HANNAH SZENES


 (Heroína y poetisa)
Hungría, 1921 – Yugoslavia, 1944

``¡Oh Señor, mi Dios!
Elevo mis plegarias para que
estas cosas nunca se terminen
La arena y el mar
El susurro del mar
El estrépito de los cielos
El rezo de un hombre''.

``Eli Eli, sheló igamer l'olam. Hajol v'haiam. Rishrush shel hamaim. Barak hashamaim. Tfilat 
ha-adam''.

Eili eili, shelo yigamer l'olam Hachol v'hayam, rish-rush shel hamayim, B'rak hashamayim, 
t'filat haadam. . . .

Dios mío, Dios mío,
que no se acabe jamas,
ni la arena del mar
ni el rumor de las aguas
ni los rayos de los cielos
ni la oración del hombre.

DE SU DIARIO……

En fuegos de guerra, en un incendio, en la pira,
entre los tempestuosos días de sangre,
enciendo mi pequeña lámpara,
para buscar, buscar a un hombre.
Las llamas de la pira sofocan mi lámpara,
la luz del fuego ciega mis ojos;
¿cómo podré mirar, ver, conocer, reconocer
a alguien cuando esté a mi lado?

Pon una señal, Dios, ponla en su frente,
para que en el fuego, en el incendio y en la sangre
reconozca el centelleo puro, eterno,
que he buscado: un hombre.

A MI MADRE
¿Dónde aprendiste a borrar las lágrimas?
¿A soportar el dolor en secreto?
Ocultar en tu corazón la queja,
el sufrimiento, el llanto, el tormento...
¡Escucha el viento!
Desgañitado
brama en la garganta, en las montañas.
Mira el mar...
con ira destructora azota los dones de las rocas.

Toda la naturaleza se agita, tiembla

A UN BUEN AMIGO
Fui herida, sí. Sin sentirlo
también yo resulté herida en la batalla.
La flecha estaba afilada por los dos extremos.
Tras ella quedará una cicatriz

A LOS HERMANOS
Si nosotros faltamos
aceptad el yugo,
grande, pesado,
sobre vosotros.
Construid sobre la arena,
bajo el azul
cielo,... todo
de nuevo.

Y sabed que el precio del camino
de la justicia y el valor
no es bajo.

MORIR... 
Morir... joven... morir... No, no quería.
En la época de la entrada de Rusia en la guerra.
Amaba el cálido sol,
la luz, la poesía, el destello de unos ojos,
y no quería destrucción, guerra.
No. No quería.

Pero si hoy se me obligara a vivir
en un baño de sangre, en la terrible destrucción,
diría: -Bendito sea el Señor por el derecho
a vivir; que venga la hora de la muerte
sobre tu tierra, mi país, mi patria.

Tus montañas, Galilea, son como todas.
Amarillo, verde, rocas y prados.
Entre tus laderas, la sombra fugaz.
Pero las montañas... Todavía no es Galilea.

Y también tus terrazas son como todas.
En el seno de su tierra están ocultos los secretos
del pan blanco, de los frutos pródigos.
Pero los campos... Todavía no es Galilea.

También tus hijos son como todas las personas.
Días de esfuerzo, largos, duros.
Cavaron zanjas profundas.

Pero Galilea... No son los hijos.

Sobre las montañas y en el corazón de los hijos
el hechizo de un recuerdo de miles de años.
El que llora en los sonidos de la flauta.
Es Galilea.

UN MOMENTO... 
Entre los miles de años transcurridos
y los que vendrán después de mí
besé, Kinneret, la gloria de tu rostro
en el ardor de los besos de mi juventud.

Me consumí del todo. Tú quedas como antes,
tu rostro es apacible y frío.
Tu cuerpo elástico y suave encuentra reposo
en el brazo cerrado de las montañas.

Seguiré mi camino. Si vuelvo a ti...
No sé cuándo...
El recuerdo del beso de gloria
quemará en mis labios.

A CESAREA
¡Silencio!: cesarán los sonidos,
más allá del mar de arenas.
En la costa cercana,
en la querida costa de oro,
la casa de la patria se insinúa.

Con paso obstinado y alegre
caminaremos entre un pueblo extranjero
sin el sonido de una melodía,
hacia el pasado, el futuro...
Cesarea.

