MANUEL PINILLOS


Zaragoza-España,1914-2014



NO SÉ MÁS QUE DECIR TU NOMBRE

A Margarita, cuanto tengo.

Toda mi historia es una larga carta escrita para ti, hacia tu lado.
Toda mi voz un paso enorme y único
tendido a tu regazo duradero y umbroso.
Todo mi corazón se precipita
por un río desnudo que en sangre te pregunta.
Toda mi soledad de ayer
está contando inútilmente su silencio ya ido;
porque tú, ahora, lo haces música mansa que me abraza y me mueve,
que es nuevo cada día -puesto que tú, rumorosa
te rehaces en todo instante, evitando el cansancio posible-.

Yo te escribo incansable para que estés oyéndome y me atiendas.
Algo de tu misterio se comunica a cuanto fundo.
Cuando tú no eres eso que prefiero de tu alma,
te lo arreglo escuchándote en mi anhelo.
Tu ser junto a mi cuerpo compartido,
me lo hace mayor, como un gran mar donde regreso
y en forma de olas nazco.

Si hago poesía con palabras,
la verdadera, la que está al fondo y no se oye,
tú la has llevado hasta mi vida acunándola sobre tus labios.
Cuando no sea más que una piedra
arrojada en el pozo de la arena, tú escucharás
que estoy aún cantando entre tus manos.
Entonces, no estaré yo muerto:
seré la lágrima dulcísima, de seda,
que medirán tus ojos; y volveré en tus párpados
a ser la luz que has derramado, muchas veces,
por mi culpa y tu amor,
queriéndome llevar interminablemente en tu penumbra
más allá del recuerdo y de la vida.

Toda mi voz está lanzada a pronunciarte;
y digo todo lo que sé cuando digo las breves letras de tu nombre,
que borra el mío, aquél tan triste y destrozado
que me pusieron al nacer y tú has hecho de nuevo,
y le diste un sentido distinto, y yo lo quise
bebiéndolo por el camino de tu boca adorable,
que está ofreciéndome su dibujo de párpados y de lluvia.
Tú eres el hilo de existencia, estoy seguro,
que va llevándome a no importa qué sitio, si me oyeras,
si estás oyendo allí que aún te guardo otra vida que en ti escucha;
esa que todavía busca
que me digas lMo eterno que tú sabes.

DAME TU CORAZÓN, AMADA

No te enfurruñes tú porque diga estas cosas.
¡Con tanto pesimismo, con tan larga protesta!
El poeta es así, cree que no ama ni le aman.
Tiene su corazón siempre ya en carne abierta.

Pero a ti sí te amo, y tú me amas, mujer,
criatura apacible que para mí te vuelcas
y me das tu calor hasta quemarme el nombre,
que tiene ya tu olor de llama sangrienta.

¡Tú hueles tanto a herida! Del pecho se te cae
gota a gota la sangre como agua que yo beba,
y tú, como una madre, me la das a beber
igual que si mamase, muy niño, de tu teta.

Yo, huelo a sangre. Es de otra cosa: tenia
el corazón lanceado por la vida y la pena.
Tú llegaste y me diste la mano para dos,
y desde entonces,madre, la vida casi es buena.

Pero, escucha, ¡No oyes ese ruido de horror,
bajo la noche lenta, profundamente lenta?
Tendrás que recubrirme con tu mano otra vez.
Alguien dispara al mundo, y yo muero en la brecha.

Mujer, canción de cuna para mi honda orfandad,
sencillamente dulce como las cosas bellas,
échame el corazón hasta los labios míos:
te besaré otra vez, me tenderé en tu hierba.

¡Qué tierno tu velar, tus manos en mi pecho,
tu latido profundo como la noche quieta!
Dame otra vez en los ojos, que mire mi dolor
sus olas refrescantes, su playa, en la tormenta.

Hay un estruendo allí, sobre la vida rota,
y me duele hasta el nombre, los ojos y la vela.
¡Cántame muy bajito para dormir! tus dedos
pásame por el viento que me golpea de tristeza.

Antología de Poesía Amorosa Contemporánea
Recopilaciónde Carmen Conde
Editorial Bruguera - 1969

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