CESAR ALONSO DE LAS HERAS


Villaralbo,Zamora-España,1913-Asunción-Paraguay, 2004

LA MUERTE DE JESÚS


¡Morir, Jesús! La muerte ha sido atroz pero libera.

. Y ahí estás, envuelto en el sudario de

tu angustia pero con la serenidad en el semblante.

. Yo sé que esta fatiga, esta desgana, no
son la muerte aún, pero cada minuto llega.
. ¡Ah, pueda yo morir en Tu Santa Esperanza,
acantonado no, en el combate!

LA RESURRECCION

No me puedo rendir al cansancio, a la
angustia, a la tumba.
Tú me das la lección en tu cuerpo yacente,
como semilla en tierra:
Tu Pasión y tu muerte, Jesús, no quedan infecundas.
Y mi dolor, al Tuyo unido, sazona lentamente
y la Vida a la vida regenera.

(De: Rosario y Vía Crucis, 1979)

ERA EL ATARDECER

Era el atardecer.
Dulzura, paz, sosiego.
El silencio murmura.
Intimidad.
Fuera, ajetreo.
Así la vida fluye
en amor deseado.

La imagen de ti mismo
se agrande en el espejo,
que ilumina las horas.

Cumplido ya el deseo,
en el atardecer,
si tú conmigo,
quedo.

¡AMAR, A TODOS...!

¡Amar a todos y quedar
tan solo!
Corazón desbordante.
Un pozo
mana a raudales
los tesoros
de amor inagotable
y ardoroso.

Indiferente, y a su vera,
mi desidia
se reseca.
¡Tan distante el deseo,
y el amor tan cerca!

SER TU, SER YO

Ser tú, ser yo
y no saber ya
quién rige los destinos,
el telar del ensueño.
Quedar así transido
en una entrega que me da la vida.
La excitante aventura
por los mares y puertos.
Cada mañana henchida
de velamen de sedas.
Cada mañana
renovados misterios.

VOLVER

(A los amigos paraguayos que están lejos)

HAY que volver, amigo.
No dejes que una noche muy larga te lo impida.
Controla tus luceros.
Cuando sientas que va a caer la tarde
Ponte el hato a las espaldas
y regresa.

Te esperan los lapachos.
Hay uno, siempre -el tuyo-, inflorecido
por tu ausencia.
Te espera el manantial que ha detenido su corriente.
Verás cómo, otra vez, se desparrama.
Verás cómo florece de nuevo
aquel jazmín de tus ensueños.

Hay que volver, amigo.
Hay que volver desde la pena.
Desde la pobre pena agazapada
en la esquina,
para el escalofrío de una inquietud
de la que huyes.

Vive como si no vivieras.
No se enraícen tus entrañas
en el suelo que pisas y no es tuyo.
No es verdad que seamos ciudadanos
de toda la tierra.
Te hicieron la selva y el Chaco.
Te hicieron estos ríos
de tibio caudal como el de las venas.
Te hizo esta tierra roja,
la sangre de la historia de tus padres
soñolienta
en el surco apenas iniciado.

Hay que volver, amigo.
Yo me vuelvo.
Es aquello lo mío. Aquí
sin duda tengo más. Tengo
los lazos de la sangre, el sentimiento,
la cultura de siglos,
y un porvenir que ríe en cada alba.
Pero el hilo sutil de aquella voz,
el cuenco
de un cariño infantil, que añora verte,
el azahar de los naranjos
el sortilegio de algún atardecer
entre las palmas,
el misterio, la angustia y el suspiro,
el dolor y el gozo eviscerante,
eso sólo está allí
y yo no puedo vivir faltándome tanta alma.
Pronto,
antes de que te clave otro lucero.
Hay que volver, amigo.
Allí te espero.
Y allí, cuando te duela todo,
cuando sientas que muerde la malicia,
has de quedarte.

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