Sólo cuando lleguemos a la ciudad de las espadas,
susurraremos en voz queda unas palabras:
aquí estamos, hemos vuelto.
Y en voz queda responderá el silencio de las piedras:
Dos mil años os hemos esperado.

GINOSAR

Una noche oscura, en campos negros,
se encendieron velas, se extendieron las luces
de la fiesta de la labranza.

Una noche negra, en campos blancos,
se encendieron hogueras, se extendieron las llamas...
de la destrucción del mundo.
En el campo negro
el tractor tocó
la melodía del futuro agitado...

En el campo blanco
gimió el hombre
moribundo.

A LAS MADRES EN LA DIÁSPORA
Uno y dos días, una semana, dos,
un año, muchos... esperando.
Una carta, un verso. Una señal.

Noches sin fin
apilando, coleccionando
imágenes de terror.

Escondiendo en los días
terribles de sangre
una lágrima...

¿Qué podremos responder?
Sólo una mirada, sólo la palabra:
¡madre!

HORA DE UNA HIJA DE LA DIÁSPORA
La hora trepidante, retumba, sacude,
estalla, agita a mi alrededor.
En el hechizo del ritmo
de alegría y tristeza
atrae mi cuerpo y mi corazón.

El pie camina, el hombro tiembla,
el canto se extiende, la canción arde,
baile y poesía,
oración sin palabra
al Dios del futuro, al Dios de la creación

Y de repente...
una imagen revolotea frente a mí.
Mis brazos se sueltan de los de mis compañeros.
Mi corazón se desentiende de la música trepidante.
De cerca y de lejos ella conquista todo mi ser.

Ojos azules, mirada inquisidora,
silencio triste y boca obstinada...
En mí crece el silencio. Me he quedado sola
entre la multitud. Ella... y yo.

SI VINIERAS... 
Si de repente por la calle vinieras hacia mí...
manos en los bolsillos, una sonrisa en los ojos
y el sonido de tus pasos con el ritmo conocido;
me quedaría sorprendida, desconcertada
ante la maravillosa y dulce visión.

Hasta que tu imagen se precipite en lo profundo,
hunde todos los muros, tus dudas, sobre mí;
levanta los brazos, agítalos para que te abrace
con una risa y una lágrima: ¡mi hermano!

SOLEDAD

Si encontrara a un hombre que lo entendiera todo...
sin palabras, sin indagaciones,
sin confesiones ni mentiras,
sin preguntar.

Extendería ante él, como un mantel blanco,
el corazón y el alma,
el oro y el barro,
y él lo entendería con gran comprensión.

Y cuando hubiera rastrillado el corazón,
cuando todo lo hubiera vaciado y entregado,
no sentiría aflicción ni dolor:
sabría que me había enriquecido.

NO ESTÁ SOLA
No estás sola. Aquí está tu mar
que te preguntará con su tierno murmullo
por los sueños de tu camino, por tus deseos

Esperaron tu llegada. Todos esperaron:
la costa, la arena, las rocas, las olas y el mar.
Lo sabían con seguridad: una noche oscura llegarías.

A lo alto, miles de ojos celestiales
entienden a sus dos compañeros
que robaron del mar infinito... una lágrima.

Ha caído una semilla, queda sembrada, una baya amarilla,
no entre las rocas, ni en una terraza en la calle.
Cógela: una capa de tierra negra
para protegerla del calor y de la escarcha.
Una semilla es una vida encerrada en una cáscara.
Desde el secreto infinito, una baya, una gota.
Bajo tierra se comprime, espera una insinuación,
la señal de la primavera, el rayo de luz, el sol,
el día.

COGIMOS FLORES
Cogimos flores en los campos, en las montañas,
respiramos aires nuevos de primavera.
Nos bañamos en el ardor de los rayos de sol
en la patria, en la casa amada.

Marchamos hacia los hermanos en tierra extraña,
bajo el peso del invierno, la oscuridad y la escarcha.
Nuestro corazón traerá la nueva de la primavera,
nuestro idioma alzará el cántico a la luz.

EN LA CÁRCEL
Uno... dos... tres... ocho pasos de largo,
dos de ancho...

La vida se cierne sobre mí como un interrogante.
Uno... dos... tres... Quizá otra semana.
O el fin de mes aún me encuentre aquí.

Pero sobre mi cabeza... la nada.

Ahora, en julio, cumpliría veintitrés años...
Escogí número en un juego arriesgado.
El dado da vueltas. He perdido.

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