MARIA CEGARRA SALCEDO



Murcia-España, 1903-1993

De "Desvarío y fórmulas"




He sido


una sencilla profesora de química.


En una ciudad luminosa del sureste.


Después de las clases contemplaba el ancho mar.


Los dilatados, infinitos horizontes.


Y los torpedos grises de guerras dormidas.


He quemado mis largas horas en la lumbre


de símbolos y fórmulas. Junto a crisoles


de arcilla al rojo vivo hasta encontrar la plata.


No he descubierto nada.


No tengo ningún premio.


A Congresos no asistí.


Medallas y diplomas


nunca me fueron dados.


Minúscula sapiencia para tan grandes sueños.


Pequeñez agobiante para inquietudes tantas.


Y rebelde ha surgido, como agua en desierto,


el manantial jugoso, intenso, apasionado,


-dulce herencia entrañable- que tiene la riqueza


de llenar de poesía tan honda desolación.


FRAGMENTOS DE POEMAS PARA UN SILENCIO





“Las lágrimas lavan mis ojos.

Borran su contacto con la tierra.

Puedo mirarte sin distancias.

Tenerte fuerte en las pupilas,

Entre limpios celajes.

El tiempo, de silencios cansado.

Tu voz por mi frente palpita.

Yo sola la percibo y entiendo.

A mí sola entrega su secreto.”

“Corrió su nombre entero hacia el cielo de los nombres.

Callar es mi destino.

No puedo nombrarla, no me responde.

Su nombre navega sin eco ni sonrisa,

Palpitando perdido.

Quiero que sean mares, cielos, soles,

Tierra caliente y levantada quienes me lo devuelvan.

Quiero que sea Dios quien abra el cielo de los nombres

y lo deje caer sobre mi frente fría.”



SAETA DEDICADA AL CRISTO DE LOS MINEROS





Dame el marro compañero,

Que tengo que desclavar al Cristo de los Mineros

Y no voy a “relevar”.

No tengo miedo a las minas

Ni le temo a los barrenos

Porque conmigo camina

El Cristo de los Mineros

Sangrando por las espinas.

No necesitas sepulcro,

Que la galería te espera

Con los cirios de pirita

Y el sudario de galena.



Del libro Desvarío y fórmulas





Praderas de números

Vertientes de letras.

Quiero espigar rosas

Y corto símbolos.

Busco el agua

En el cristal y susurro

Y surge la pizarra

Con su negro intenso.

Castigo y consuelo

Debatirse

Entre el no y el sí

De tu mandato;

Entre el sí y el no

De tu misterio.

Y llegar a encontrarse

Palpitando llena de incertidumbres

Y deseos.




DESPUÉS




Me moriré en La Unión junto a las minas,

con un rumor de mar a mi costado,

el cante de mi tierra como rezo,

y el trozo de un amigo por corona.

Tengo miedo que me cubra la tierra.

Pero el amor callado de mi ensueño,

desgarrará la oscuridad silente

alcanzando la luz inconsumible.

Mi mesa con su enredo de cuartillas.

Cartas que no alcanzaron su respuesta.

Un libro abierto, un retrato escondido.

Envuelta en soledad de soledades,

sin que nadie la recoja y la viva,

la emoción de mis versos al olvido.




PRESENCIA DE MIGUEL




Nadie,

-ni antes ni después de ti-

Supo, sabe

Pronunciar mi nombre.

Hacías una creación de la palabra,

Del tono, del sonido, del acento…

Entonces…

Te recuerdo en mi nombre

-aprendido de ti-

Que conmigo inseparable, llevo.

Inconsumible, ingrávido.

Sin muerte y sin dolor.




De "Cada día conmigo"




Hoy, mar.

Te he visto joven y alegre.

Has mojado tiernamente los pies,

de un hombre triste, descalzo,

que paseaba solitario por tu orilla.

Le has regalado una "chapina" blanca,

estriada moneda de tus sueños.

Con una gota de agua dentro,

redonda, transparente,

llena de versos y caminos.

Para la sed de un pétalo perdido,

O el bautismo de una mariposa.

Acaso aparecida lágrima

por las que nunca lloraron.




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Necesito arena.

Un poco nada más.

La que cabe en la palma de la mano.

Pero ha de ser limpia, suave, seca,

sin conocer orillas ni marcas,

ignorando pisadas y desnudos.

Sin voces ni ruidos.

Que no sepa de peces ni de ahogados,

ni del rumor de caracolas.

Sin tortura de ramblas.

Blanca y pura arena, recogida con cuidado.





Sola.



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