RUBÉN C. NAVARRO


Tangancícuaro, Michoacán, México; 1894 - Caborca; 1958

EL CRISTO DE MI CABECERA
 


Cuando estaba solo... solo en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña,
cuya cumbre, ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes... y tocar el cielo;
cuando sollozaba con el desconsuelo
de que mi Pastora - más que nunca huraña-
de mi Amor al grito nada respondía;
cuando muy enfermo de melancolía,
una voz interna siempre me decía
que me moriría
si su almita blanca para mí no fuera,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque me quisiera...!
¡porque me quisiera...!

Cuando nos unimos con eternos lazos
y la pobrecita me tendió sus brazos
y me dio sus besos y alentó mi Fe;
cuando en la capilla de la Virgen Pura
nos bendijo el Cura
y el encanto vino y el dolor se fue...;
cuando me decía,
loca de alegría,
que su vida toda para mí sería...
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque prolongara nuestra Primavera...!
...¡Porque prolongara nuestra Primavera...!
Cuando sin amparo me dejó en la vida
y en el pobre lecho la miré tendida;
cuando até sus manos, que mostraban una
santa y apacible palidez de luna
y corté su hermosa cabellera bruna,
que en el fondo guardo de mi viejo arcón;
cuando, con el alma rota en mil pedazos,
delicadamente la tomé en mis brazos
para colocarla dentro del cajón;
cuando muy enfermo de melancolía,
una voz interna siempre me decía
que ya ¡nada! me consolaría,
¡le rezaba al Cristo de mi cabecera,
porque de mis duelos compasión tuviera...!
...¡porque de mis duelos compasión tuviera...!

Hoy que vivo solo... solo, en mi cabaña,
que construí a la vera de la audaz montaña.
cuya cumbre ha siglos engendró el anhelo
de romper las nubes y besar el cielo;
hoy que por la fuerza del Dolor, vencido,
busco en mi silencio mi rincón de Olvido;
mustias ya las flores de mi Primavera;
triste la Esperanza y el Encanto ido;
rota la Quimera,
muerta la Ilusión...
...¡Ya no rezo al Cristo de mi cabecera...!
¡Ya no rezo al Cristo ... que jamás oyera
los desgarramientos de mi corazón...!

AL CABALLERO DON QUIJOTE 


Señor Don Quijote: ¡Dame tu armadura,
tu lanza y tu escudo, tu fuerza y tu honor!...
Quiero por el mundo pasear mi locura,
mientras la sobrina y el ama y el cura
queman los infolios de andanza y de amor.
Desque tú faltaste, no ha cesado el ruego
de los que padecen injusta opresión...
Desque tú faltaste ¡glorioso Manchego!
¡tras cada soldado se oculta un borrego!
¡tras cada nobleza se oculta un follón!...
En el siglo XX, señor, es un hecho
que estamos a obscuras, pudiendo hcer luz;
que a muchos nos dejan sin pan y sin techo;
¡que en nombre de Temis se viola el derecho
y en nombre de Cristo nos cargan la Cruz!...
Señor: ¡Yo he leído tus mismas lecturas!...
Señor: ¡Yo padezco tus melancolías!...
¡Ya me malfirieron tus malaventuras!....
¡Ya me contagiaron tus hondas locuras!...
¡Ya me enloquecieron tus caballerías!
Yo iré por el mundo, sin abrir los labios,
mas que cuando deba predicar el bien...
Todos tus consejos guardaré, por sabios,
y será mi anhelo desfacer agravios
¡aunque nunca sepa ni en dónde, ni a quien!...
Tendré rocinante y un buen escudero
que conmigo parta ventura y dolor...
velaré mis armas y el señor ventero
podrá, sin reservas, armar caballero,
a quien ha mostrado pujanza y valor...
Al rayar el alba, tomaré el camino,
por el cual acaso tornaré después...
Mediré mis armas con el vizcaíno,
¡y no habrá en mi senda gigante o molino
que ignore que valgo lo menos por tres!...
Sabrá mis fazañas la gentil Señora
Doña Dulcinea de mi corazón...
seréle, mañana, tan fiel como agora,
y arderá mi sangre -castellana y mora-
cuando me bendiga desde su balcón...
A todas las dichas, la dicha prefiero
de ser mitad indio, mitad español;
seguir por mi ruta de buen caballero;
¡y tener la gloria de templar mi acero
en la roja lumbre de un gran horno: El Sol!...
Si es "Barataria" por mí conquistada,
fungirá el buen Sancho de Gobernador...
¡Nada tengo ahora, ni pretendo nada!
Y ansí no diredes: "Alonso Quijada
Cambió por doblones quimeras de amor!..."
Ni en las malandanzas cambiaré mi empeño
de amparar doncellas y vencer el mal...
Nunca, ni por nada, cambiaré mi ensueño;
y en el rocinante y en el clavileño,
iré tras el mismo lejano ideal...
Después... malferido, sin yelmo, sin lanza;
con el desaliento de inútil bregar;
sin ansia de honores, ni honor de alabanza,
volveré al terruño, con una esperanza;
¡Ya nunca en la vida sentir ni pensar!
Cuando por mí venga la muerte, no quiero
marchar conociendo la austera verdad;
que si la locura me armó caballero,
¡Caballero y loco tomaré el sendero
-fatigoso y largo- de la eternidad!...
Al fin otros muchos leerán tus lecturas;
llorarán, acaso, tus melancolías;
y enfermos de todas tus hondas locuras,
irán por el mundo, buscando aventuras,
dignas de tus glorias de caballerías...

