
se le escucha el macizo corazón de paciencia
allí,
como un respaldo en la orilla del barrio
(o en el linde del mundo),
allí para que nadie, nunca,
para que nadie nunca se sufra estar tan solo
en la orilla del barrio
o en el linde del mundo.

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