ANDRÉ DU BOUCHET

París (Francia), 1924-2001

enero 1956 


si te hallaras aquí, te 
besaría.
como si hubiese
en la piedra
los círculos del agua
percutida 
en la mirada blanca de las piedras
el cielo
su frente
en el punto en que fueron 
golpeadas

acometidas
… arrojado — sin ojos — contra el muro de la tierra

cuyas asperezas nos devuelven

la mirada 

… Tierra que nos fue confiada
y de la que estamos separados.
en el mismo aire 
al aire nos sustraemos
… dejo crecer
el vacío
y todo lo que nos separa

tenso el vacío

resuena 

… como si el lejano gusto de la tierra me iluminase.

… soy la piedra
la mano que la lanza
el camino que abre 

de nuevo 











febrero 1956 


… en la noche, como 

si se pudiese hallar un solo punto desierto donde 

detenerse 



un espacio vacío




pero el corazón no se detiene.








julio 1956 



… para desaparecer

en las grietas del viento.

…alrededor de mí me estrello con el muro infinito
… nuestro fin no tiene final
— ahogado en la tierra honda
… que se extinga la tierra — pero que se
obscurezca el aliento que la traspasa, que el lodo
sea nuestro cielo
no hay en mí suficiente distancia que nos
separe para respirar
… para hallar el olvido
calcinante del aire. 




El sol —, como el pájaro

antes de esfumarse, brota una

vez más de la tierra.
el mismo sol — separado
por la tierra 
separado por la sombra
como este sendero penetra
profundamente en la tierra.




…Todo proviene del corazón azul,

— hasta el círculo al pie de la lámpara 




Vemos, incluso en el papel,

el día de la senda rugosa.

… Regreso al día de la
habitación. El sol ausente
me enceguece. 




he llegado

al pie de la tierra

desigual.
... Está aquí. No la inventé yo. La invento,
me destruye. 




... Dos veces vi, en algunos meses,

al resplandor de su belleza

coincidir con
el fin
de la luz — y 
brillar con ella 




... miro, por esta ventana,

los rasgos fríos y

quietos
del motor
... fuera de la luz del día
...quedo abandonado
a esta frente rugosa 
la suavidad de la piel
ha desaparecido. 








agosto 1956 



Me dejaste entrar al fondo 

de tu amor. Entornaste 

el polvo.
Te vi reír en la linde del
polvo — y una nueva
ola te borró.
... La aridez que me conduce a tierras sin agua
— a la fuente.
... La tierra que sacia esta sed
— lejos de nosotros.
... sólo el aliento del horizonte
llegaba hasta nosotros — el
aliento del horizonte que empaña nuestro corazón
y que siega también al día
encarnado. 








septiembre 1956



La felicidad — en una habitación vacía,

— y el paso distante de mi amor

Cerca de mí — y no puedo acercarme.
... como el campo que escogía
en la extensión donde mi vida debía perderse. 
El horizonte desplazado 


... Aún te espero

en el lecho desecado del torrente.


El aire nos golpea 
lejos y aquí.

... al fondo

de este bloque de cielo blanco.
... si yo fuese labor,
por esta ola 
vería, entendería. 


... Mi lecho debería estar abierto —, quedar

deshecho. 
Corté

los paños del viento. 


Eras, entre estos paños

desgarrados, la luz de la mañana que asoma. 


... el lecho adorado 
— lecho de mi furor. 

... El rostro del agua rueda en el lecho desierto. 


Traducción y selección de Iván Salinas. 
Fuente: Periódico de poesía

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