CHARLES M. LECONTE DE LISLE



Saint-Paul-Francia, 1818-Voisins-le-Bretonneux, 1894

EL PERFUME IMPERECEDERO


Cuando la flor del sol, la rosa de Labor,
Consu alma olorosa gota tras gota llena
La redoma de arcilla, de cristal o de oro,
Puede verterse toda en la cálida arena.

Los ríos y los mares en vano inundarían
El estrecho santuario en que la tiene encerrada;
Mas al romperse, queda su perfuma divino
Que la arcilla ha dejado por siempre perfumada.

Pues tambiénpor la herida que enmipecho abrió Amor
Tú resbalas lo mismo que un divino licor,
¡oh amor inexplicable, que eres todo mi mal!

Pero sé perdonado, y este daño bendito.
¡Más allá de las horas y del tiempo infinito
Tendrá mi corazón un aroma inmortal!

LA MUERTE DEL SOL

El viento de otoño, los ruidos lejanos de los mares igual,
llena de despedida solemne, de quejas desconocidas,
equilibrio tristemente a lo largo de las avenidas
¡Los macizos pesados enrojecidos de tu sangre, oh sol!

Las hojas en remolinos despega los desnudos;
y vemos oscilar, en un río bermejo,
a las aproximaciones de tarde inclinados al sueño,
de grandes nidos teñidos de púrpura al cabo de las ramas desnudas.

¡Cae, Astro glorioso, fuente y antorcha de día!
Tu gloria en manteles de oro que fluye de tu herida,
Así como de un pecho poderoso cae un amor supremo.

¡Muere pues, renacerás! La esperanza está segura de eso.
Pero quien reanimará la llama y la voz
¿Al corazón quién se estrelló por última vez?

Versión de Charles-Marie Leconte de Lisle

De “Los mejores poetas franceses”
Selección y traducción de Luis Guarner
Editorial Bruguera. Barcelona-España, 1974

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