LUIS FELIPE VIVANCO


San Lorenzo de El Escorial-España,1907-Madrid, 1975

CÁLIDA VOZ DESPIERTA EN TU DULZURA

Cálida voz despierta en tu dulzura,
tierno temblor en tu quietud florece,
y una experiencia virgen que se ofrece
con el asombro de su nieve pura.
Donde tu cuerpo anuncia sombra oscura
la claridad más viva resplandece,
y su milagro recogido acrece
toda la fe que mi dolor apura.
Porque siempre detrás de tu mirada
reina la sombra, y misteriosa impera
tu altiva convicción de ser amada.
¿Cómo soñar tu gracia verdadera
si estás en mi ilusión acompañada
por una oscuridad que no quisiera?


AUNQUE EL CAMPO ESTÉ LEJOS


Aunque el campo esté lejos,
amor es fuego. El fuego
se enciende por las tardes,
dura toda la noche.
El fuego son imágenes,
silenciosos viajes...
Desde la lluvia oblicua de la acera
miramos las estampas
y pasamos las páginas
del fuego solitario:
sus llamas interiores.
Prontos obedeceres:
las luces que se encienden
en las calles estrechas,
y en los pisos cerrados
las fugas en los juegos
de los niños que han vuelto del colegio.



BALADA DEL CAMINO


He tardado mucho en llegar.
Día tras día iban mis pasos comprendiendo el camino,
unas veces me alejaba de Dios, y otras me acercaba más a él;
a veces me besaban unos labios, y a veces los sentía
muy lejanos de mí y casi muertos en la noche.



He caminado con las estaciones del año,
con los ríos silenciosos y con las estrellas;
he caminado con la tierra de trigo
y con el viento triste de las calles abandonadas
que agitaba sus alas en mi espíritu.



He tardado mucho tiempo en llegar
y muchas ilusiones perdidas como flores de almendro
a largo del sueño mantenido en las horas entreabiertas de estudio.
He tardado muchos días inolvidables,
a veces al borde de un arroyo, a veces al borde de la música,
sintiendo el corazón viajero como las nubes
y la mano dispuesta para apretar el silencio de otra mano.



He caminado la tierra más desnuda,
y los días más claros y más hermosos,
y las noches más altas y transparentes,
a solas con la llanura y con el cielo,
sin desear otra hermosura sino el nombre sereno del Señor,
mientras su voz amiga consolaba mi humana permanencia.



He tardado en llegar, pero no estoy al fin de mi camino.
El tiempo se desnuda de sus galas antiguas en la madurez del corazón,
y quedan sus horas ofrecidas en carne limpia.
He llegado por fin, y está el hogar encendido,
esperando la mirada más lenta de mis ojos,
la mirada que no termine nunca
mientras los árboles renuevan su belleza inmortal y pasajera.



Ya no quiero ser más de lo que soy
porque la luz y la sombra sienten la gratitud nacida de mi palabra,
y el canto que afirmaba mi presencia ideal entre los hombres
desmaya suavemente como si sólo fuera posible la piedad.



De "Baladas interiores" 1941


CANTO DE RESURRECCIÓN


Hoy quiero cantar mi amor sobre todas las cosas
y que mi voz llegue a tu oído con su tristeza verdadera
Hoy quiero decirte lo que soy, para que tú comprendas
la soledad del hombre.
Quiero huir de todas mis palabras antiguas, para volar a ellas.
A través del mar, y de las montañas, y de los días de
ilusión y de encendimiento,
a través del sueño, y del pensamiento, y de los amigos verdaderos,
a través de todo te amo y te llevo en mi corazón con
una llama purísima ensalzada.



Quiero cantar mi amor sobre todas las cosas
porque llevo dentro de mí el dolor de todo lo que he callado
en tu presencia!



Y hoy, Viernes Santo, con los altares desnudos, como torres sin campanas,
con el cuerpo blanco de Cristo muerto y la soledad de María,
con el corazón fortalecido por ese dolor que procede de la esperanza,
hoy quiero que mi voz ahonde en su propia miseria de criatura.
Quiero cantar mi amor con el recuerdo de tu nombre.



Tú sabes que la mano de Dios es un consuelo y que no se puede pedir otro.
Tú sabes que la raíz del hombre está en su clara voluntad divina.
Y yo quiero que la prueba más alta de mi fe preceda a mi canto:
¡Señor, hágase tu Voluntad y no la mía!



En el silencio de la tierra y en el silencio de los cielos
una dulce flor ha nacido para mi locura.
Todo calla, y mi alma aspira el aroma de su viva presencia sensible.
La distancia, y el silencio, y el misterio se encienden,
para que su hermosura se aposente en mis ojos.
Nuestras palabras se juntan en el aire sereno,
nuestros labios se sienten humildes como capullos entreabiertos.
Tú estás a mi lado, y yo siento el principio de tu confianza.
Tú eres una mujer que derramas el llanto sobre el paisaje,
atraes a tu cintura flexible el fino resplandor de la lejanía. 
Y yo soy un hombre que estoy a tu lado,
y pierdo tus sonrisas porque estoy soñando contigo.



