BLANCA VARELA


Lima-Perú, 1926 - 2009


ESA FRÍA LUZ DE LA MEMORIA

Es fría la luz de la memoria

lo apenas entrevisto brilla con insistencia

gira buscando el casco de botella

o el charco de lluvia tras cualquier puerta que se abre

está la luna tan grande y plana
tan fuera de lugar como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel endurecido
por el tiempo así cayeron en la mente

formas y colores casualidades azar
que anuda sombras vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones se cuecen gozo
y espanto crece el yeso de un cielo

mil veces lastimado mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir hasta el último aliento
sólo esto eternidad aparente
mísera astilla de luz en la entraña
del animal que apenas estuvo


ASÍ SEA

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,
que fue un día.

Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de fiesta.

Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la claridad total,
el sueño.

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