ISMAEL URDANETA


Los Puertos de Altagracia, Edo Zulia (Venezuela) 1887-Maracaibo, 1928




MI CRISTO

Mi Cristo, no es de marfil
Como el que tenía Amado Nervo;
Ni de oro, como el de algunos
Nuevos ricos.
Ni siquiera es de plata
Montado en ébano.
Mi Cristo es hermano del verdadero
De Judea, porque es humilde
Y pobre. Cualquiera
Podrá adquirir un Cristo igual al mío;
Pero es “mi” Cristo, como el vaso
Pequeño de Musset era “su” vaso.

En lo alto de mi lecho
Abre el perdón de su cruz
Sobre mis amores y mis rencores…
Porque El sabe que, espiritualmente,
Este poeta pecador
Viene del sermón de la Montaña,
Las palabras más bellas
Que ha oído la humanidad
De labios del más sublime de los poetas.

Mi Cristo me acompaña por todas partes,
Cabina de trasatlántico, cuarto de hotel, etcétera.
Con deciros que ha ido conmigo hasta París…
Allá, en la Babilonia letrada,
Perversa y radiante, mi Cristo
En su sitio habitual
Permaneció sin alarmarse…

¿Y por qué se habría inquietado esa vez?
En caso de conciencia o de arte,
¿por ventura soy algún fariseo?
¿Cuándo en la vida,
Mi corazón ha sido un sepulcro blanqueado?
Nunca tendí mi mano leal
“de amigo y de enemigo”
Al crispante bochorno de los treinta
Dineros del soborno de Judas,
Ni mi labio tampoco ha sentido jamás
La flor de lis calcinante
De aquel beso.

Mi Cristo generoso
Sabe todo esto, y por eso es luz
Y perdón a la cabecera de mi lecho.
¡Mi lecho! Tribuna, tálamo, pupitre,
Tapete verde, celda, biblioteca, triclinio…
Si en él yazgo encadenado,
Mi Cristo sabrá por qué…
Y sabrá, asimismo, excusarme
Cuando, apoyado en la almohada,
Imito, a pesar mío, a los patricios
Romanos de la Decadencia.

¿Qué tengo mi fobias tremendas?
Mi Cristo las comprende:
¿a caso no arrojó a latigazos
A los mercaderes que envilecían el templo?
¡En todas partes hay latigazos por dar!

¿Qué, siendo legionario de Francia,
Mate turcos en Los Dardanelos
Y búlgaros en Servia?
Por eso la República del “Tigre”
Me prendió en el pecho una cruz…

De haber vivido en épocas más nobles,
Mi Cristo me habría alcanzado la gloria,
Porque habría perecido en Las Cruzadas
Degollando infieles, bajo los estandartes
Reales de San Luís, el muy glorioso
Santo de los Reyes de Francia.
En todas partes hay “infieles”
-blancos o negros- por matar.
Mi Cristo sabe todo esto…
Por eso me acompaña por doquiera,
Fraternalmente, con su cruz,
Consuelo de la mía…

Regalo del sacerdote benévolo y humano
A quien dedico este poema,
Mi Cristo es de modesto metal
Más duro que el de la plaza
Pública de Sansón.
¡Déjame crecer los cabellos!
¡Impide que me devoren los leones,
Como a Daniel!

No me dejes cortar la cabeza
Como al Bautista
Por una Salomé cualquiera…
Y si aun no me he dado cuenta
De que estoy muerto,
Cristo mío, ordéname como a Lázaro:
¡levántate y anda!

http://poetaszulianos.blogspot.com/2008/03/alejandro-fuenmayor.html

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