RAYMOND QUENEAU


Le Havre (Seine-Maritime), Francia, 1903 – París, 1976


ENCINA Y PERRO 


NOVELA EN VERSO 
(Fragmentos)

YO nací en El Havre un veintiuno de febrero 
En mil novecientos tres 
Mi madre era mercera y mi padre mercero: 
Se pusieron muy contentos. 
Inexplicablemente conocí la injusticia 
Y una mañana me llevaron 
A casa de una mujer ansiosa y bestial, una nodriza, 
Que me tendió su seno. 
De esta otra leche con dificultad creo 
Que me diera un gran banquete 
Apretando con mis labios una especie de pera, 
Órgano femenino. 

Y cuando llegué a esa edad respetable 
De los veinticinco o veintiséis meses, 
De nuevo con mis padres, me senté a su mesa 
Heredero, hijo y rey 
De un dominio excesivo, 
Donde unos ángeles caídos ceñidos por corsés 
Y unos dolientes diablos 
Arrojaban a la basura pájaros disecados, 
Donde flores de metal, de papel o de tela 
Crecían en los cajones 
En ramilletes ya preparados para adornar sombreros, 
Espectáculo horrible. 
Mi padre despachaba toesas de sedería, 
Toneladas de botones, 
Kilos de cordoncillos y de cintas 
Que se hallaban colocados en anaqueles. 
Algunas muchachas le ayudaban en su sosa tarea 
Cortando retales 
Y subiéndose en la escalera sin ninguna vergüenza 
Enseñaban las enaguas. 
Mi pobre madre tenía un alma musical 
Y tocaba el piano: 
Mientras, se vendían sombreretes y encajes 
Entre el ruido de sus partituras. 
Juana, Enriqueta, Evodia invadían el sótano 
Buscando el petrolín, 
Una especie de arena aceitosa con que se lavaba 
El suelo de la tienda. 
Yo ayudaba a barrer aquella materia infecta, 
Cuando bajaban las persianas, 
Y a caballo sobre un banco gritaba: “Hasta siempre” 
(Comprended: eternidad). 
Así crecía yo entre aquellas señoritas, 
Oliendo su sudor 
Que, fruto del trabajo, perlaba en sus axilas: 
Yo nunca tuve hermana. 
Hijo único, ejemplo del declinar de Francia, 
Chupaba caramelos 
Mientras mis padres con sus prósperas finanzas 
Acumulaban bonos 
De Panamá, del tres por ciento, del empréstito ruso 
Y del Crédito Territorial, 
Preparando graves consecuencias para la URSS 
Y alguna bancarrota. 
Mi primo, de más edad que yo, birlaba de la caja 
Con mi ayuda 
Y entre el personal escogía sus amantes, 
Cosa que yo supe un día 
Cuando, ya púber, me enseñaron la moral 
Y las buenas costumbres; 
Yo siempre respeté esta ley familiar 
Y conocí los prostíbulos. 

Pero debo volver un poco atrás: 
Sigo siendo niño, 
Dibujo con cuidado largos trenes 
Y barcos danzando en medio de grandes olas 
Y vuelos de gaviotas alrededor del faro 
Y castillos cuadrados provistos de sus veletas, 
Y soldados y fortines 
(Testigos indiscutibles de mi militarismo 
-La revancha se aproxima 
Y sólo tengo cinco años), 
Unos monigotes que un prisma 
Bajo mis dedos deshilachaba 
Y que yo reconozco, pero que los demás creen que son
Delgadas arañas. 
En la escuela aprendimos palotes, cifras y letras 
Hurgándose la nariz. 

LA coronación del difunto rey Jorge V 
Fue un acontecimiento: mi padre asistió. 
De Londres trajo soldados de a caballo de las Indias 
(De plomo) y un cigarro largo como un brazo. 

Bastantes calamidades, poco después de esta fiesta, 
Erizaron el cabello de la mayor parte de la gente: 
Robaron la Gioconda, un cuadro maestro, 
El Titanic chocó con un iceberg gigante. 

Unos dibujos mostraron a ilustres millonarios 
Ahogándose en el Atlántico con toda dignidad. 
Después se vieron bandidos armados de revólveres 
Conduciendo por París automóviles robados. 

Así es como se adquiere la afición a los desastres 
Y a los titulares sensacionales de los periódicos. 
Viendo la desgracia dibujada por los astros, 
Se saborea la de los demás como la suya propia. 

Yo cambiaba el sentido de los males inevitables, 
Pues yo amaba mi dolor, pequeño contratiempo. 
De todos los golpes de la suerte supe hacer una fábula.
Lo menos se convierte en lo más: inversión consoladora. 

Los niños tullidos se convertían en saltimbanquis. 
En Roma se apreciaba el gorjeo de los eunucos. 
-Mi padre fue a buscar al banco su dinero 
porque un servio había matado allá lejos al archiduque.

