JORGE CANESE


Asunción-Paraguay, 1947

CONFIESO QUE HE PECADO



PADRE: he pecado,

he pecado gravemente
contra las leyes de Dios y de los hombres,
he robado a mis vecinos,
les he sacado sus tierras,
les he quitado el pan de la boca
a sus hijos y a sus mujeres encinta.

PADRE: he pecado,
he asesinado a los horneros,
he destruido sus nidos,
he bombardeado canchas de fútbol
y matado innecesariamente
a sus hinchas indefensos.

PADRE: he jugado a tantos
que ya no llevo cuenta,
los he enloquecido poco a poco,
con mucho oficio;
he manchado a sus mujeres
por orden -padre-,
todo ha sido por orden superior.

Bien,
vete en paz, hijo de puta,
ego te absolvo
in nomine patris,
et filii
et spiritus sancti
amen.

(De: Paloma blanca, paloma negra, 1982)


MENTIRAS CONVENCIONALES


Esperaba escribirte mentiras convencionales,

pero me engaño

y mis monolíticos embustes
casi parecen verdades.
Tanto engaño mentiroso,
tantas dudosas mentiras me fueron dando
cierta solidez,
cierto mentiroso oficio.
Y ante este ficticio tribunal imaginario
contemplo la ristra,
la larga serie de collares y caracoles,
mis sólidos bodoques acomodados,
esa mentirosa ruleta en la que siempre
salimos perdedores.
Mis mentiras iniciar el juego de la muerte
y la primera bola es un engaño más
y ya no sé si soy yo mismo o quién es
el que sigue distribuyendo pelotas engañosas
me repienso retrocediendo en la escalera
y son los pasos ciegos: uno, dos
nunca se sabe
quién tiene la pelota,
quién dice las mentiras,
quién se engaña escribiendo cosas.
Alícuota de vino helado en el suburbio,
un cangrejo inerte asoma
entre el pirí de unos recuerdos mal paridos.

(De: Aháta aju, 1984)


PALOMA BLANCA...


PALOMA BLANCA PALOMA NEGRA:

nadie podrá decir que no eres igualmente bella,
igualmente blanca en las alturas,
igualmente negra en los combates.

Las gotas calzarán en el agujero preciso
y un néctar reinventado rebrotará de la hermosura.
Peregrino caminante llego a tu mundo.
Profano ignorante quiero emplear tu lenguaje.

Es otra mano la que empuña mis dedos.

Y conste que no te culpo
porque no supiste ver ni prever las consecuencias:
la desnudez ridícula del primer beso,
el día claro aquel que amaneció lloviendo.

La negra empezó a moverse. A sacudirse suavemente. A temblar. Empezó a correrle la baba por los cuatro costados. Ku-añá. ¡Oh musa de las desviaciones! Repito: yo soy el que soy. El que es. El que siempre fue. El boludo que aunque a veces no es, sigue siendo.

Vellos de serpiente y corazón de buey:
una economía salvaje.

Tanto teatro me confunde. Ya no soy yo -o casi-
y entre sacudidas, turgencias tangenciales y apretones apretados, remonto el infinito una vez más y ya casi es de día-mediodía (medio-zombi), es tiempo de mujer que dice ¡ya! o basta-exagerado: es suficiente.
¿También después?

Casi como decir
que sin quilombo no hay alegría.

(De: Amor puro y sincero, 1995)

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