Yo me levanto en mí con el nombre del Señor en mis labios,
decidido a estar siempre como al alcance de su voz humana.
Tú eres una criatura nada más, pero tengo fe en ti.
Yo te veo desde la altura de mis días y desde mis ensueños terminados.
Yo quiero levantar sencillamente tu alegría para después residir en ella,
pero pierdo mis ilusiones con la misma ternura, con el mismo 
temblor en el alma.
Ya que no tu alegría levantada por mí, aquí están el temblor y la ternura.
Ya que no tus ojos profundos acariciando mi vida,
aquí está mi voluntad que todo puede quererlo.
¡Mi amor sobre todas las cosas!
Mi amor en las palabras para hablar lentamente contigo,
mi amor en las miradas para ver contigo los árboles y en
ellos la primavera y el otoño,
mi amor en los libros para envolver tu juventud con sus páginas preferidas,
mi amor en las penas para sufrir contigo como dos niños solos,
mi amor en la alegría para ser a tu lado la encarnación del sueño.



Frente a ti he llegado al límite de mí mismo. 
Me conozco en mi oscuridad, me conozco en la pura intensidad de mi anhelo. 
Todo está consumado en mis ojos y en mi sangre. 
Tú estás sola, presidiendo el sereno dolor que reina en mi locura. 
Tú estás en mí como amor: amor preciso, loco, verdadero, triste y desierto.
Mi amor es un desierto que busca su horizonte sencillo
en tu débil voluntad silenciosa.
Mi amor nada te pide, pero atiende al silencio de tu sombra profunda.



Tú profunda, tú incierta y misteriosa.
¿Dónde está nuestra alegría? ¿Dónde está nuestra dicha?
¿Dónde está nuestro gozo?
Mi alegría y mi gozo están en mis ojos cuando te miran y te ven cercana,
y descubren tu abierta intimidad, como la lumbre excelsa de los cielos.



Mañana será día de gloria y de resurrección.
¡Que mi amor resucite en tu pecho dulcísimo!
¡Que tus ojos me miren, renovando la gloria de otros días azules!
¡Mañana, con el aire engalanado! Pero no he de decir siempre: mañana.
¡Que la esperanza se cumpla en la alegría!
¡Que la gloria descienda al corazón!
Un cuerpo luminoso sube a los cielos.
Los hombres estamos obligados a la sangre más alta.
Todo nuestro misterio reside en la luz.
Oh amor, somos criaturas y la luz nos ensalza!
Yo siempre me sentiré unido a ti en la luz!
¡Por encima del aire y del silencio mi amor solo en la luz resucitada!
Mi amor que eres tú, y tu nombre pequeño, preferido en mis labios.
Y tú también llevas la luz en tus ojos, la claridad más sola, el misterio
la gracia de la esposa,
la obediencia en la luz, la mano del Señor, el consuelo perfecto
de su voz humana.



Hoy quiero cantar mi amor que eres tú, y mañana serás
toda la luz del cielo!



De "Cantos de primavera" 1936


CORONA DE ADVIENTO




Viene despacio, caminando a ciegas 

por senderos de sangre, 
por senderos de amor que no interrumpen 
barbechos ni trigales; 



que alargan bajo el viento sus aromas 
silvestres, sus instantes 
recoletos de sol junto a las tapias, 
su blancura en pañales, 



y acuden, sin querer, casi en un vuelo 
legua tras legua, casi 
dejándose ignorar desde el nocturno 
latido que los hace 



tan hondos y tan leves, tan hilillos 
de luz de luna errante, 
tan infancia de luna en cada piedra, 
tan raicillas de árboles. 



Viene a través de un sueño y otro sueño, 
a través de una tarde 
y otra tarde, tranquilas, con el brillo 
del lucero en el aire, 



con el girar pausado de la noria 
repitiendo su frase 
de agua empapada en sombra hacia los labios 
que la huerta entreabre, 



con el durar cobalto de los montes 
apagados y unánimes 
más allá de los visos donde el ángelus 
labriego se deshace. 



Viene apenas rezado y melodioso,
como un manso oleaje
rompiendo hacia la playa que aún no alumbra
su espuma trashumante,



como ingrávida nube cuyos bordes
empiezan a endulzarse
cuando, cerca del alba y sin sonido,
su lluvia lenta cae



sobre el quieto regazo de una yerba
dormida, en que se abren
las húmedas violetas primerizas
de un corazón de madre.



De: Continuación de la vida 

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