RAFAEL MÉNDEZ DORICH


Mollendo-Pto.de Arequipa, 1903-Lima-Perú, 1973


ANIMÓSFERA

“Se llega a lo ininteligible por la vía de lo sensible”
Platón

Recién he descubierto
que existe un ámbito brumoso
en el que está encerrada el alma.
Igual a todos los seres
que están circundados
por un halo atmosférico,
hay un misterioso espacio
que rodea el espíritu,
un círculo secreto y luminoso,
una forma indistinta
de la que brotan las ideas;
es la fina cubierta
elemental y básica de la vida
que se llama Animósfera:
clara prisión de los sentidos libérrimos
y trazo rápido del Caos.
¡Oh las cosas que irradian
los fulgurantes pensamientos
asomados al mundo de lo incógnito!
Como fermentos invisibles
se encuentran en continuo movimiento
en una morada inviolable,
en un ambiente singular, fantástico
en el que el hombre se debate,
el hombre siempre obscuro
elemental y trágico.
Y este es el verdadero y único
sentido de la Eternidad:
el cielo y el infierno
caben en esa fórmula hipotética,
en la premonición del infinito,
en el nido ideal de lo perpetuo,
en la inefable y mágica Animósfera....
Estridencias voraces,
chirriantes decibeles procuran rodearla
en vertiginosas avalanchas negras;
los ruidos la torturan y la agostan,
pavorosos temblores la sacuden cruelmente,
olores penetrantes persiguen asfixiarla
y asperezas innobles la marchitan:
¡la envenenan los agrios sabores de la Muerte!
Incontrolables fuerzas de sentimientos antagónicos
perforan la inocencia de su cáliz
y horadan la sublime corola de su esencia;
tortuosas intenciones, deseos insaciables
furtivamente buscan entrada a su portal de encantamiento.
¿Cómo librarlos de la violenta furia colectiva
que nos desgarra y nos destroza?
¿Para qué sirve, entonces
ese arco cerrado y luminoso
en el que está encerrada el alma?
¿Nada gira en el vértice radiante que yo llamo Animósfera?
¿Acaso lo han formado
haces de arcos voltaicos convertidos en ondas
cuya blancura borda las orillas
del redondel maravilloso?
Ardiente signo indescifrable
ese cero lumínico,
¿es bizantina aureola de lo ignoto
o ráfaga de espuma lanzada al Infinito?
¿Es la medalla del espacio
en la puerta redonda de la Nada
o es la forma sin forma del Espíritu?
Los hombres hablan y discuten
con monotonía cotidiana
de las contaminaciones ambientales,
de las encrucijadas sucesivas
en donde acechan viles enemigos
que hieren con perfidia a los mortales;
de las ruines y aviesas emboscadas
que asedian a la vida;
de las volutas ponzoñosas
que la ciudad infestan con gaseosas espirales,
de las emanaciones de lo pútrido,
de los ruidos acerbos que destrozan los nervios;
de parques basurales y de calles letrinas;
de los estercoleros militares,
del torturante hedor de los cuarteles;
de los faros que queman las retinas,
del humo denso y sofocante
que deja estrías negras en los bronquios,
que corrompe los lagos y los ríos
y que está matando al mar;
anuncian la catástrofe biológica
del social cataclismo
y señalan los síntomas de enfermedades incurables
y, en el viejo jardín de la esperanza,
entre tormentas iracundas,
discuten, alienados y tenaces,
de la alquimia mortífera que se incuba en la guerra;
hablan, también, de los trastornos psíquicos,
de las alteraciones hereditarias,
de los contagios físicos, de las tumefacciones
del sufrimiento incontrolable
de la carne que late flagelada
y muestran todo aquello
que descuaja y arranca las raíces corpóreas
del hombre que no puede defenderse
e invocan a sus ídolos
¡por temor a la muerte!
Advierten las terribles olas cíclicas
en cuyo seno caen los hombres agotados
que llegan sin materia, sin sustancia
a la playa final de la tiniebla
Un permanente estado patológico
atrofia el desarrollo de los entes;
hay un clima lloroso de agonía:
es la temperatura que precede a la Muerte.
¡Ay, en esta vorágine
sucumbiremos inexorablemente!
¡El cuerpo irá a la tierra de su origen!
Transido de retoños helados y sombríos
fomentará otras vidas
igualmente fecundas, pero estériles...

