RICARDO PASEYRÓ


Mercedes-Uruguay, 1925 - París-Francia, 2009



CENESTESIA


Para Juan José y Dolores Amézaga.
Adivino, sin ver, rostros, paisajes.
Escucho lo indecible; mi memoria
guarda el sabor de viajes y otros mundos.
Y siento, sin tocar la piedra viva,
la quemadura del volcán primero.
No hace falta morir para estar lejos.



LOWER GEYSER BASIN


Aguas, en el infierno ahumadas, brotan
echando sobre el circo el ocre, el blanco,
el amarillo, el amaranto, el gris.
La espelunca sombría
deja correr un flujo de esmeralda.
Mientras las ondas del vapor crepitan
monstruos que fueron pinos amenazan
con sus patas de palo y sus muñones.
Todo parece cruel y todo es bello:
¡milagro sin pincel de esta caverna!



SECOYAS


Los gigantes más altos y sensibles
son montañas de nervios; antes fueron
piedras ensimismadas. En sus vetas
los ciclones marinos derramaron
sales, granos, aromas; los volcanes
le dieron fuego a sus raíces, savia
verde a las ramas, oro viejo al tronco.
¡Vivos están los reyes de la Tierra!









LAS CHISPAS


En mis ojos, ocultas
guardé chispas de sol
por ver en la nocturna
profundidad de Dios.
Al mirar los arcanos
reconocí los míos:
los pozos más cerrados
son mis propios abismos.
Retraído en mis sombras
apunto mas no acierto
al blanco donde todas
se cambian en luceros.



DANZARINAS


Consuelo de los ojos, estas luces
–coro de estrellas, soles, universos–
giran cual danzarinas silenciosas.
Y mientras pasan cada vez más lejos
y van abriendo al tiempo lo infinito
anda ciega la Tierra tenebrosa.

VOTO

Huérfano en el jardín de los tormentos
lloro por nada, abrigo la locura,
abrazo los caballos y los robles.
Los instantes disfrazan lo infinito:
¡niebla el pasado y niebla ante los ojos!
Bestia no soy, mas quiero cuando vuelva
no tener corazón ni gastar lágrimas.



ANANKÉ


No conozco las cartas ni el oriente,
ni las puertas del mar, ni los cobijos
donde los trashumantes se guarecen.
Y no me descamino: en cada sitio
está mi traza inscrita antes que llegue.
Como si cuanto emprendo y cuanto vivo
no pudiera salvarme ni perderme.






EL JARDÍN DE CRATHES

El cielo azul hasta la medianoche
tiene el color del mar y de las flores
que llevan su estandarte añil o pálido:
heliotropos y lirios, rodondedros,
campánulas, verónicas, hortensias,
fucsias, miosotis, matalobos, salvias.
Al subir las tinieblas, el jardín
donde fulgían rosas, alhelíes
y amapolas de negro corazón
se repliega y se aduerme: sus perfumes
abrigarán el sueño de los árboles.

10.VII.96


AJEDREZ

Adelanto el trabajo. La casilla
blanca, vacía, libre de rivales,
fuerza mi voluntad, mientras la mente
adivina el engaño, sin salvarlo:
planteado el desafío, la derrota
representa la ley, si mal se juega.
Y es ilusión la suerte. La partida
acaso estaba ya dicha y resuelta
antes de comenzarla. ¿Pierde o gana
quien ignora por qué vino al tablero?

20.VII.96


MOVES

Coreografía de Jerome Robbins
Es movimiento puro. El cuerpo baila,
corre, se pliega, vuela en el silencio.
La gravedad vencida por el salto
deja las manos y los brazos libres
arrebatarle al aire sus dominios.
Las cuadrillas se acercan o se afrontan,
relampaguean, forman rosas verdes,
estatuas negras, árboles que tiemblan:
cada línea se quiebra y reconstruye
la perfección del ademán fugaz.



ESPEJOS


En el celeste cielo
donde se pierde el viento de la tierra;
donde Venus escribe sus recados
con raudas filigranas de diamante;
donde Júpiter pesa,
donde la Cruz del Sur abre los brazos
pero no abraza nada más que estrellas:
allí pongo los ojos fatigados
y entre las luces de la sombra eterna
declino el derrotado pensamiento.

(fragmento de En la alta mar del aire)



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