Mas... agora, dame, señor, tu nobleza;
tu vieja armadura, tu lanza y tu honor...
Quiero por la vida llevar mi tristeza,
mientras Dulcineas, sollozando, reza
por su caballero... ¡paladín de amor!

¡CARRETERO! 


Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
y, en la cimera de un pino,
¡un pájaro está rimando
el Madrigal de su trino...

-¡Carretero! ¡Carretero,

que vas alegre cantando
por el polvoso camino!
¡Preciso es ir más ligero
que tu ausencia está penando
la chica de tu vecino...!
¿Qué si la vi...? ¿cómo...? ¿cuándo...?
¡Al pasar...! Estaba echando
granos de oro en el molino,
y, por tu ausencia penando,
con los ojos escrutando
la cinta gris del camino...!
Dichoso tú, carretero,
que por más que llegues tarde,
siempre hallarás quien te guarde,
...¡Dichoso tú, carretero...!
¡Yo voy por este camino,
caminando... caminando...
sin saber cómo ni cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...!
Yo no tengo quien me quiera
como a ti... ¡qué triste es eso...!
¡Yo no sé lo que es un beso
de la Novia pasajera,
que se brinda con sonrojos
y que embriaga como el vino,
ni he soñado con la espera
de una linda molinera,
que interroga con los ojos
el misterio del camino...!
¡Yo no sé lo que es un beso...!
-¡Qué triste... qué triste es eso...!

Por el polvoso camino
va la carreta chirriando...
Yo estoy, a solas, pensando,
cómo y cuándo
mitigará mi destino
las penas que voy penando...
...y, en la cimera de un pino,
¡sigue un pájaro rimando
el Verso Azul de su trino!

TORRE DE MARFIL 


Perdí tu amor y tu belleza,
pasó el encanto juvenil,
¡y me quedé con mi tristeza
en esta Torre de Marfil...
Guardan el puente dos leones
desde su altivo pedestal
y la portada seis dragones
y una serpiente colosal...
Con la templanza de los viejos
monjes ascetas, vivo lejos
de lo mundano y de lo vil,
sin más insignia de nobleza,
que mi bandera de Tristeza,
sobre mi Torre de Marfil...

JARDINES DE SILENCIO 


Si te callas y meditas
has de ver que en silencio son las almas infinitas.
Fernández Ardavín.
¡Es inútil que así llames!... No entrarás en mis jardines.
Mercader aventurero que perturbas mi oración;
porque acechan mis leones y vigilan mis mastines,
ovillados junto al muro
del oscuro
portalón...
Busca... busca, peregrino,
¡porque llevas extraviado tu camino!...
Más delante, quizá tenga reservadas el destino,
sensaciones venturosas
y alegrías bulliciosas
para ti...
No interrumpas este sueño de divina poesía...
No preguntes por tu vana, por tu loca juglería,
¡que el silencio y el silencio y el silencio reina aquí...
Cuando tornes de la vida, pecador arrepentido
y aquí busques el remedio milagroso del olvido,
con que puedas , en silencio, tus heridas restañar;
cuando vuelvas con el alma deseosa de ser blanca...
hallarás mi puerta franca
y un refugio donde goces la ventura de pensar...