¡En la sombra fermentan nuevas sombras!
Pero: ¡qué poco se habla del espíritu
sujeto sin piedad a los martirios
de sentimientos sórdidos y ajenos,
de envidias y calumnias
por gratuitos rivales disparadas
en la masa global con flecha indigna
en fangosas trincheras apostada
lanzando sus centellas y sus rayos:
flechas que van al blanco de la Nada!
¿Qué habrán de conseguir si un halo firme
como castillo indestructible
con almenas de sueños inefables
y puentes levadizos del sentido,
defiende el círculo sagrado,
el recinto sutil de la Animósfera,
hogar iluminado, casa mística
“morada de secretos y misterios
y único reino del espíritu”?
No queda sino un áncora posible:
habrá que hundir el ser en ese círculo
cuyas rizadas rayas multicolores y onduladas
son a manera de arco-iris psíquico
creados por pluviosos elementos
en los absurdos laberintos íntimos.

Salid de los atávicos senderos
de virulencia rígida
que sólo nos conducen al olvido
perpetuo del silencio metafísico;
penetrad en el fondo
de la resplandeciente maravilla;
resistid el asedio de las bestias obscuras;
desterrad a la Muerte y lanzad al espacio
la rueda giratoria del instinto,
el aro de la vida trascendente
y, en gavilla dorada de prodigios
musicales, magníficos
que os guíe suavemente
el resplandor de la Animósfera...

Escucharéis el coro del silencio
y veréis —donde ya no hay lejanías—
destacarse la eterna arquitectura
en los milagros del paisaje:
campanas de la bruma
y agujas de la lluvia
en las iglesias góticas del aire
Entonces, hombre de mañana,
en un mundo pacífico y sereno,
serás inexpugnable y para siempre
volverás a la vida
porque la luz te llevará en su seno
Arteria de horizonte
escanciará en el cáliz de oro
el vino de su fuego consagrado;
alzará su custodia la Animósfera
en el altar del cielo inmaculado
y, en la última cena de la tarde,
yo diré, ante el sagrario del espíritu,
sobre las flores mustias de la carne:
-“Tomad y comed ¡Este es mi cuerpo!”
-“Tomad y bebed ¡Este es mi sangre!”

de Globos cautivos (1973)

PROFUNDO CENTRO

Proclamo la victoria de la noche
y caigo eternamente en lo más hondo;
un Sísifo al revés trepa hacia abajo
y está muy alto, está muy alto, el fondo...
La sombra que se exhala
retozando en la escala de las fibras:
¡Oh la piedra llevar asida al hombro,
ser la piedra uno mismo en la vacío,
descender en espasmos por la médula
hasta el turbio dominio del origen!
¡Prodigio y es azul la llamarada
de la esperanza y no se sabe el nombre,
milagro permanente del destino,
incesante bullir del protoplasma!...
En el opaco coro de la tierra
llamada de la sima
a los desvanecidos minerales,
a la sangre salida de su cauce,
a la raíz que avanza
con pasos paulatinos y escabrosos
por la tiniebla y el silencio...
Anticuerpos de duda
que se forman con átomos de miedo,
escollera de espantos procelosos
en el mar de los íntimos espectros,
monstruos de la temida superficie,
formas acorraladas en el caos
en mágicos colores imprevistos,
percepciones que vienen
y que van más allá de los sentidos;
ruinas yacentes de lo que no ha sido,
fría respiración de las estatuas,
escombros fulminados,
la negación de las figuras,
sustancia de lo abstracto,
imagen del instinto,
en lo encendido, lo apagado,
en lo apagado, lo encendido...
Para la abstrusa inexistencia
son en el mismo signo,
el animal, el árbol y la piedra,
naturaleza virgen
en el profundo centro del espíritu...
Siempre es lo mismo el fondo que la altura,
siempre es el mismo centro:
en el fondo, en el centro y en la altura
siempre estará la zarza ardiendo:
la Eternidad no tiene matemáticas,
la Harmonía camina por el centro...
Bandera de pirata
y abordaje del tálamo perpetuo:
la cal humilde de la propia esencia
el cráneo carcelero y el fémur trashumante,
el tórax galeote y el húmedo flamígero...
—Del peor cataclismo
moldes de libertad al maniquí de la justicia—
Ficción o hechicería,
pétalos de recóndita mandrágora,
en lo perdido, lo encontrado,
en lo encontrado, lo perdido...
Para el poema inverosímil
escrito con un dedo sobre el polvo,
risa de fuego, llanto de ceniza
donde hay alguna fórmula abolida
angelical o demoníaca,
en lo extinguido, lo creado,
en lo creado, lo extinguido.
Limbo de sentimientos clausurados,
la insólita llamada de las cosas
en la marchita Rosa de los Vientos,
el aleteo de la sombra,
el nacimiento de la estrella,
el eco de los gritos contenidos,
el caer de las hojas en el otoño del sueño,
el choque de las miradas en el espacio,
el vuelo de la paloma del Arco-Iris,
las cósmicas semillas invisibles
al borde de los ruidos metafísicos.
El abrir y cerrarse de los párpados,
la esgrima de las ideas,
los temblores velados de la luz,
el viaje de las cartas que no llegaron a escribirse,
las últimas señales de las despedidas
el entrechocar de las evocaciones,
el rumor de las lágrimas,
el nacer y el morir...
Espiral penetrante
en resorte de círculos concéntricos
las promesas no dichas
en los amores escondidos.
Nidadas de fantasmas que atraviesan
los pasadizos trémulos del ritmo,
el triunfo de los deseos,
en las sinuosas líneas de la suerte:
¡la inefable caída de los ídolos!
Al girar de los sueños infinito
las torres abismales
erguidas hacia adentro;
los portavoces del silencio
donde no hay horizontes,
donde no hay dimensiones,
donde la soledad es absoluta.
A innumerables pozos asomado
quien se encuentra a sí mismo, está perdido.
Espacio acabado, tiempo vencido
en los recuerdos olvidado
y recordado en el olvido...
..........................................................
¡Que cada cual penetre en sus angustias,
que cada cual a su dolor se incline,
que cada cual exprima sus racimos!
¡Que cada cual tome su luz y sígame!...

