EVARISTO SILIÓ


Santa Cruz de Iguña-España,1841-1874

POESÍAS DE SILIÓ 

«Del templo de Magdalo 
Tú á ser la diosa vas, 
Yo velaré á tus ojos 
La oscura eternidad! 


Y así los dos acentos 
Llevados de los vientos 
Nocturnos á la par, 
En la extensión perdidos 
Sonaron confundidos 
De nuevo al espirar: 



«Yo velaré á tus ojos 
La oscura eternidad!» 
¡La luz que tu alma anhela 
Mañana brillará!! 



CUADRO PRIMERO 


Trémulo el sol que declina 
Por el lejano horizonte, 
Se vela tras la neblina 
De la mar occidental, 
La noche avanza y sombrea 
La extensión de Galilea, 
Que aún ve las cumbres del monte 
Y los abismos del val. 



Aún ve el Líbano do al cielo 
Su copa el cedro avecina. 
Los rosales del Carmelo 



Y el palmar de Gelboé, 
Y del aura vespertina 
Movidas al blando halago, 
Las rizas ondas del vago 
Lago de Genessaret. 



......//.........


Mas cierra la noche, y brilla 
Súbito deslumbradora 
Del manso lago á la orilla 
Y en su líquido cristal, 
Una mansión que atesora 
En su fantástico espacio 
La riqueza del palacio 
De una princesa oriental. 



Las áureas telas de Tyro, 
I^a pérsica pedrería. 
Los primores del retiro 
Del más remoto confín 
Muestra allí un salón de rara 
Y seductora armonía, 
Que al regalo se prepara 
De un expléndido festín. 



Ceñida la altiva frente 
De las perlas más preciadas. 
Rica de gala explendente, 
Allí Magdalena está; 
Pero tristes sus miradas 
Por aquella estancia giran, 
En cuyo ambiente se aspiran 
Los aromas de Sabá. 



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Y «vano intento» murmura: 
«Loca esperanza! el encanto 
De mis sueños de ventura 
No cabe en esta región! 
Las horas pasan, y en tanto 
No halla el pensamiento mío 
Con qué llenar el vacío 
Que siento en el corazón! 



Los eternales amores 
Que viven del sentimiento, 
Esos únicos fulgores 
Que lanza la dicha aquí, 
Tal vez por mi mal profundo, 
Pierden su brillo á mi aliento... 
Tal vez no hallaré en el mundo 
Quien me los inspire á mí!... 



¡Ah! ¿por qué así el alma anhela 
La dicha que aquí no alcanza 
Cuando la duda nos vela 
Otra región más allá? 
¿Por qué la incierta esperanza 
Por espacios peregrina 
Que ya la fe no ilumina 
Ni el alma vislumbra ya? 



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¡Si miro la noche oscura 
Del porvenir, sólo miro 
La sombra de la amargura, 
La dicha que anhelo, no!»— 
Aquí del alma doliente 
Lanzó un amargo suspiro, 
Y una lágrima ferviente 
De su pupila brotó! 



—¡Fatal mudanza de vida! 
Clamó á este punto, afligida 
Una anciana servidora 
Que la oía suspirar; 
No busques en Galilea 
La paz que tu alma desea. 
Vuelve á Bethania, Señora, 
Vuelve á tu tranquilo hogar! 



Allí sin desvelo tanto, 
Y libre, gracias al cielo. 
De este profundo quebranto. 
Siempre tranquila te yí; 
Reprime el funesto anhelo 
Que de tu lares te aparta. 
Mira que Lázaro y Marta 
Viven felices allí!» 



..............//............


—«Te engañas, Dina, entre enojos 
Le replicó Magdalena,— . 
La paz que allí ven tus ojos 
No es la dicha que amo yo; 
Vida de encanto más llena 
Busca mi afanoso empeño; 
Pero esa paz que es el sueño 
Del alma rendida, no! 



¡Antes que esa vida inerte, 
Flor sin color ni fragancia, 
Que me depare la suerte 
La del inquieto pesar!» 
Dijo; y cruzando la estancia, 
Su reflejo deslumbrante 
Fijó su vista delante 
De la piedra especular. 



Prendió en la diadema, orlada 
De refulgentes destellos, 
Las hebras de sus cabellos 
Sueltas al aura sutil, 
Ciñó al talle peregrino 
La ancha túnica nevada, 
Y dio al manto purpurino 
La airosa forma gentil. 



.............//..........


Fingió en su semblante el^blando 
Aspecto de la alegría, 
Cerca la corte mirando 
Que á la fiesta convocó, 
Llenó el vecino aposento 
Fantástica melodía, 
Y el plácido arrobamiento 
De la velada empezó! 



..............//..........


Reinaba en la fiesta de un sueño el encanto. 
En ella prestaban al dulce placer 
La altiva fortuna su expléndido manto, 
Su faz la belleza, el genio su canto, 
Su luz el saber. 




El alma hechizada soñaba y sentía 
El hálito á un tiempo del gozo y la paz, 
Que, presa entre tantos placeres, había 
Parado en la estancia la inquieta alegría 
Su vuelo fugaz. 



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Mas fué; la velada gentil desparece 
Nublando en la sombra su vivo explendor 
Las ^alas se ocultan, la luz palidece, 
Y en flébil murmullo se torna y fenece 
Su alegre rumor. 



La extrema armonía que lánguida suena 
Se apaga del triste salón al través, 
Y ausente ya el gozo, sus ámbitos llena 
La pálida y muda visión de la pena 
Que llega después. 



Y allí solitaria y en hondo quebranto, 
Mirando en la mente la dicha que huyó. 
Está Magdalena que, en júbilo tanto. 
Ni un punto del dulce benéfico encanto 
Tranquila gozó. 



La grata lisonja cantando á su oído 
Más honda ha tornado su angustia fat :il; 
Un coro de amantes que lanza al olvido 
Ha visto á su altiva belleza rendido, 
Mas no su ideal. 



7 


Así la alegría de fúlgido vuelo 
Nublada á sus ojos é incierta pasó, 
V así, redoblando su férvido anhelo, 
Pasj la velada feliz, mas su duelo 
Recóndito, no! 



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