SILENCIOSAMENTE

Silenciosamente,
voy por la pendiente,
voy por la pendiente de la Eternidad...
Ni cariños traje, ni cariños llevo,
y en mi senda larga, si aprendí algo nuevo,
fue, sin duda alguna, la simplicidad...
Dolorosamente
voy por la pendiente,
con el fardo a cuestas de mi ensoñación,
sin hallar ninguna mariposa errante
que su sed mitigue con la miel fragante
de la rosa abierta de mi corazón.
Fatigosamente
voy por la pendiente,
sin curar la herida que me abrió el dolor...
Ni descanso nunca, ni apresuro el paso...;
porque, al fin, bien pronto llegaré al ocaso,
con la vieja pena de mi viejo amor...
Prematuramente
voy por la pendiente,
con el fardo a cuestas de mi decepción
sin hallar ninguna juvenil terneza
que mitigue un poco la mortal tristeza,
la mortal tristeza de mi corazón...

EL VIEJO ROMANCE 


Era una noche serena,
y era en el mes de las flores...
(Yo no conocía la pena,
porque la vida era buena
y eran buenos los amores..)
... y aquella noche serena,
toda azul y toda plena
de luceros tembladores,
borracho de miel de amores
y en brazos de mi morena,
yo sentí que el alma buena
se me cuajaba de flores,
y que la noche serena
-¡toda azul!- estaba llena
de cantos de ruiseñores...
Estaba la callecita
de su barrio, tan solita
y tan triste, con sus viejas
casonas, de duras rejas
y de portones ferrados
con su luna en los tejados
y con los muros blanqueados;
con su encanto y su misterio
y su paz de cementerio,
y su farol que ilumina
el hidrante de la esquina
de construcción vieja y rara,
que destila sin cesar
un chorrito de agua clara
que no deja de cantar...
Yo, enamorado y sencillo,
con el alma enternecida
rebosante de ilusiones,
junto a la reja florida
tocaba en el organillo
serenatas y canciones
para la novia dormida...
Esa noche, los luceros
brillaban más y mejor;
parecían pebeteros
los jazmineros en flor;
...y yo, sediento de amores,
en brazos de mi morena,
sentí que la vida buena
se me inundaba de flores,
y que mi alma estaba llena
de trinos de ruiseñores...

Hoy... ¡Corazón dolorido!
¡pobre corazón desierto,
aunque parezcas dormido,
yo sé que estás casi muerto...!
Tus ilusiones de ayer,
murieron una por una;
para nunca más volver,
se fue tu buena fortuna;
...¡y hasta la linda mujer
que amaste como a ninguna,
se diluyó con la luna
en aquel amanecer...!
¡Es mejor que no pensemos
en las venturas de ayer...!
...¡Ay, corazón, olvidemos...!
Al fin... ¡qué vamos a hacer...!

RESIGNACIÓN

¡Oh, señor, nada inquiero!...
me resigno y espero,
sin temer que se apague mi estrellita de Fe...
Sabes bien que mi vida de cansancio se agota,
que mi sueño está trunco, que mi dicha está rota,
y jamas de mis labios ha salido un "por qué?...
Ni discuto tus leyes invariables, ni anhelo
desertar de la tierra y en el ansia de un vuelo
traspasar los arcanos y llegar a tu Edén;
pero, a solas me digo, meditando en mi suerte:
¡Debe ser muy callada la mansión de la muerte,
y en el seno del justo, debe estarse tan bien!..."

TU AMOR ES UN MARTIRIO
Por tus manos de cera, por tu frente de lirio,
por tus senos -dos rosas de castilla en botón-,
¡tu amor es un martirio
...y es una tentación!...
Porque tienes los ojos como brasas y tienes
en el alma un perfume y en la boca una flor;
porque sabes lo negro de mis cuitas y vienes
añorando ternezas y olvidando desdenes
a encenderme la sangre con un beso de amor;
porque un día llegaste, de mi pecho al santuario
y rompiste los ídolos y apagaste la luz;
porque luego formaste de mi vida un Calvario,
de mi amor una Cruz;
porque vuelas en torno de mi pena tediosa
y en el muro te clavas de mi vida interior;
porque bebes las mieles que secreta la rosa
de mis íntimos huertos ¡oh fugaz mariposa
de las alas obscuras, que presagias dolor!;
porque, a veces, buscamos el placer escondido
en las noches nupciales de infinita pasión;
porque, a veces, me clavas en la cruz del olvido
y en los dardos de oro que robaste a cupido,
vas mandando tormentos para mi corazón;
Porque anhelo el contacto de tu carne de lirio,
que me ofrece la grata sensación de vivir;
porque sabes, amada, producirme delirio,
¡tu amor es un martirio!
es un dulce martirio... ¡que yo quiero sufrir!...

