MARGHERITA GUIDACCI


Florencia-Italia, 1921 - Roma, 1992





IN SILENZIO

Scrivo parole ogni giorno.
Non so dove arriverò,
scrivendo.
So che potrei tacere.
Colui che sa, non parla.
Muto nel ventre del tempo
dove uomini gridano, anche.
Lo sguardo
basterà per comprendere e dire
quanto la voce non dice.
Sfioro ogni istante, ogni giorno
l'urlo e il tuono. Vivo intorno.
Potrei fermarmi e attendere.
In silenzio.



ANELLI DEL TEMPO


Degli anelli del tempo, che si aggiungono

sempre nuovi, furono alcuni così stretti

che ne ricordo solo l'orrore di soffocare.

In altri, larghi e informi, vagai smarrita
senza un sostegno a cui aggrapparmi. I più,
pallidamente indifferenti, si ammucchiavano
gli uni sugli altri, subito saldandosi
senza nemmeno un segno di sutura.
Solo a pochi e per poco è tollerabile
riandare. Ma almeno questo, l'ultimo,
di cui oggi si chiude il cerchio, resta perfetto
nel mio cuore: cornice d'oro intorno
a uno specchio di gioia. Chiedo solo
di serbar quest'immagine. E che a te
uno stesso fulgore la riveli
e la circondi, allo scadere dell'ora,
nel tuo specchio gemello.



EN SILENCIO


Escribo palabras cada día.

Yo no sé dónde estaré allí,
escrito.
Sé que podría estar en silencio.
El que sabe no habla.
El silencio en el vientre del tiempo
donde los hombres lloran también.
La mirada
lo suficiente como para entender y hablar
Como dice la voz.
Desbordamiento de cada momento, cada día
el ruido y el trueno. Yo vivo ahí.
Podría detenerse y esperar.
En silencio.



ANILLOS DEL TIEMPO


Anillos de tiempo, además de
siempre nuevo, algunos estaban tan apretadas
recordar que sólo el horror de la asfixia.
En otros, grande y sin forma, vagaba perdido
no hay soporte para agarrarse. La mayoría,
pálido indiferente, apilados
el uno del otro, inmediatamente saldandosi
sin ni siquiera una señal de sutura.
Sólo unos pocos y poco es tolerable
volver. Pero, al menos, el, pasado
de que ahora el círculo, sigue siendo perfecto
en mi corazón: el oro marco alrededor
un espejo de la alegría. Sólo me preguntaba
serbar de esta imagen. Y
el mismo brillo que revela la
y rodearse, al final de la hora,
en su doble espejo.

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