CAMILO JOSE CELA


Iria Flavia (La Coruña) España, 1916 – Madrid, 2002



POEMA EN FORMA DE MUJER QUE DICEN TEMEROSO, MATUTINO, INÚTIL 


Ese amor que cada mañana canta

y silba, temeroso, matutino, inútil
(también silba)
bajo las húmedas tejas de los más solitarios corazones
-¡Ave María Purísima!-
y rosas son, o escudos, o pajaritas recién paridas,
te aseguro que escupe, amoroso
(también escupe)
en ese pozo en el que la mirada se sobresalta.

Sabes por donde voy:
tan temeroso
tan tarde ya
(también tan sin objeto).
Y amargas o semiamargas voces que todos oyen
llenos de sentimiento,
no han de ser suficientes para convertirme en ese dichoso,
caracol al que renuncio
(también atentamente).

Un ojo por insignia,
un torpe labio,
y ese pez que navega nuestra sangre.
Los signos de oprobio nacen dulces
(también llenos de luz)
y gentiles.

Eran
-me horroriza decirlo-
muchos los años que volqué en la mar
(también como las venas de tu garganta, teñida de un tímido color).

Eran
-¿por qué me lo preguntas?-
dos las delgadas piernas que devoré.
Quisiera peinar fecundos ríos en la barba
(también acariciarlos)
e inmensas cataratas de lágrimas
sin sosiego,
desearía, lleno de ardor, acunar allí mismo donde nadie se atreve a
levantar la vista.

Un muerto es un concreto
(también se ríe)
pensamiento que hace señas al aire.

La mariposa,
aquella mariposa ruin que se nutría de las más privadas
sensaciones,
vuela y revuela sobre los altos campanarios
(también hollados campanarios)
aún sin saber,
como no sabe nadie,
que ese amor que cada día grita
y gime, temeroso, matutino, inútil
(también gime)
bajo las tibias tejas de los corazones,
es un amor digno de toda lástima.

TOISHA V (i) 


Ahora que ya tus ojos son como sal, y fértil

Tu inmensa boca es un volcán difunto.

Ahora que ya los lobos y las piedras,

Tus vestidos pegados cual olvidadas vendas

Y este atroz mineral que extraje de tu pecho,

Son reliquias tan ciertas como antiguos abrazos.

Ahora que tus axilas pueblan de olor el mundo

Donde yo con mi piel de viudo te presiento.

Ahora que tus zapatos, tus sostenes, tu lápiz de labios,

No me dan más que frío al encontrarlos.

Ahora que ya no puedo dormir donde has dormido

Porque mis ojos lloran azufre y yodo ardiendo.

Ahora que ya no puedo ver tu talla desnuda

Porque alambres al rojo se clavan en mi sexo.

Ahora que los domingos, salgo sin rumbo, inmóvil.

Y que tranvías, yeguas, las moradas mujeres ni el consuelo,

Han de torcer mi ruta de novio eternamente.

Ahora que ya conozco lo bastante a los hombres,

Para que no me fíe ni de mi pena misma.

Ahora que los difuntos, en montones austeros,

Son incapaces de hacerme verter lágrimas

Porque mis ojos son de cristal y aluminio.

Ahora que ya me olvido de qué es dormir tranquilo,

E imbéciles amigos pueblan mi soledad de compasiones que no quiero.

Ahora que mis dos manos son totalmente inútiles

Porque en clavos con óxido sólo encuentran tu cuerpo.

Ahora que ya mi boca pudiera cerrarse eternamente,

Porque tus salobres ingles, tus sustanciosos huesos,

Ya ni me pertenecen.

Ahora que ni cuchillos, ni pistolas, ni ojos envenenados,

Me hacen temblar de miedo, porque un solo veneno

Es quien late en mis pulsos.


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