PEDRO BARRANTES CASTRO


Valencia-España, 1850 - Madrid, 1912


EN EL SUEÑO


Por bosques tapizados de verdura
caminamos los tres. Ellas delante:
una, de gloria y de placer radiante,
pictórica de amor y de ternura;

otra, llena de fúnebre amargura,
la palidez del nardo en el semblante,
el dolor en el alma fulgurante,
el desgaire en la blanca vestidura.

«¿Quién sois?» gritó con afán vehemente.
La dulce ninfa de sin par belleza:
«Soy –dice– la Esperanza refulgente.»

Inclinando su pálida cabeza,
la otra responde trabajosamente
con apagada voz: «Soy la Tristeza».

EL MAESTRO DE ESCUELA

Miradle siempre en su modesta estancia,
rodeado de niños inocentes,
con palabras sencillas y elocuentes
las nieblas disipar de la ignorancia.

Vedle con firme y pertinaz constancia
iluminar aquellas pobres gentes,
con sus consejos sabios y prudentes,
amigo inseparable de la infancia.

¡Loor a esa figura venerable,
que consagrando toda su existencia
a infundir el tesoro inapreciable,

de la verdad, la luz y la experiencia
muestra al niño la fuente inagotable
de dignidad y honor, virtud y ciencia.

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