El 129 partió para la gran mentira. 
En la estación vi embarcarse a mi primo. 
A medianoche, para volver, tomamos un coche 
Y en el oscuro vehículo yo gritaba: ¡a Berlín! 

El soldado belga tenía por fusil una tostada 
Y en los puertos normandos reaparecía el inglés. 
Los rusos acudían a Berlín en berlina. 
Se apreciaba muy poco el eclipse de sol. 

El soldado regresó con una herida. 
Un gendarme enfundaba de nuevo las banderas 
(Delicada alusión al desastre). 
Mi familia se marchó en barco a Trouville. 

Un geólogo me regaló una anmonita. 
El tren conducía grupos de refugiados. 
Los prusianos avanzaban prodigiosamente de prisa. 
En Rennes apenas se consideraba uno seguro. 

Pero el milagro esperado vino a liberar Francia, 
Aunque mis queridos padres fuesen muy poco cristianos, 
A continuación de esto, volvimos a tener confianza: 
Y, de común acuerdo, tomamos de nuevo el tren. 

COMO después de dos años escaseara la clientela 
Y la tienda marchaba por sí sola sin el dueño, 
Mi padre me llevaba con él al Gaumont 
A ver multiplicarse las vueltas de manivela. 

Íbamos al Pathé, al Kursaal, donde la multitud gritaba, 
La multitud de marinos y vagabundos del muelle, 
Íbamos al Select donde a veces me dormía 
Cuando solemnemente susurraba un violoncelo. 

Y mientras los ingleses fracasaban en los Dardanelos, 
Mientras los franceses resistían en Verdun, 
Mientras los cosacos aplastados por los Hunos 
Se alejaban temblando de miedo sobre sus monturas, 

Por primera vez vi las ilustres botas 
De Charlot vagabundo, boxeador o noctámbulo, 
Marino, policía, maquinista o ladrón, 
Que aplastaba en la pantalla al asfalto de las callejuelas. 

(Cuando nos hubimos reído de sus cómicas escenas de mímica, 
De la tarta de crema y del bastón encorvado, 
Entonces descubrimos el alma de revolucionario 
Y aplaudimos a aquel espíritu rebelde). 

Mientras unos cow-boys en sus jamelgos 
Guardaban, no sin humor, vacas y terneros, 
Mientras unos bandidos trabajaban cerebralmente 
Robando según los métodos más nuevos, 

Mientras unas putas infieles y hermosas 
Llevaban a la desesperación a los muchachos elegantes, 
Mientras mil desgracias sorprendentes 
Les sucedían a millares de rubias doncellas, 

Mientras en el rostro ciego de la pantalla 
Las olas del océano húmedo se desplegaban, 
Mientras por barriles la sangre humana corría 
Sin teñir la lona blanca de esta vela, 

Yo intentaba volver a ver la imagen palpitante de un niño 
Cuya suerte se mantenía en los días antiguos 
Pero no conseguía nunca remontar el curso 
De un tiempo que dividió la humillante prohibición. 

EL HOMBRE DEL TRANVÍA

ESTE hombre que anda por la noche a lo largo del muelle 
A lo largo del sena entre Asnières y Corbevoie 
Este hombre cuya sombra a cada instante huye 
Sigue su camino derecho y su curvada vía 

A este hombre le duelen los pies – la miseria 
Y el cansancio encorva su espalda 
Este hombre baila en cada uno de sus pasos 
Largos como noches de invierno 

Desde hace una hora el tranvía está detenido 
Este hombre mide los kilómetros 
Por el espesor de sus suelas 
Camina de noche por esta calle 

Su amante una muchacha poco respetable le espera 
Tirada en el arroyo y de crueldad nutrida 
Y su tiempo se mide en su cuarto insaciable 
Que aloja ahora al hombre del tranvía 

Por la mañana con los ojos muy tristes debe huir 
Y volver a tomar el camino hacia el depósito sonoro 
Y mientras la muchacha duerme aún en el catre 
Él suspira qué dulce es sentirse amado. 

UN POEMA ES MUY POCA COSA

UN poema es muy poca cosa 
Apenas algo más que un ciclón en las Antilla 
Que un tifón en el Mar de la China 
Un temblor de tierra en Formosa 

Una inundación del Yang Tse Kiang 
Que ahoga a cien mil chinos de golpe 
Zas 
No eso no da siquiera tema para un poema 
Es muy poca cosa 

Nos divertimos mucho en nuestro pequeño pueblo 
Vamos a edificar una nueva escuela 
Vamos a elegir nuevo alcalde y cambiar los días de mercado 
Estamos en el centro del mundo ahora estamos cerca del río 
…………océano que corroe el horizonte 

Un poema es muy poca cosa.

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