¡MÍRAME, SULTANA!
Mírame, Sultana,
con tus grandes ojos, que son como un mar!...
Mírame, Sultana!...
Piensa que mañana
ya los dos tendremos la cabeza cana
¡y acaso estaremos hastiado de amar!...
Bésame, Sultana,
con tus labios rojos que huelen a azahar...
¡Bésame, Sultana!...
Piensa que mañana
pasarás las horas junto a la ventana,
con el alma enferma, de tanto esperar!...
¡Sígueme, Sultana,
que a un país de ensueño te voy a llevar¡...
¡Sígueme, Sultana!...
Piensa que mañana
irás arrastrando tu cuerpo de anciana,
sin hallar ninguna juventud lozana,
que te dé su sombra... para descansar!...

EL RETORNO
Mañanita de abril, ¡abre tus rosas!
¡y perfuma tus auras rumorosas!
¡y entona con tus aves tu canción!...
¡Mañanita de abril, tibia y ufana!
¡Entra, llena de sol por mi ventana,
y lléname de luz el corazón!...
¡Que arrullen las palomas en mi alero!
¡Que desate sus trinos el jilguero
madrugador!...
...y en el viejo pilón abandonado,
¡que sacuda sus rosas el granado!
¡y que vuelva a cantar el surtidor!...
Hoy tiene que venir mi compañera
-la que con fe mi corazón espera-
y quiero, mañanita de ilusión,
que al llegar el amor de mis amores,
¡me llenes, con tu sol y con tus flores,
de luz y de perfume el corazón!...

¡NECESITA LLORAR!
A mi cansado amor le faltan alas
para volar...
-Palomita que arrullas en mi alero:
¿se las vas a prestar?..-
A mi marchito amor falta perfume
para poder los sueños aromar...
-Clavelito del huerto:
¿se lo quieres tú dar?-
A mi doliente amor le faltan lágrimas
para llorar...
-¡Dios mío, por piedad! pon en mis ojos
toda el agua del mar!...-

Quiero volar al hueco de sus manos,
-nidos de amor- y en ellas anidar;
abrir mi corazón, como una rosa,
y sus sueños azules aromar;
y tener en mis ojos tantas lágrimas
como gotas la mar,
porque mi amor, para volverse eterno,
...¡necesita llorar!...

LA MUERTE PASA 
La muerte pasa 
frente a mi casa...
Yo la contemplo desde el balcón
y de improviso gritar quisiera:
“¡Venid, Señora, que ya os espera
desde hace siglos, mi corazón!”... 
¡Pero no puedo!... ¡Pero no puedo!...
su veste negra me causa miedo,
sus cuencas frías me dan pavor,
y así razono y así me digo:
“Si hoy es la vida cruel conmigo,
¡quizás mañana será mejor!”... 
Pasó la muerte,
serena y fuerte...
La vi alejarse desde el balcón...
y, aquella tarde sin yo quererlo
sin yo sentirlo, sin yo saberlo,
¡se fue tras ella mi corazón!... 

¡BIENAVENTURADOS!... 
Bienaventurados los hombres que lloran
su desesperanza, su desilusión,
sin que nadie sepa que jamás imploran
de los Cristos mudos que en los templos moran,
¡por las dichas muertas de su corazón!... 
Bienaventurados los que nada inquieren,
los que van marchando de su sino en pos,
los que no maldicen las manos que hieren,
los que no preguntan si después que mueren
¡gozarán la dicha de mirar a Dios!... 
¡Bienaventurados los que no han sentido
la pena infinita de un yugo de amor!...
Bienaventurados los que no han querido
salir de su negro palacio de olvido,
porque en él soportan la vida mejor. 
¡Bienaventurados los que no han probado
la miel de los labios de alguna mujer!...
Bienaventurados los que no han besado
las bocas ardientes, bajo el emparrado
del jardín de sombras... ¡al anochecer!... 
¡Bienaventurados los que no han gemido
al triste recuerdo de un bien que pasó!...
¡Bienaventurados los que no han querido!
¡Bienaventurados!... porque no han sufrido...
porque no han sufrido... ¡lo que sufro yo!...

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