PABLO PICASSO

Cae lepra de agua
Sobre los racimos grises
que recorren las arañas volátiles.
Las falenas dilatan el aire con los ojos
Plumas brotan del reverso de las flechas heridas
La tortuga de vidrio del discóbolo
Injertada en pestañas de hueso irremediable
crece en la verde boca que pastorea el puñal
Estrepitosamente tibio de ondular a los gorriones
Se descubren impactos microscópicos
Desapercibidos y cercanos idénticos a la voz
De la cebra enfundada en la escala de los bolsillos
Tras la rejilla de miel que picotea la caricia
En el vertiginoso desamparo de un caimán en reposo
Se alcanza a oír la costra del mapa desgarrado
Todos los picos serán curvos hasta la palma de los ojos
Que arranca los vaivenes del muslo evaporado
Abierto como una daga
Sobre los poros negros de la estrella
Que suda en los cabellos fatigados del mármol
Lívidos garfios de púrpura que fermentan en el índice
Del mundo al sacudir los escombros de desesperación
Tierna pastilla de carne que trasplantan los pájaros
Se asoman en la nieve ventanas de animales.

de Profundo centro (1972)

CÉSAR MORO

Con mudable galope
desde el ángulo facial de los pies poblados de cejas
variante despejada doble nariz cruzada a la rodilla
en el cinturón de una flor aletea un platillo
en los hombros con raíces de algas
sobrenada un mar inmediatamente dormido
relincha un hipocampo por el cactus restaurado
la lengua de un botín en la corbata fotografiada
dos botones muy claros en el botín muy claro
al correrse de hilachas las medias del establo.
Si damos crédito
al rinoceronte generoso y académico
se tratará de una maniaca gelatina.
Se puede ver cómo una medusa logró amarrar el agua
pero es un gusano desbocado bajo la lluvia
hasta la mujer recortada
que se baraja dando las espaldas
a un mar que brota de la cámara obscura.
Servirá postre de frutas en el verdadero desnudo
desde un canasto de moras, pepinos y fresas
chapoteando hasta que todas las palabras
sean un mismo sonido
quién habrá puesto una cabeza de cuero
tan bien horneada al parecer en el paisaje
que no podrá César
cae a medio caer una hoja que ya no cae
con las raíces de yuyo
los traspuntes de un maíz elegancia
en un bosque cualquier estrella sobre la nuca
eco poderoso de un horno
de un grito lanzado debajo del agua
ave foxtrot romano vamos a bailar
escoja su pareja colgada en aquella pared
se podría remover la cadena de la marea
con un mondadientes
ya lo conoce
como si nunca le hubiera estrechado los dientes
le mira correr por el salón como un condenado
se ha devorado la cancha ha soplado la cancha
no ha confundido la cancha el tiempo es variado.

1934
de Cantos rodados (1968)

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