ENRIQUE JARDIEL PONCELA

"Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre"
Enrique Jardiel Poncela
Madrid-España, 1901 –1952

RETRATO AL PASTEL (DE HOJALDRE)´

Nací armando el jaleo propio de esas escenas;
Me bautizó la iglesia con arreglo a sus ritos,
Y Aragón y Castilla circulan por mis venas
Convertidos en rojo caldo de eritrocitos.
¿Cuál de las dos regiones pesa en mi corazón?
Es difícil hallar la clave del misterio…
Tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio,
Y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón.
A semejanza de otras diversas criaturas,
Me eduqué en el temor del Dios de las Alturas;
Pero perdí el temo –o la fe- que es lo mismo,
Cuando, en años después, practiqué el alpinismo.
Escribo, porque nunca he encontrado un remedio
Mejor que el escribir para ahuyentar el tedio,
Y en las agudas crisis que jalonan mi vida
Siempre empleé la pluma como un insecticida.
Fuera de las cuartillas, no sé de otro nirvana
No me importa la gloria, esa vil cortesana
Que besa igual a todos: Lindbergh, Charlot, Beethoven…
Y no he ahorrado nunca, pensando en el mañana,
Porque estoy persuadido de que he de morir joven.

NUEVA YORK


Una ciudad con dos ríos.

Chinos, negros y judíos

con idénticos anhelos.

Y millones de habitantes,
pequeños como guisantes,
vistos desde un rascacielos.
En el invierno, un cruel frío
que hace llorar. En estío,
un calor abrasador
que mata al gobernador
–que es siempre un señor con lentes–
y a los doce o trece agentes
que llevaba alrededor.
Soledad entre las gentes.
Comerciantes y clientes.
Un templo junto a un teatro.
Veintitrés o veinticuatro
religiones diferentes.
Agitación. Disparate.
Un anuncio en cada esquina.
“Jazz-band”. Jugo de tomate.
Chicle. “Whisky”. Gasolina.
Circunsición. Periodismo:
diez ediciones diarias,
que anuncian noticias varias
y todas dicen lo mismo.
Parques con una caterva
de amantes sobre la hierba
entre mil ardillas vivas.
Masas con fama de activas,
Pero indolentes y apáticas.
“Estrellas”, actrices, “divas”
y máquinas automáticas.
Oficinas sin tinteros:
con “Kalamazoos”, ficheros,
con nueve timbres por mesa
y con patronos groseros
de cara de aves de presa.
Espectáculos por horas.
“Sandwichs” de pollo y pepino.
Ruido de remachadoras.
Magos y adivinadoras
de la suerte y del destino.
Hombres de un solo perfil,
con la nariz infantil
y los corazones viejos;
el cielo pilla tan lejos,
que nadie mira a lo alto.
Radio. Brigadas de Asalto.
Sed. “Coca-Cola”. Sudor.
Limpiabotas de color.
Cemento. Acero. Basalto.
“Garages” con ascensor.
Prisa. Bolsa. Sobresalto.
Y dólares. Y dolor:
un infinito dolor
corriendo por el asfalto
entre un “Chevrolet” y un “Ford”

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