ESTEBAN GRANADO

Burgos-España, 1961


LLÁMALO SUEÑO

Llámalo sueño. Un pájaro en el pecho,

en el lugar del alma una paloma,

en el del corazón sólo un aroma
del olivo a la flor, del suelo al lecho.

Del olivo a la flor, un corto trecho
para el vigor que a tu palabra asoma,
toma la pluma tú y escribe, toma
vuelo en mi frágil voz, suelo en mi techo.

En lugar de un lugar, la nada y nada
más que un sueño en tu ausencia perfumado
iluminando el inmortal vacío.

Una paloma, ¡llámala!, que entrada
la noche y en tu lecho, a tu costado,
su corazón de viento será el mío.

ME MUERO Y SE ME MUEREN LOS POETAS...

Me muero y se me mueren los poetas
del córpore insepulto y el hallazgo.
Me caigo y se me rompe el maestrazgo,
drenado de venablos y saetas.

Me vuelo y se me vuelan las cometas.
Caído, se me rompe el alma, yazgo
-al traste el claroscuro mecenazgo-
sobre el tecnicolor de las violetas.

(Acerca de esta inmensa artesanía:
¡qué fosas oceánicas engullen
las lágrimas rendidas por mis ojos!)

Me hiero y voy sangrando poesía;
mil versos al segundo me rehuyen,
catorce se me abrazan todo rojos.

Menesteroso muero en el olvido
de los pobres poetas sin futuro,
mendigo del arcano claroscuro
que agota en la palabra su sentido.

Se me para el motor del colorido
y en la salud del vil metal me curo
-gris perla, gris ceniza, gris cianuro-
roncando un estertor fortalecido.

(Acerca de esta intensa geometría
contorsionada en ángulos perversos:
¡qué sobrio testamento literario!).

Me hiero y se me escapa la agonía
por los cuatro costados de los versos
que jalonan mi oculto itinerario.

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