ARTURO USLAR PIETRI


Caracas-Venezuela, 1906-2001

FESTÍN DE CEMENTERIO

En este festín de cementerio
que a veces celebro en silencio,
entre túmulos de aire y cipreses de ecos,
se renueva sin cambios
en su escena de sombras.
No hay convidado de piedra,
todos son de grato recuerdo.
El eco de sus voces resuena
con viejos sentidos de palabras.

Ni empieza ni termina el banquete,
está siempre en su presente puro
donde nos encontramos sin preguntas
para volver a oír cosas ya oídas
que ahora significan otras cosas.

La eternidad es esta permanencia
de ayeres sin mañana en la memoria.

UN BANCO EN EL PARQUE


Árboles, bancos y setos de flores,
pálidos matices llenan la hora quieta,
el viento sin prisa y el sol de la tarde
alargan las sombras.
Irrumpe un alboroto de gritos infantiles,
Cruje acompasada la arena bajo el pie.
Extrañas mujeres y hombres sin rumbo
Cruzan los senderos sin mirarse apenas.
Llama una voz lejana, un perro ladra,
En un banco de sombra un viejo se
adormece
Oculto por los pliegos de su diario,
Sordo le llega el eco de las calles,
Pájaros limpios cruzan el espacio.
Qué sueños sueña el hombre solo y
Triste?
Sade, Aretino, Kama Sutra, Ovidio?
El son de una campaña tañe el
Eclesiastés.

ESCRITURAS

Debí darme cuenta que todo estaba escrito,
que entre un viento y un mar de signos iba,
de movientes señales e inscripciones
y que me iba escribiendo, yo en el todo:
una letra, un sonido, una escritura,
en diálogo sin término del mundo.

Qué letra, de que ignoto abecedario
vine a ser, o yo fui con otras voces,
qué eco de otros ecos, qué mensaje
iba escrito en mis pasos y mis ojos,
sin yo saberlo, ni saberlo nadie,
he sido una palabra que se ignora
y me escribe en mi al hombre que voy siendo.

De El hombre que voy siendo

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